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2019: El año que la afición de Sevilla cambió de bando

La eclosión de Pablo Aguado ha roto la hegemonía de Morante de la Puebla en las preferencias del aficionado hispalense. Ambos matadores fueron la cabeza del pelotón de toreros sevillanos en la temporada que ya queda atrás

18 oct 2019 / 12:26 h - Actualizado: 18 oct 2019 / 12:29 h.
  • 2019: El año que la afición de Sevilla cambió de bando

La ovación de gala que recibió Pablo Aguado antes de abrirse de capote para parar a su toro correspondiente en el festival del 12 de octubre marcó algunas diferencias. La incondicionalidad del público que abarrotaba los tendidos con el joven matador contrastó con el clima hostil que acompañó a Morante de la Puebla un par de semanas antes, en la cuarta y última corrida que lidiaba en el abono sevillano. Pero hay más datos: El diestro de La Puebla, anunciado con El Juli para dar la alternativa a Ángel Jiménez, se quedó lejos, muy lejos del lleno que cualquiera habría apostado no hace tanto. Tampoco era la primera vez que contemplaba demasiado ladrillo visto al hacer el paseíllo.

¿Hay divorcio entre el público sevillano y Morante? Quizá sea pronto para firmarlo pero las complacencias del planeta taurino hispalense se han volcado –con todo merecimiento- sobre Pablo Aguado. No hace falta ni recordarlo: poco más de veinte muletazos y cinco minutos en la cara de un toro de Jandilla bastaron para poner del revés la Feria de Sevilla y todo el toreo. Había nacido una nueva figura, casi por generación espontánea. O no...

Aquel milagro tenía precedentes. Sin salir de la temporada 2019 hay que recordar que el diestro sevillano comenzó puntuando en Valencia antes de coger la sustitución de Enrique Ponce en Morón de la Frontera. La corrida se había preparado por y para la reaparición de Jesulín pero todo el mundo salió hablando de Pablo Aguado. El joven matador sevillano indultó al toro ‘Toledano’, un gran ejemplar de El Torero que le permitió enseñar sus mejores registros. Pero lo mejor, una vez más, estaba por llegar...

Aún pasaría por un pueblo de Francia antes de recalar en la plaza de Las Ventas, la tarde del Domingo de Resurrección, junto a Juan Ortega y David Galván, formando una atractiva terna que no tuvo suerte con la corrida reseñada. Y el de 10 de mayo, ya es sabido, salió lanzado de Sevilla borrando del mapa a Morante y Roca Rey, que no ha querido verlo desde entonces ni en pintura. ¿Qué pasó después? El milagro se repetiría en San Isidro, logrando un silencio inédito que permanece en la memoria del aficionado. Aún volvería una tercera tarde al Foro, sufriendo un percance inoportuno que le hizo perder algunas fechas antes de retomar el pulso de la campaña en León. Hubo que esperar hasta las Colombinas de Huelva para que Pablo Aguado volviera a romper en dos la temporada con una grandiosa actuación global que enloqueció al público del coso de la Merced. Ya no había dudas. Hay que anotar otro concierto en Linares antes de que se convirtiera en el sustituto natural de Roca Rey en la Goyesca. Para ello hubo que cambiar fechas con Palencia en un ejercicio de diplomacia taurina en la que ganó todo el mundo. Aguado también rindió la Maestranza de piedra gracias al sobrero que le regaló Morante. Hubo nueva salida a hombros en Logroño y sólo le queda, este mismo sábado, el bolo de Jaén. ¿Quién duda de su presencia el próximo Domingo de Resurrección? Aguado concluirá la temporada este sábado en Jaén: será la corrida número 41 de una temporada en la que, a falta de las que aún pueda cortar en el cierre, ha cortado 37 orejas y un rabo, firmando hasta 11 faenas de dos orejas.

Y si Aguado va de ida, Morante ya cuenta las temporadas en viaje de vuelta. Con 40 años cumplidos, el grandioso artista de La Puebla ya navega por encima del bien y del mal pero sobre todo, ajeno a los parámetros de regularidad y estadística que se les exigen a otras figuras al uso. La de Morante ha sido una campaña irregular, con demasiadas simas y contadas cimas en la que, a pesar de todo, ha mantenido intacta su aura de primera figura. No ha tenido suerte en su paso por la plaza de la Maestranza aunque deja para el recuerdo algunos recitales capoteros que le sitúan entre los más grandes del percal. No quiso ir a Madrid, rechazando el oportunista sorteo de Simón Casas. ¿Qué se puede contar del resto de su campaña? Ha alternado palmas, pitos y frecuentes inhibiciones. Hubo recitales de distinta intensidad en plazas como Jerez o Valladolid y especialmente en Gijón. Todo sabe muy a poco para un torero que sigue siendo esperado. No se puede retirar sin dictar su definitiva sinfonía en la plaza de la Maestranza. En la temporada 2019 ha toreado 36 corridas de toros en las que ha cortado 20 orejas.

La clase media

Podemos encabezar este estrato con la feliz temporada de despedida de Manuel Jesús ‘El Cid’, que ha sabido rentabilizar ese adiós anunciado subiendo el número de las actuaciones contratadas, volviendo a los escenarios de mayor categoría y, sobre todo, acercándose a sus mejores y más lejanos fueros en algunas tardes clave. El diestro de Salteras había culminado la temporada 2018 con 19 contratos y una temporada periférica en la que sólo se asomó a tres plazas de primera. Entonces se supo que la de 2020 iba a ser su última campaña, afrontada de la mano de Manuel Martínez Erice. Y la cosa cambió este año, culminado con 35 corridas de toros. Discreto en Sevilla, tuvo que esperar al verano para que la cosa se lanzara a partir de Santander y Huelva. Después llegarían los hermosos capítulos de sus despedidas otoñales en las plazas de la Maestranza y Las Ventas, que –con Bilbao- han sido los pivotes principales de su carrera. Manuel mató su último toro en España en Zaragoza, el día del Pilar. Cortó las dos orejas. Aún le quedan algunos bolos americanos para dejar definitivamente la profesión.

El abordaje de la carrera de Manuel Escribano pasa inexcusablemente por el largo y doloroso rosario de percances –algunos gravísimos- que la salpican desde su gloriosa resurrección taurina –por la vía de la sustitución a El Juli- en la Feria de Abril de 2011. Pero el veterano matador de Gerena ha vuelto a caer herido en esta temporada, concluida con 24 festejos repartidos entre los ruedos de España y Francia. Ésa es, precisamente, la clave de su temporada. Haber logrado mantenerse en esas cifras a pesar del inevitable desgaste y la dureza de una campaña basada en divisas duras. Sin suerte en Sevilla, logró puntuar en Bilbao con los toros de Miura y sobresalir en Zaragoza con los ‘adolfos’ a pesar del ninguneo del palco. Un toro de Adolfo Martín, precisamente, fue el que le hirió gravemente en la feria de San Isidro mientras el sector más intransigente de la plaza seguía a lo suyo.

Hay que sacar del pozo a Daniel Luque, decidido a recuperar el tiempo perdido y el largo e indeseado paseo por las afueras del toreo. El despertar del otro matador de Gerena ha sido paulatino, firme, constante... Luque volvió a quedar fuera de los planes de la empresa Pagés y tuvo que esperar hasta finales de mayo para abrir fuego en Madrid con una corrida de Victorino Martín. Su verdadero cuartel general iba a trasladarse a Francia, encadenando triunfos y un creciente run-run entre las huestes del toreo. El 14 de agosto, en Bayona, se encerró con seis toros marcando la medida de sus posibilidades. Daniel mantendría esa primacía al norte de los Pirineos y volvería a asomarse a Las Ventas antes de cerrar campaña por tierras aragonesas. Su papel cotiza al alza.

2019: El año que la afición de Sevilla cambió de bando

Mucho más desdibujado ha sido este año el papel de Pepe Moral. Las cosas se torcieron desde el principio, sufriendo un inoportuno percance en Valdemorillo que se complicó más de lo esperado. La reaparición fue en Madrid. No rodaron las cosas. Después llegó el doble pase de Sevilla sin lograr sacar la cabeza con un espeso encierro de El Pilar aunque estuvo cerca de cortar la oreja del único ‘miura’ que se dejó en el cierre. Y de Sevilla, una vez más, a Madrid donde volvió a sentir la censura del público. La cosa empezaba a ponerse cuesta arriba y tuvo que esperar hasta el 24 de agosto en Sanlúcar de Barrameda, vestido de marinero del siglo XVI, para cuajar e indultar un ‘victorino’ que le reconcilió consigo mismo. Sólo toreó una corrida de toros después. En Arlés y con los ‘palhas’, cortando dos orejas. Lo ha dejado con Julián Guerra, su apoderado de las dos últimas temporadas, las que más ha toreado en toda su carrera. Tiene por delante un invierno entero para darle vueltas a la cabeza.

Las cifras no coinciden con el crédito que mantiene aún Juan Ortega, otro torero sevillano pendiente de la oportunidad definitiva para saltar de órbita. Ha basado casi todo en el ruedo de Madrid y aún no se ha presentado como matador en la plaza de la Maestranza. En 2019 sólo ha toreado once corridas de toros y de ellas, cuatro han sido en la plaza de Las Ventas donde mantiene su cartel prácticamente intacto. Tiene a favor su excelente concepto. Necesita un triunfo definitivo y decisivo.

El tercer estrato

La cosa se complica para el resto de la tropa. El camero Esaú Fernández ha logrado vestirse de luces en 11 ocasiones, alternando con alguna incursión a algunas plazas del ámbito rural americano. En España ha basado su campaña en ese desconocido –pero muy activo- circuito de festivales sin picar que ha sumado a las corridas toreadas en un puñado de plazas de tercera, especialmente de la provincia de Cuenca. Lo tiene difícil para romper ese cerco, en el que también vivaquea otro matador veterano como Salvador Cortés, que se ha vestido de luces en seis ocasiones durante la temporada sin lograr asomarse a ruedos de resonancia.

A partir de ahí, el resto de matadores sevillanos se hunde en el sótano del escalafón. Lama de Góngora, que apostó su vuelta a los ruedos españoles a la corrida toreada el pasado año en la plaza de la Maestranza, no ha logrado salir del ostracismo. La antigua promesa sólo ha toreado cuatro corridas en España, alternando con dos bolos en ruedos menores mexicanos, la tierra que sirvió de refugio al torero después del eclipse que siguió a su alternativa.

El caso de Rafa Serna es algo diferente. No ha toreado apenas, es verdad. Sólo se ha anotado cuatro tardes en ruedos españoles pero dos de ellas han sido, respectivamente, en Sevilla y Huelva. En la Maestranza, además, cortó una oreja que le podría avalar una hipotética repetición en 2020. En Huelva tampoco pasó desapercibido aunque lo que pase o deje de pasar en las puertas que se le abran el año que viene será crucial para seguir caminando o pararse en seco. Antonio Nazaré, por su parte, ha podido cumplir tres paseíllos vestido con el uniforme del cuerpo en ruedos de escasa resonancia. Es un caso parecido al de Javier Jiménez, que se anota una corrida en Cenicientos, dentro del cinturón de plomo de Madrid; otra en el santuario torista francés de Vic-Fézensac y un viaje a Perú. Como Nazaré, estuvo a punto de subirse al carro gracias a varios triunfos esperanzadores que no tuvieron la continuidad necesaria.

Alfonso Cadaval es un torero de reciente y digna alternativa –la tomó en la plaza de la Maestranza en la feria de San Miguel de 2018- que sólo ha vuelto a enfundarse el vestido de torear en dos ocasiones tras ese doctorado, una de ellas en Sevilla. El año que viene, ésa es la verdad, parte de cero. Es una situación parecida –salvando los años de alternativa que les separan- a la que atenaza a Alfonso Oliva Soto, que está encontrando un escape a su ostracismo en ruedos peruanos, donde se ha labrado su propia fama. En España sólo se ha anotado un paseíllo: fue en la plaza de Las Ventas, en uno de los llamados ‘desafíos ganaderos’ organizados en el verano madrileño en el que el camero pasó de puntillas.

Cierra la lista de matadores sevillanos el último en incorporarse a ella. Se trata de Ángel Jiménez, que logró tomar la alternativa en la pasada feria de San Miguel instalado en un cartel de auténtico lujo. Su caso es el de una peculiar resurrección taurina después de quedarse prácticamente parado como novillero. En la entregada tarde de su doctorado cortó una oreja que, usualmente, franquea la puerta a una nueva oportunidad en el coso maestrante. De él depende aprovecharla. Se lo juega casi todo a ese único cartucho.


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