La caridad, un patrimonio vivo

Cáritas, familias religiosas, hermandades y otras asociaciones de la Iglesia sevillana desarrollan proyectos ‘monumentales’ de ayuda a los necesitados.

Manuel J. Fernández M_J_Fernandez /
21 nov 2016 / 07:00 h - Actualizado: 21 nov 2016 / 07:00 h.
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  • Las religiosas filipenses de Santa Isabel reparten más de 300 bocadillos al día.
    Las religiosas filipenses de Santa Isabel reparten más de 300 bocadillos al día.

Hay una Iglesia sin pan de oro, sin óleos barrocos ni historiados campanarios. Es la Iglesia a la que Benedicto XVI (Deus Caritas est) y el Papa Francisco (Lumen fidei) han dedicado sus primeras encíclicas. La misma que recoge la parábola del Buen Samaritano (Lucas 10, 25-37) o la que recientemente ha propuesto el Año de la Misericordia (Misericordiosos como el Padre). Es la «Iglesia de los pobres», en la que insiste Jorge Bergoglio en cada una de sus intervenciones, y a la que cada día dan vida Cáritas, las familias religiosas y las hermandades con un sinfín de obras y proyectos que se hacen necesarios en estos años difíciles. Todos ellos levantan el patrimonio vivo de la caridad.

Los datos de Cáritas Diocesana son muy reveladores. La crisis económica ha conllevado no solo un aumento del número de personas atendidas en centros y proyectos de la Iglesia de Sevilla, sino también una modificación del perfil. Ahora son más jóvenes (edad media en torno a los 40 años), hay un mayor porcentaje de nacionalidad española (en torno al 60 por ciento) y una mayor feminización. La mayor parte de estas personas carece de vivienda digna (un 97 por ciento), de relaciones familiares estables (un 95 por ciento) y de recursos económicos (un 97 por ciento).

«El problema más grave seguramente sea la soledad. Al final, algo de comida siempre pueden tener... Pero la soledad es lo que peor se lleva. La soledad lleva a consumir, a beber alcohol, a caer en la violencia, a delinquir... También acarrea problemas de salud mental. Muchas personas no pueden salir de la calle porque psicológicamente no están bien. Creemos que hay que empezar por ahí», ha señalado la secretaria general de Cáritas Diocesana, Auxiliadora González.

A ello hay se suma el fenómeno de la cronificación de la pobreza en Sevilla según recoge el último diagnóstico de Cáritas: pese a advertir cierta mejoría, asegura que más 18.000 familias necesitan de algún tipo de ayudas. «Las personas que siguen acudiendo a nosotros se encuentran peor. La suya se ha convertido en una situación crónica. Permanente y prolongada. Han perdido prestaciones y vínculos familiares y necesitan acudir a Cáritas o a otras entidades», concluye Mariano Pérez de Ayala, director de Cáritas Diocesana de Sevilla. El desempleo es uno de los grandes motivos que provocan estas situaciones. En este sentido, desde el Arzobispado, a través de Cáritas, se anima a que «el espíritu solidario no desaparezca con el final de campañas especiales», como la de Navidad que se acerca; sino que esté presente todo el año tendiendo siempre la mano a quien más lo necesita.

Un poco de charla y un caldo caliente para quien duerme al raso

Cada noche un grupo de voluntarios recorre las calles del centro de Sevilla, en un radio de actuación que va desde la orilla del Guadalquivir a las plazas del Museo, San Lorenzo y la Alameda. En verano llevan gazpacho y ahora un caldo caliente para las personas sin hogar o en situación de carestía. «Lo de menos es la comida. Les reconforta mucho más el ratito de conversación que tenemos. Les hace sentir que no están solos». Desde hace 13 años Cáritas Parroquial de San Vicente promueve el proyecto Levántate y anda dirigido a atender las necesidades de las personas más cercanas en situación de exclusión social. Sus voluntarios, que se cuentan por más de 30, explican que «el fin principal del proyecto no es el de prestar esta ayuda inmediata, sino el de trabajar con estas personas para integrarlas en una vida social normalizada». Por este motivo, siempre remiten a la acogida de Cáritas parroquial, donde se les ofrecen otro tipo de recursos: médicos, administrativos, financieros o alimenticios. «Después se hace un seguimiento de la persona, trazando con ella un plan de trabajo, y también se le ofrece un acompañamiento», explican los responsables, que recuerdan que se tratan a 17 personas al día y que en 2013 fueron hasta 34 los casos atendidos.

El hijo pequeño de Levántate y anda es el proyecto Lázaro, de la parroquia de San Sebastián. Actúa en las calles del Porvenir, El Prado, Viapol y Felipe II, y atiende una media de cuatro personas al día. En ambos casos se prioriza el cuidado de personas en situación de exclusión social, sin hogar y con problemas mentales o desnutrición. El perfil suele ser un hombre de 40 años y español en un 60 por ciento.

Donde empezar a construir las bases de un nuevo hogar

No es fácil salir de la exclusión social. Menos aún si no se cuenta con un trabajo remunerado ni una residencia. Los 25 años de Carlos Amigo Vallejo al frente del Arzobispado de Sevilla trajo consigo «el regalo» de la puesta en funcionamiento del denominado Centro Amigo. Inaugurado en 2007 en el barrio de Triana (c/ Torrijos, 4), está destinado a la acogida y el acompañamiento de personas «en situación de exclusión social grave». El equipo de profesionales y voluntarios que gestiona las 40 plazas del centro de día –22 en régimen de residencia– asegura que «el objetivo es la recuperación de habilidades y capacidades para que los acogidos alcancen la mayor autonomía social posible». En esta línea pero más antiguo, es el proyecto Miguel de Mañara, que gestiona la Asociación Familia Vicenciana siguiendo el carisma de San Vicente de Paúl en Sevilla. Cuentan que este centro de acogida localizado en el antiguo Hogar San Fernando en la calle Perafán de Ribera (Macarena), nació en 1995 a causa de la manifestación de distintas asociaciones de la ciudad –entre ellas los comedores sociales de las Hijas de la Caridad– ante «la escasa atención prestada a las personas sin hogar». Aquí se ofrece un servicio residencial de carácter temporal (alojamiento, manutención, higiene...) a las personas que vienen derivadas de Asuntos Sociales del Ayuntamiento. Las religiosas de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, que colaboran aquí, añaden que desde el próximo mes y hasta febrero se activa la campaña Ola de frío «con cena, pernocta y desayuno» y un extra de 20 plazas sobre las 41 que hay.

Menús de solidaridad que nunca desatiende la Divina Providencia

12.30 horas. Una larga cola toma el acerado de la calle Pagés del Corro. Guardan turno en silencio. Algunos con la cabeza agachada. Otros con unas grandes gafas de sol y una gorra para ocultar su identidad. La crisis económica ha engordado la lista de personas que cada día recurren al comedor social de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl para llenar el estómago. Este recinto de Triana es toda una institución en Sevilla. En él a veces «obra el milagro de los panes y los peces», como llega a bromear un voluntario, al recordar que «hay capacidad para 200 comensales y en épocas puntuales del año llegan a ser 300». «A todos –prosigue– se les sirve dos platos, pan y postre, entregándoles a la salida una bolsa con un bocadillo y fruta para la tarde-noche». El centro ha llegado a dar 82.697 comidas en 2013, una media de 227 al día. También se dispone de un pequeño economato, de servicio de duchas y peluquería.

También está regentado por las Hijas de la Caridad el comedor de San Vicente de Paúl, en la calle Aniceto Sáenz, en el entorno del Pumarejo. Cuenta con servicio de comedor, de ropero, de higiene y de atención social. Pilar es una de las voluntarias más veteranas. Acude cada día a «echar una mano a esta gran labor que hacen las hermanitas», y de la que se benefician al día unas 270 personas, un 65 por ciento son inmigrantes. El tercer comedor solidario es el que tienen los hermanos de San Juan de Dios, a través de la asociación Tú sí puedes, en la calle Misericordia, en pleno centro. Aquí la ayuda se extiende también a talleres de formación laboral.

Un súper adaptado a los bolsillos atizados por la crisis

La acción caritativa de la Iglesia de Sevilla busca la integración social de las familias más desfavorecidas. Por este motivo se han desarrollado otras ayudas más específicas como los economatos. Uno de los más conocidos es el promovido por las hermandades del Casco Antiguo. En el año 2000 y en colaboración con Cáritas de la parroquia de Omnium Sanctorum levantó la persiana este súper solidario que regenta la Fundación Casco Antiguo. Primero en la calle Peral y, luego, en Narciso Bonaplata, ofrece productos de primera necesidad a precios «muy económicos». Los beneficiarios, explican sus voluntarios, «son personas que han acudido a las hermandades y que vienen ya con un carné de acceso».

El economato de las Hijas de María Auxiliadora tiene un destinatario muy concreto: familias «económicamente débiles» de Torreblanca, Palmete, Tres Barrios, Amate, La Calzada, El Plantinar, El Cerro, El Polígono de San Pablo, Polígono Sur y Su Eminencia. «Muchas de ellas no tienen ingresos. Solo cuentan con la paga del abuelo, que ha tenido que acoger a sus hijos y nietos al ser desahuciados de sus pisos», explican desde la organización. También la provincia cuenta con una modalidad similar. Se trata de El Carmen, que crearon en 2014 las hermandades de la Amargura (San Felipe), Expiración (San Blas) y Humildad (San Pedro). Con ayuda municipal, tienden la mano a los más necesitados de Carmona. A ello se suman los más de 300 bocadillos al día y otras tantas cestas de comida que reparten las religiosas filipenses del centro Santa Isabel, en la calle Hiniesta.


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