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Juzgados por salvar vidas

Los tres cooperantes sevillanos de la ONG Proem Aid serán juzgados hoy en Lesbos por un delito de tráfico de personas cuando se dedicaban a salvar a los inmigrantes que buscaban alcanzar las costas europeas

06 may 2018 / 21:07 h - Actualizado: 08 may 2018 / 20:23 h.
  • Los tres bomberos sevillanos en Lesbos antes del juicio, con la consejera de Justicia de la Junta, Rosa Aguilar, al frente de la comitiva andaluza de apoyo. / El Correo
    Los tres bomberos sevillanos en Lesbos antes del juicio, con la consejera de Justicia de la Junta, Rosa Aguilar, al frente de la comitiva andaluza de apoyo. / El Correo
  • Voluntarios de Proem Aid socorren a refugiados sirios en 2016. / Rafael Avilés
    Voluntarios de Proem Aid socorren a refugiados sirios en 2016. / Rafael Avilés
  • Cementerio de chalecos salvavidas en Lesbos. / Rafael Avilés
    Cementerio de chalecos salvavidas en Lesbos. / Rafael Avilés

Tres bomberos sevillanos, Manuel Blanco, Julio Latorre y Enrique Rodríguez, se enfrentan desde este lunes en la isla griega de Lesbos a un juicio por supuesto tráfico de inmigrantes. Los tres voluntarios, cooperantes de la ONG Proem Aid, acudieron en 2015 a Grecia ante la dramática crisis de refugiados que entonces estaba en el ojo mediático. Ayudaron a rescatar del mar a centenares de personas que se lanzaban en embarcaciones precarias desde la cercana costa turca, en su mayoría sirios, iraquíes y afganos que huían de sus países en guerra.

Entonces, el califato del Estado Islámico estaba en su apogeo de cortar cabezas, crucificar cristianos, despeñar a homosexuales y esclavizar sexualmente a las mujeres de las minorías de Oriente Medio.

De hecho, los sevillanos acudieron a Lesbos tras el aldabonazo que supuso la muerte del niño kurdo Aylan, ahogado en una playa turca con la costa de la UE a la vista.

El 14 de enero de 2016, recuerda la agencia Efe, llevaban 15 días en la isla del Egeo rescatando personas a punto de ahogarse. Ante una llamada de alerta, volvieron a la mar. Pero su barco estaba averiado y se embarcaron en el de la ONG danesa Team Humanity.

Nunca hallaron a la embarcación a punto de hundirse. En su lugar, a los guardacostas griegos, una detención de 72 horas y una acusación de la Fiscalía por un delito que en Grecia está penado con hasta 10 años de cárcel.

En cambio, la reacción de la sociedad española ha sido unánime y contundente. Los apoya el mundo de la cultura, las redes sociales (el vídeo #CondenadosaSalvarVidas se ha hecho viral), y también los políticos: la consejera de Justicia e Interior los acompañará a Lesbos –desde su detención están en Sevilla, pero no han rehuido enfrentarse a la Justicia griega–, el Ministerio de Asuntos Exteriores ha ordenado su pleno apoyo consular y numerosos ayuntamientos –los más importantes, el suyo de Sevilla y el de Madrid– los apoyan sin fisuras.

Otros casos

Los bomberos de Sevilla no son los únicos cooperantes acusados de tráfico de personas. La activista Helena Maleno ha sido denunciada por Marruecos y la ONG Proactiva Open Arms en Italia, en los dos casos por rescatar, igualmente, personas del Mediterráneo. Solo se lo explican sintiéndose testigos incómodos del gran agujero humanitario de la UE, la migración en el mar.


Lara Lusson
, cooperante de Proem Aid que ha pasado el último año en Lesbos: «No han dejado de llegar refugiados»

Ya no hay fotos, no hay noticias, pero los refugiados siguen llegando a Lesbos todos los días, cuenta la cooperante de Proem Aid que se encarga de gestionar la comunicación de la ONG, Lara Lusson, que ha pasado en Lesbos los últimos meses.

«Solo pararon entre enero y junio de 2017, cuando en la isla (85.400 habitantes, unos 25.000 en su capital, Mitilene) se quedaron solo 4.000 refugiados. Hoy vuelven a ser muchos. 10.000, de los que 9.000 se hacinan en el campo de refugiados de Moria, con capacidad para 2.500. Solo en abril han llegado 2.900. Desde febrero de este año vuelven a llegar de forma masiva, normalmente en barcos de entre 15 y 60 pasajeros, al borde del naufragio».

Sin embargo, el último hundimiento (solo dos supervivientes) ocurrió hace justo un año, mientras una embarcación intentaba superar los 7.000 metros que separan Lesbos de Turquía en su punto más estrecho, más o menos la mitad que el Estrecho de Gibraltar. Los responsables de este éxito son los guardacostas griegos, que, explica Lusson, ahora se encargan casi en exclusiva de los rescates. Las ONG tienen prohibido actuar salvo que las autoridades reclamen ayuda, aunque eso no significa estar de brazos cruzados: todos los días hacen una travesía –previo aviso y autorización gubernativa– y siguen entrenando, por si acaso.

«La gente de Lesbos es amigable, abierta y para nada racista. Hace poco un grupo de refugiados afganos sufrió un ataque fascista [el partido neonazi Amanecer Dorado mantiene un insólito apoyo electoral y presencia parlamentaria], pero de un grupo de 200 personas que llegó desde Atenas», explica la cooperante. Con este ambiente muchos refugiados no se dejan ver por las calles y se encierran en los atestados campos de refugiados, donde la espera para la primera entrevista sobre su estatus se demora hasta 18 meses. Hay unas 30 ONG (además de la Agencia de la ONU para los refugiados, Acnur, Cruz Roja y Médicos sin Fronteras) en la isla que se reparten tres tareas: llevarles comida, llevarles mantas y vigilar el mar. Con los 90 euros que el Gobierno griego da a cada refugiado adulto (más si tienen niños) solo pueden comprar tabaco y recargar el móvil. «Sin el apoyo de la gente no podríamos hacer nada», elogia Lusson a los habitantes de una isla que conviven con un número inusualmente alto de migrantes, aunque dadas las restricciones para la patrulla en el mar Egeo, el grueso de las actividades de rescate de Proem Aid se ha trasladado al Mediterráneo central, con base en Malta y zona de actuación en la costa libia bajo supervisión de las autoridades italianas.

Max Adam, abogado experto en Derecho Internacional: «No me cabe en la cabeza otra cosa que la absolución»

Entre el equipo de profesionales que ha asesorado a los bomberos sevillanos se encuentra Max Adam, abogado de Derechos Humanos y experto en Derecho Internacional que conoce bien la justicia helena. «Al ser un tribunal europeo tenemos la confianza de que es un juicio con todas las garantías, si bien nadie entiende la situación procesal de unas personas que han ido a dar su apoyo y su ayuda y que se han visto involucradas en una acusación incomprensible», explica antes de añadir que «los tres están nerviosos porque, quieras o no, que haya un traductor de por medio genera inquietud, no es lo mismo que una locución ante un juez en tu idioma».

Adam tiene fe ciega en el trabajo de Haris Petsikos, el abogado que les defenderá: «Es un experto en la materia, en su amplia y dilatada experiencia ha visto muchos casos de tráfico de personas, pero como éste ninguno. Desde el primer momento quiso no sólo brindarles su apoyo sino asegurarse muy mucho de defenderles a ellos y no a los daneses, pensando en una hipotética incompatibilidad de defensa», explica Adam, que «no sabría decir si los daneses tienen experiencia en salvar vidas en el mar, pero parece ser que no eran funcionarios en su país de origen que sacrificaran su tiempo para ir a salvar vidas. Es una diferencia que el abogado ha querido dejar clara desde el principio». Lo que sí tiene claro es que a los sevillanos puede haberles perjudicado el haber estado en la embarcación del Team Humanity: «Era una época dura en la que los bomberos trabajaban a destajo todos los días salvando vidas. Había decenas de organizaciones y no había un control ni un registro adecuado, las autoridades griegas estaban desbordadas. Pero los bomberos sevillanos siempre se registraron e informaron a la embajada española en todo momento. El hecho de que no fuera su embarcación y de que no hubiera ninguna persona dentro... es todo muy extraño».

Adam prevé que todo se resuelva de modo satisfactorio: «Todos los sectores de la sociedad y la comunidad internacional les han apoyado porque nadie entiende la acusación precisamente por cómo se produjeron los hechos. Estamos hablando de penas de cárcel, y no respirarán tranquilos hasta que se conozca la sentencia. Valorando y respetando el trabajo de la judicatura, hay un clamor por que impere el sentido común». La pena de cárcel para los bomberos sevillanos, ni la contempla: «No quiero ni hablar de una sentencia contraria a ellos, no me cabe en la cabeza otra cosa que la absolución plena y que los tres se vengan para acá con el reconocimiento de las autoridades griegas de que todo ha sido debido a un error».


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