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Violación, la marca de un delito

En el primer semestre del año han bajado las agresiones con acceso carnal, pero han aumentado los delitos relacionados con los abusos sexuales tanto en Sevilla como la provincia

30 nov 2017 / 16:09 h - Actualizado: 30 nov 2017 / 21:29 h.
"Sucesos","Violencia de género","Agresiones y violaciones"
  • Manifestación contra la violencia de género por las calles de Sevilla. / Jesús Barrera
    Manifestación contra la violencia de género por las calles de Sevilla. / Jesús Barrera
  • Protesta en la puerta de la Audiencia de Navarra, donde estos días se ha celebrado el juicio contra el grupo conocido como ‘la Manada’. / Efe
    Protesta en la puerta de la Audiencia de Navarra, donde estos días se ha celebrado el juicio contra el grupo conocido como ‘la Manada’. / Efe
  • Los cinco jóvenes sevillanos acusados de la violación de los sanfermines. / El Correo
    Los cinco jóvenes sevillanos acusados de la violación de los sanfermines. / El Correo

«Tu puta noche de locura ha sido mi destrucción. Tu follándonos a una entre cuatro es destrozando a una entre cuatros». Así termina el estremecedor relato de una joven víctima de una violación grupal ocurrida en los sanfermines de Pamplona, como la que se ha terminado de juzgar esta misma semana y en la que supuestamente están implicados cinco jóvenes sevillanos. Las estadísticas del Ministerio del Interior reflejan que tanto en Sevilla como en la provincia han descendido las violaciones, sin embargo los delitos sexuales de otra índole siguen aumentando.

«Voy camino a casa, estoy cansada y decido irme. Camino por la calle sin miedo pero con miedo. Me siento en un banco donde hay un conocido. Estoy cansada. Hablo con él y vienen tres más. Estoy incómoda y decido irme. Se lo digo e insisten en acompañarme. No quiero, pero parece que mi opinión no importa y estoy cansada, cansada de vivir siempre con miedo. Sin saberlo, ellos planeaban violarme. Me besan, pero no quiero hacerlo. De pronto, me cogen por los brazos y me meten en un callejón. Se me hiela el cuerpo, el corazón me palpita fuerte. Quiero gritar, quiero correr, quiero no estar aquí. Está oscuro y tengo miedo, realmente tengo miedo. Por favor, que me dejen aquí, por favor. Me rodean, me quitan la ropa. Se quitan la ropa y me ponen a cuatro patas. Quiero irme tengo miedo. Qué pase ya, qué pase ya. Me ponen sus penes en la boca. No quiero hacerlo, me penetran. Qué pase ya, qué pase ya. Eyaculan dentro de mi sin preservativo. Qué pase ya, qué pase ya. El tiempo no pasa, me siguen penetrando, por delante, por detrás, por todos lados. Se ríen, me hacen fotos, me graban. Su poder es mi condena, no puedo soportarlo. Qué pase ya, qué pase ya. Se van, no sé cuanto tiempo ha pasado. Me quitan el móvil, como si eso fuera relevante para mi ahora. Me pongo la ropa, no sé como lo hago. Mi cabeza da vueltas, o no. Camino, pero no tengo fuerzas, ni ganas. Las lágrimas brotan por mis mejillas sin poder controlarlas. Tengo frío, calor, tiemblo, no me controlo. Me tumbo en un banco, me acurruco. Cierro los ojos. Qué no haya pasado, qué no haya pasado, qué no haya pasado. Resulta que tu puta noche de locura ha sido mi destrucción. Tu follándonos a una entre cuatro es destrozando a una entre cuatro». Es el relato íntegro realizado por Carlota Álvarez en el Congreso el pasado 7 de noviembre, donde en el marco del Tribunal de Mujeres conta la Violencia de Género contó junto a Estela Grande, otra chica violada durante los sanfermines, su atroz experiencia que les marcará para siempre.

«¿Me creerán?»

Grande fue violada por sus propios amigos y comenzaba su historia realizándose una serie de preguntas, que muchas de las víctimas se plantean: «¿Realmente me ha pasado esto? ¿Lo cuento? ¿Me creerán?... Nadie me va a creer». «Me siento sucia, me quiero limpiar», añade la chica. Al testimonio de estas dos jóvenes les siguió el aplauso emocionado de todos los asistentes. «Que la fiesta sea hoy la condena de muchas mujeres es tremendo», concluía la abogada Cristina Almeida, que ejercía de presidenta de este tribunal, tras escuchar a las dos chicas.

Un estudio del hospital Clínic de Barcelona explica las secuelas que sufren las mujeres que son víctimas de estas agresiones: el miedo, la ansiedad, la tristeza, el desánimo, la rabia y el vivir en estado de alerta permanente. Secuelas que se dan especialmente durante las primeras semanas tras la violación, en las que también es frecuente que la mujer reviva la situación una y otra vez, con un sentimiento de culpabilidad.

En Sevilla, en el primer semestre de este año seis mujeres han sido víctimas de una violación, y una docena en toda la provincia. Aunque la cifra pueda resultar abultada, supone un descenso del 25 por ciento en el primer caso y del 40 por ciento en el segundo, según los datos publicados por el Ministerio del Interior. no obstante, pese a que las violaciones, la agresión sexual más extrema, haya descendido, otros delitos de índole sexual han crecido, siguiendo así una tendencia que se viene produciendo en los últimos años. En concreto, en la provincia han aumentado un cinco por ciento, con 231 casos; mientras que en la capital el incremento ha sido del 21,7 por ciento, con 140 asuntos frente a los 115 del año pasado.

Los datos de la Fiscalía, que hacen referencia a 2016, recogen que el año pasado se produjeron en Sevilla 12 violaciones, 118 agresiones sexuales, 155 casos de abusos sexuales, 13 de abusos con acceso carnal y siete de abusos con engaño. Igualmente, en el caso de los menores de 16 años, el Ministerio Público contabilizó cinco casos de violaciones y 53 de abusos sexuales.

Esto son solo los casos que se denuncian y que llegan a conocimiento de la Fiscalía sevillana y a los juzgados, pero el decano del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Occidental, Fernando García asegura que «muchas de las relaciones que se dan por normales deberían ser consideradas como abusos». A su juicio es lo que se podría denominar como un «microabuso sexual» que se da de forma frecuente en comportamientos que vemos como normales pero que no deberían serlo.

Así, uno de los ejemplos que pone son las relaciones que se dan dentro del matrimonio, donde «las violaciones se dan con más frecuencia de la que nos pensamos». En este sentido, García indica que es algo que no solo es aceptado por el hombre que considera que «puede disponer del cuerpo de su pareja solo por el hecho de estar casado», si no también por la propia mujer, «que lo único que piensa es debe someterse y que pase cuanto antes».

El decano de los psicólogos recuerda que las violaciones es un fenómeno complejo de abordar que, además de tratarse de una manifestación de la violencia de género, tiene una carga subliminal y emocional por cómo nuestra cultura entiende y enfoca las relaciones sexuales.

Asimismo, resulta difícil establecer un perfil determinado de un violador y más aún poder predecir si existe riesgo de reincidencia pues, según señala García, «la conducta del violador no responde a una patología concreta». Lo que sí tiene claro el decano del Colegio de Psicólogos es que descontextualizar violaciones grupales, como la de los sanfermines de 2016, «no tiene sentido, pues en este tipo de casos existe un «comportamiento grupal que tiene su importancia».


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