martes, 07 diciembre 2021
06:00
, última actualización

Ingredientes para cocinar una ópera

26 nov 2017 / 07:00 h - Actualizado: 25 nov 2017 / 19:15 h.
"Ópera","Conciertos","Buenos tiempos para la lírica"
  • El Coro de Amigos del Teatro de la Maestranza, dirigido desde el piano por Íñigo Sampil, durante un momento de los ensayos previos esta semana de ‘La hija del regimiento’. / Reportaje gráfico: Manuel Gómez
    El Coro de Amigos del Teatro de la Maestranza, dirigido desde el piano por Íñigo Sampil, durante un momento de los ensayos previos esta semana de ‘La hija del regimiento’. / Reportaje gráfico: Manuel Gómez
  • Ingredientes para cocinar una ópera
  • Ingredientes para cocinar una ópera
  • Cualquier pasillo del Maestranza es bueno para ultimar detalles antes del ensayo.
    Cualquier pasillo del Maestranza es bueno para ultimar detalles antes del ensayo.
  • Ingredientes para cocinar una ópera

Estos días buena parte del público que acudirá al Teatro de la Maestranza lo hará para disfrutar con la ópera La fille du régiment (La hija del regimiento), de Gaetano Donizetti. Mientras contempla desde sus asientos la puesta en escena que Laurent Pelly concibió para el Liceo y que han visto ya audiencias de Nueva York, Londres y Viena aguardarán con emoción el momento en el que el tenor John Osborn se tendrá que enfrentar a la temible aria Ah! mes amis, conocida como el aria del Do de pecho, por obligar al cantante a enfrentarse a la nota más alta de su tesitura. Puro espectáculo.

Cuando eso suceda habrán quedado atrás semanas de preparación. Si la ópera es el mayor espectáculo del mundo –porque sí, le llevamos la contraria al circo– cocinar cualquier título lírico es también uno de los empeños más costosos y complejos que se pueden imaginar en la trastienda de un escenario. Un engranaje en el que intervienen cientos de personas y en el que no puede fallar ninguna pieza, por pequeña que sea.

Empezando por quien ostenta la batuta. Que en estas funciones es Santiago Serrate, quien tras años trabajando en el Maestranza, se enfrenta a su mayor reto artístico, cuatro funciones de una ópera de repertorio. «Tengo una gran afinidad con este título, es una ópera que huele a Rossini, con un melodismo de primer nivel», defiende. Y con unas dificultades también de primera línea: «La orquesta –la ROSS– debe sonar sutil y brillante a la vez. Hay que buscar la ligereza porque los cantantes tienen aquí una importancia capital, pero tampoco podemos permitirnos ser banales en lo instrumental», explica en su camerino, con su voz de repente trenzada con la que suena por megafonía y que lo convoca al podio para dirigir uno de los ensayos pregenerales. La directora de relaciones externas del Maestranza, Rocío Castro, también aborta la conversación. Tener a un plumilla en las tripas del teatro en un día como este no pone fácil las cosas.

Marcelo Buscaino, el encargado de la reposición de la dirección de escena, lleva otra de las batutas de La hija del regimiento. Él manda sobre lo que pase en el escenario. Porque así lo ha querido Pelly, el ideólogo original de esta escenografía. «Este montaje ha apasionado al público allí donde se ha visto y tengo la sensación de que en Sevilla va a gustar mucho», dice sobre una producción cuyo lenguaje escénico califica de «ágil, ligero». ¿Los problemas? Buscaino sabe que, si han de venir, ya se los proporcionarán los cantantes, los grandes tapados de este texto porque a nadie se le escapa que para ellos es la gloria mayor. «Los cantantes de ópera clásica son menos dados a las innovaciones que los habituales del repertorio contemporáneo», reconoce. Curtido en el teatro alemán más conceptual y provocador, aprecia por igual las concepciones clásicas: «Hay públicos a los que les gusta sentirse intrigados, otros solo quieren disfrutar. Están bien ambos», zanja. También él tiene camerino, por cierto. Está al fondo de un pasillo. Nadie le cubrirá de flores, pero su relevancia aquí es capital.

Un teatro de ópera es, guste más o menos, una estructura férreamente piramidal. Porque una anarquía en esta situación sería letal. Todos saben qué papel interpretan y en qué peldaño está cada uno. Al fin y al cabo también la ópera, como acto cultural, es un reducto sociológico donde resisten con fuerza las normas del protocolo. Si se midiera la relevancia en metros cuadrados el director técnico, Antonio Moreno, tendría que tener uno de los despachos mayores. De él dependen todo el resto de departamentos (iluminación, maquinaria, utilería, sonido, regiduría, mecánica escénica y sastrería). Y por ahí por ahí andaría el negociado de la jefa de producción, Ana Esteban, que lleva 12 años haciendo cuentas y ajustando esquemas de funcionamiento en el Teatro de la Maestranza.

«El director artístico [Pedro Halffter] decide los títulos que se programan y yo me pongo en marcha para buscar producciones que encajen técnicamente», explica Esteban. Técnica y económicamente, claro. Porque, desafortunadamente, hay decenas de estupendos montajes que se escapan a la chequera del Maestranza. «En 2008 tuvimos seis millones de euros solo para invertir en producciones, ahora apenas tenemos algo más de dos. A esto hay que añadir que mantenemos la entrada más competitiva para venir a la ópera en España», argumenta. Veamos. La entrada más cara para esta Hija del regimiento cuesta 125 euros; la más económica, 50. En Bilbao, para ver Manon en enero en el Euskalduna, los precios oscilan entre los 220 euros y los 78. Y en el Real de Madrid, asistir al estreno de Aida el próximo 7 de marzo nos costaría 390 euros o alrededor de 40... si optamos por verla a ciegas, sin visibilidad.

«El año que viene vamos a intentar ampliar el programa de danza y podemos adelantar que, si todo sale bien, volveremos a tener un título de ópera inusual», cuenta. Proyectos hay, ganas de ir a más, por descontado. Pero lo que no puede fallar es el público. «Y esta temporada no está respondiendo como esperábamos. Puede ser porque Sevilla tiene una oferta cultural cada vez más amplia, no lo sé», lamenta. Por eso anima con ardor a venir a La fille, «una ópera que lo tiene todo, es como un gran musical, un título ideal para hacerse amante del género».

Pero Ana Esteban no solo trabaja en este montaje. Ya está pendiente de recepcionar las siguientes producciones que veremos, como Falstaff, que viene desde Japón. «Tenemos el calendario cargado de ensayos, y encima trabajamos en la temporada que viene viendo y analizando montajes y, si pudiéramos, ya estaría hincándole el diente al curso 2019-2020». En su equipo son tres personas. El departamento de producción en cualquier teatro de ópera es, con toda seguridad, una arteria principal. «En cualquier decisión que se tome estamos implicados, se podría decir que prácticamente todo pasa por nosotros». Así, a Esteban, habría que agradecerle también algunas de las grandes noches de este teatro. «Me siento muy orgullosa de que hayamos podido hacer la Tetralogía de Wagner», dice al respecto de un montaje con el que el teatro se hizo definitivamente mayor.

En los días anteriores al estreno de la ópera que levanta el telón esta noche la actividad es, tirándo de tópico con pedigree, frenética. En el escenario se lleva a cabo un ensayo en el que todos los técnicos están implicados interpretando su propia partitura. La regidora Silvia Gómez tiene muchas horas de escenario en el cuerpo. Pero, por circunstancias, esta es la primera ópera que dirigirá desde su puesto de mando. Frente a la partitura de la ópera y a un monitor en el que también podría estar dirigiendo la trayectoria del cometa Halley y no nos lo quiere decir, ella se encarga de dar todas las órdenes oportunas para que, desde las butacas, podamos ver la ópera como si tal cosa. «Silvia manda aquí, ninguna orden que dé se contradice», nos cuentan. Y tiene desde luego sobre quien ejercer su poder: 42 coralistas, 14 figurantes, 60 profesores en la orquesta, más de 50 técnicos y... sumando. Cuando un cantante solista termina un aria, si va a tardar en volver a escena, vuelve a su camerino y se le avisa por megafonía para que regrese cuando le corresponde. Lo que hace o deje de hacer en ese espacio de tiempo forma parte del misterio de la ópera. «...Si las paredes de los camerinos hablasen...» murmura un coralista, dejándonos mortalmente intrigados. ¿Qué se le pasará por la cabeza al tenor John Osborn cuando se mire al espejo en el camerino y sepa que le faltan exactos cinco minutos para tener que salir ante 1.800 personas y dar un Do de pecho que le cubrirá de gloria o de espeso silencio si se queda corto?

Desde luego Jose Camesella no tiene la respuesta a eso. Pero sí tiene otras. Viene del mundo «de la carga y descarga» y lleva –azares del destino– bastante tiempo trabajando en la utilería del teatro. «Cualquier cosa que vemos en escena, una pistola, un bastón, una petaca, lo que sea, depende de nosotros», explica. Y si el arsenal de objetos llega dañado, ellos tienen que arreglarlos o buscarlos nuevos.

Existe además otra partitura, diferente de la que preparan los músicos. En ella no hay notas, pero sí unas crípticas indicaciones que, probablemente, solo entiende Juan Manuel Guerra, jefe de iluminación del Maestranza: «Muchas veces me sorprendo de todo lo que repara el público y la crítica en mi trabajo, desde luego nunca pasa desapercibido», dice. Será porque a nadie se le pasa por la imaginación merendarse una ópera con un fundido a negro. Y, a la postre, es un claroscuro, una proyección determinada, un cañón de luz, un haz velado... lo que convierte un montón de sosorrones materiales escenográficos en un paisaje que todos nos creemos cuando lo contemplamos como pasmarotes desde la butaca. «Cualquier producción que llega a este teatro tiene que ser mejorada, es una obligación que nos marcamos desde el departamento de iluminación», abunda Guerra. Al final, todos reman, todos suman. ¡Ay del que no lo hiciera! Frente a cualquier contrariedad o a cualquier estrechez, el Maestranza no es que quiera ser el tercer teatro de España, es que quiere ser siempre el primero en el corazón de quienes acuden a él.

ÍÑIGO SAMPIL (DIRECTOR DEL CORO). «HACÍA MÍ NO HA IDO NINGUNA BALA PERO ENTIENDO LAS DIFICULTADES»

El Coro del Maestranza ha tenido una coach para trabajar la dicción en francés. «El título (La fille) en sí no es complicado para nosotros pero la puesta en escena es muy exigente porque obliga a mucho movimiento», explica su director, Íñigo Sampil, quien lleva siete años al frente de un Coro del que han salido solistas como David Lagares y Leonor Bonilla. «La gente se sorprende del buen resultado que siempre damos en nuestras intervenciones», dice. «Tengo un gran conocimiento de cómo funciona, contratar a un nuevo director supone perder mucho patrimonio», asegura. Y, por ahora, cree que su proyecto en Sevilla tiene recorrido. ¿Axelrod y Halffter? «Hacía mí no ha ido ninguna bala, pero entiendo las dificultades que intentan resolver ambos».

VER ÓPERA EN ANDALUCÍA

A nadie se le escapa que el Teatro de la Maestranza es el buque insignia de la ópera en Andalucía. Sin embargo, también existen otros espacios más modestos en los que poder disfrutarlas.

Teatro Lope de Vega

Acoge ópera puntualmente. Como hoy domingo (19.30 horas), Dido y Eneas, de Purcell, en producción de la Orquesta Sinfónica del Aljarafe. También ha presentado montajes la Compañía Sevillana Zarzuela. Y la Orquesta Barroca de Sevilla propone óperas de pequeño formato, como L’Isola disabitata, de Haydn (mayo 2018).

Teatro Villamarta

Fausto y Cendrillon son las dos óperas que el Villamarta de Jerez de la Frontera tiene programadas esta temporada (en enero y en febrero, respectivamente)

Teatro Cervantes

El escenario malagueño mostrará Così fan tutte, de Mozart (2 y 4 de marzo) y Rigoletto, de Verdi (18 y 20 de mayo). Además, el 17 de febrero ofrecerá un recital lírico el tenor Gregory Kunde. Los programas de la Orquesta Filarmónica de Málaga también acogen programas líricos.

Temporada en cines

Cada vez son más los aficionados que toman en cuenta la oportunidad de asomarse a producciones internacionales de ópera en directo a través, en Sevilla, de la cadena de cines Cinesa. Rigoletto, desde Londres, Lohengrin, desde Dresde, El holandés errante, desde el madrileño Teatro Real o Carmen, desde Zurich, son algunos de los montajes que serán proyectados en los próximos meses y cuyas entradas ya están a la venta para todos los interesados.


Edictos en El Correo de Andalucía Empleo en Sevilla