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Invierno de lluvias, ardua primavera

Los alrededor de 100.000 sevillanos alérgicos al polen de las gramíneas y el olivo se enfrentan a una estación complicada, aun sin llegar a extremos. La contaminación aumenta el número de afectados

08 abr 2018 / 21:07 h - Actualizado: 08 abr 2018 / 23:20 h.
"Salud pública","Alergia","Alergia primaveral"
  • Un paciente recibe una dosis de vacuna antialérgica en una de las consultas de Alergología del Hospital Universitario Virgen Macarena. / El Correo
    Un paciente recibe una dosis de vacuna antialérgica en una de las consultas de Alergología del Hospital Universitario Virgen Macarena. / El Correo
  • Miembros de la UGC de Alergología del hospital Virgen Macarena. / El Correo
    Miembros de la UGC de Alergología del hospital Virgen Macarena. / El Correo
  • La congestión y secreción nasal es uno de los síntomas más evidentes de la alergia. / Marco Furilo
    La congestión y secreción nasal es uno de los síntomas más evidentes de la alergia. / Marco Furilo

Los alrededor de 100.000 sevillanos alérgicos al polen de las plantas, en especial las gramíneas y el olivo, se enfrentan a una primavera ardua. Ello se debe a las copiosas lluvias caídas durante el invierno, unido a las bajas temperaturas registradas en el mes de febrero, que han ayudado al enraizamiento de los cereales que se plantan esos meses, como el trigo, la cebada, la avena o el centeno, así como las gramíneas salvajes que crecen de forma vigorosa al borde de los caminos.

Lagrimeo, picor y enrojecimiento de ojos, congestión y secreción nasal, tos, estornudos, picor e hinchazón de la piel son algunos de los síntomas asociados a patologías alérgicas como asma, rinitis, urticaria o dermatitis. La vacunación y otras medidas de precaución son las principales herramientas que tienen los alérgicos para combatir una enfermedad que es crónica y que va en aumento por culpa de factores como la contaminación en las ciudades y el cambio climático.

Las previsiones efectuadas por la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (Seaic) a mediados de marzo apuntaban a una primavera moderada-alta en el suroeste peninsular y concretamente en Sevilla, donde se alcanzarán unos niveles de pólenes de 5.606 granos por metro cúbico de aire. Una cifra elevada que sin embargo no llega a los 6.000, tope a partir del cual se considera una primavera intensa.

Pedro Guardia, director de la Unidad de Gestión Clínica de Alergología del Hospital Universitario Virgen Macarena, confirma que «no se van a alcanzar niveles extremos porque no se han dado las condiciones de aquel año», en alusión a 2014, el peor de los últimos cinco, si bien «de forma general, las previsiones son que los niveles de pólenes van a ser más elevados que en las dos últimas primaveras. Eso sí, si durante la estación se dan muchos días de lluvias y sol, con altas temperaturas, esas previsiones pueden ir a la baja. Pero en principio se dan las condiciones para que los enfermos tengan mayores síntomas que en años precedentes».

Dentro de la provincia de Sevilla serían entre 250.000 y 300.000 las personas que padecen algún tipo de alergia. «Un 40 por ciento de ellas van a tener manifestaciones alérgicas cuya causa fundamental es el polen, como por ejemplo rinitis, de manera que estaríamos hablando de unas 100.000», calcula Guardia, que coincide con el augurio de la Seaic que señala que una cuarta parte de la población será alérgica al polen en 2030: «Las previsiones son esas y no sólo en España sino a nivel europeo. En torno al 50 por ciento de la población va a tener algún tipo de manifestación alérgica y un 25-30 por ciento será alérgico al polen», puntualiza.

Ello se debe a que las alergias son un elemento de las sociedades avanzadas que se da más en las urbes que en el campo aunque resulte paradójico. La emisión de partículas contaminantes procedentes de las calefacciones y los motores diésel altera la estructura del polen haciendo que genere proteínas de estrés como mecanismo de defensa y aumentando su capacidad de inducir una respuesta alérgica en personas susceptibles: «Los altos niveles de contaminación de las ciudades favorecen el fenómeno de inversión térmica que impide a los pólenes abandonar la atmósfera e incrementa el tiempo de exposición a ellos», explica Ángel Moral, presidente del Comité de Aerobiología de la Seaic.

En cuanto a un perfil del alérgico, Pedro Guardia revela que «normalmente las alergias se desarrollan desde edades tempranas de la vida, aunque el número mayor de casos lo tenemos en personas entre los 20 y los 40 años. En el momento en que se piense que se puede estar desarrollando alguna alergia hay que acudir a un experto porque es muy importante el diagnóstico y tratamiento precoz, que ayuda a sobrellevar la enfermedad, si bien hay que dejar claro que se trata de una patología crónica por definición y que nos va a acompañar a lo largo de la vida».

Los picos en los niveles de los pólenes de las gramíneas y el olivo, que son los que más afectan en la provincia, suelen darse a partir de mediados de abril, cuando la primavera estalla en toda su plenitud. Pero las personas susceptibles ya sufren los efectos de otro tipo de alérgenos: «Cada vez nos encontramos con más casos de alergias a las distintas familias de cipreses, que empiezan en enero. Ahora mismo, a primeros de abril, está atacando el plátano de sombra», recalca el doctor Guardia. La tortura se alarga incluso hasta el otoño en algunos casos: «Desde el final del verano y hasta noviembre aparecen otro tipo de pólenes, como los de las salsolas y artemisias, que también dan problemas a algunas personas».

FRUTAS Y VERDURAS

El alergólogo advierte de una tendencia que viene observando en los últimos años, y es que «muchos alérgicos al polen también están desarrollando alergias de índole alimentaria, tanto a frutas (melón, sandía, manzana, melocotón...) como a verduras (lechuga, tomate, zanahoria...) porque comparten algunas proteínas. Además, cada vez vemos más casos de alergia a los frutos secos».

Por lo demás, «son muy frecuentes en todo el valle del Guadalquivir y en sitios de costa las alergias a los ácaros, así como a ciertos hongos y a los animales de compañía (perros, gatos, caballos y roedores)».

Guardia expone una serie de recomendaciones que deben seguir las personas sensibles al polen: «Lo primero, ante la sospecha de que se esté desarrollando algún tipo de alergia, es consultar con un médico o pediatra de Atención Primaria y si este considera que hay probabilidad de alergia, derivarlo a un servicio de alergología para que se diagnostique, ya que hay muchos procesos virales que no son alergias», dice.

«Una vez que se sabe, seguir fielmente el tratamiento indicado, que comienza por conocer la enfermedad y cómo evitarla. Por ejemplo, evitar el ejercicio físico al aire libre a primera hora del día y al final de la tarde, que es cuando los pólenes tienen una mayor actividad», prosigue este especialista antes de concretar que «si se es alérgico a las gramíneas y al olivo, siempre antes de que comience la estación hay que someterse a algún tipo de tratamiento que evite la inflamación, mediante vacunas y una serie de medicamentos preventivos». Cuando aparecen los síntomas, se deben utilizar los medicamentos prescritos: antihistamínicos, broncodilatadores...

En cuanto a la innovación terapéutica, últimamente se están empleando «fármacos biológicos para el asma bronquial grave o alergia a los alimentos con anafilaxia», matiza. También se están desarrollando «fármacos que se toman menos veces al día, con lo que el paciente cumple más el tratamiento y es más eficaz y tienen menos efectos secundarios».


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