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20 de abril: dos tardes para la historia

Manolete y El Viti marcaron, en la misma fecha y con 25 años de diferencia, dos de las cumbres más recordadas de la Feria de Sevilla

20 abr 2021 / 09:56 h - Actualizado: 20 abr 2021 / 10:00 h.
"Toros"
  • El ‘califa’ cordobés rindió la plaza de la Maestranza la tarde del 20 de abril de 1941 con un toro de Villamarta.
    El ‘califa’ cordobés rindió la plaza de la Maestranza la tarde del 20 de abril de 1941 con un toro de Villamarta.

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En una primavera sin toros hay que alimentarse del recuerdo. Y la fecha del 20 de abril marca, con 25 años de diferencia, dos de las efemérides más recordadas de ese serial taurino primaveral que celebró su última edición –por imperativo de la pandemia- entre abril y mayo de 2019. Pero hay que descender en el calendario, 80 años atrás, para fijar el primero de esos dos acontecimientos. Fue en 1941, en el arranque de la trascendental era manoletista...

Hay que advertir que relación de Manuel Rodríguez Sánchez con Sevilla fue breve, intensa y fecunda. Dejó una huella indeleble más allá de las 20 corridas y las dos novilladas que mató en el ruedo de la Maestranza. Faltó en la Feria de Abril de 1943 por cuestiones de cotización; tampoco estuvo en la de 1946, una temporada en la que apenas toreó en España, ni en la de 1947, año en el que retrasó el arranque de la temporada a finales de junio. Quedaban dos meses largos para la cita definitiva de Linares...

En cualquier caso, no se puede entender la propia evolución del toreo sin subrayar que el gran califa cordobés bebió del ancho venero gallista a través de su apoderado, Pepe Camará, que tomó buena nota de la amplia visión de futuro que había marcado el coloso de Gelves. No es casual que el propio Manolete terminara de espantar los fantasmas de la Guerra Civil en la plaza de la Maestranza, en la que tomó la alternativa el 2 de julio de 1939. Recibió los trastos del oficio de manos de Manuel Jiménez ‘Chicuelo’, nexo imprescindible para entender el legado joselitista. Estaba naciendo una nueva época del toreo...

20 de abril: dos tardes para la historia
Manolete pasea los máximos trofeos después de dar muerte al séptimo de aquella tarde remota.

1941: una faena trascendental

Aquella temporada de 1941, después de un festival invernal celebrado el 25 de enero, se había iniciado oficialmente el día 13 de abril, Domingo de Resurrección, con la alternativa de José Ignacio Sánchez-Mejías, que fue apadrinada por Pepe Bienvenida. El doctorado fue testificado por el infortunado diestro manriqueño Pascual Márquez al que le quedaba poco más de un mes para sufrir aquella horrenda cogida en Madrid que le llevaría a la muerte...

Pero hay que situarse en el desarrollo de aquella Feria de Abril –hace 80 años exactos- en la que se anunciaron tres únicas corridas de toros además de una novillada picada que sirvió de epílogo. En las tres alternaron Manolete y Pepe Luis, que habían tomado la alternativa en años consecutivos. El ‘Monstruo’ cordobés y el Sócrates de San Bernardo se anunciaron con Juanito Belmonte en la primera tarde para estoquear los ‘urquijos’ de Carmen de Federico. Al día siguiente, con la de Miura, les abrió cartel Pepote Bienvenida. Para el tercer y último pase se había encerrado una corrida de ocho toros de Villamarta en la que Manolete y Pepe Luis volvieron a hacer el paseíllo con Bienvenida y Pepe Luis.

La cosa, precisamente, se había calentado el 19 de abril. Pepe Luis le había cortado las dos orejas a uno de sus ‘miuras’ en una tarde que, curiosamente, era también la del debut de Eduardo Miura Fernández –padre de los actuales criadores- al frente de la mítica vacada. Pero aquella Feria remota acabaría pasando a la historia por el histórico faenón cuajado por Manolete a un toro de Villamarta lidiado, precisamente, el mismo día que se enterraba a la marquesa viuda, madre del ganadero, acelerando la división de la vacada en varios lotes, uno de los cuales sería adquirido ese mismo año por Carlos Núñez para redondear genéticamente su histórica ganadería.

Pero hay que ubicarse en la tarde del 20 de abril de aquel 1941. Hubo que esperar al séptimo de la tarde para que se revelara en toda su dimensión el prodigio manoletista. Don Fabricio, cronista de ABC, no se resistió a la apoteosis: “Las campanas de Córdoba, plañideras porque había muerto Guerrita, trocaron el afligido son en alegre repique de gloria, porque Manolete, legítimo sucesor de aquel coloso, superó hasta la sublimidad el memorable arte de su ascendiente. No alcanza nuestro recuerdo nada semejante: de tanta justeza y elegancia, de tal calidad como la faena del cordobés al séptimo de Villamarta”. No hace falta añadir mucho más para subrayar aquella apoteosis que fue premiada con el rabo del toro de Villamarta al que Manolete fulminó de una grandiosa estocada. El califa había rendido la taifa sevillana.

20 de abril: dos tardes para la historia
El diestro salmantino logró entrar en el corazón de la afición sevillana la tarde del 20 de abril de 1966 con un toro de Samuel Flores. Foto: Jesús

Un torero charro ‘entra’ en Sevilla

Pasaron 25 años exactos. La Feria de Abril de 1966 anunciaba a los astros de la Edad de Platino junto a la anchísima baraja de toreros que dieron lustre a la que, posiblemente, fue la década más intensa del toreo. Pero la estrella de Santiago Martín ‘El Viti’ –que ya descollaba en medio de aquella trinidad formada junto a Puerta y Camino- se resistía a brillar en todo su esplendor en la plaza de la Maestranza. La máxima figura del toreo charro había tomado la alternativa en la isidrada del 61. Un año después, en la Feria de Abril del 62, se presentaba como matador de toros en Sevilla junto a Jaime Ostos y Diego Puerta. No le acompañó el éxito. Tampoco le rodaron las cosas en las ferias del 63 y el 64 hasta el punto de quedar fuera de las combinaciones del ciclo abrileño de 1965.

Las cosas se habían puesto cuesta arriba para el diestro salmantino en las orillas del Guadalquivir a punto de cumplir cinco años de alternativa pero su nombre volvió a colgarse de la cartelería sevillana para la Feria del 66 sin que faltara la guasa –recuerda Luis Carlos Peris- de cierto locutor sevillano que acompañó el anuncio de sus dos tardes abrileñas con el toque de una campana fúnebre. Así las gastaban entonces...

La del 66 sería una Feria pródiga en acontecimientos que dan fe de la efervescencia taurina que se vivía en aquella década prodigiosa para el toreo. El Viti apalabró las corridas de Núñez y Samuel Flores. En la primera de ellas, anunciado junto a Paco Camino y El Cordobés, no pasó nada destacable pero en la de don Samuel, ese 20 de abril de hace 55 primaveras, iban a cambiar las tornas por completo. El Viti se vistió de grana y oro para hacer el paseíllo en medio de Victoriano Valencia y Curro Romero. En su primero se mostró solvente, valiente y entregado cortando una oreja que sólo sería el aperitivo de lo que vino después.

Era el sexto de la tarde y el último toro que mataba en aquella trascendental Feria de Abril que ya había contemplado triunfar por todo lo alto a Paco Camino en la víspera con un toro de Cuadri. Y saltó el toro, astifino y magro de carnes. Se llamaba ‘Pitillo’. Santiago Martín lo toreó con mimo con el capote y pidió el cambio con un único puyazo después de comprobar que el motor estaba justo. El Viti tomó espada y muleta y comenzó su obra, redonda, armónica, templada... Fue una de esas faenas que logran instalarse en el recuerdo del aficionado y crecer con el tiempo, más allá de los afortunados que tuvieron la dicha para contemplarlas. Trasciende el eco, el halo de la obra... Nadie recuerda ahora si El Viti salió por la Puerta del Príncipe –entonces no constituía una obsesión para nadie-, las orejas que cortó... De hecho la espada se atascó, dejando el premio en un único trofeo. Consciente de la altura que había alcanzado delante de aquel toro de Samuel Flores, el diestro charro montó el acero en la suerte de recibir pero pinchó hasta cinco veces sin empañar el brillo de su trasteo. Dio una vuelta al ruedo; le obligaron a dar la segunda. El Viti había entrado en Sevilla.


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