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Observatorio taurino

A metro y medio de la nada

El mundo taurino y la sociedad sevillana permanecen pendientes de la resolución definitiva de la delegación del Gobierno que autorizará –o no- el plan de contingencia presentado por Pagés

12 abr 2021 / 12:17 h - Actualizado: 12 abr 2021 / 12:18 h.
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Líneas paralelas

12 de abril de 2021: La empresa Pagés ha comenzado a vender en las taquillas de la plaza de toros de la Maestranza las entradas sueltas del serial de festejos que debería comenzar el próximo domingo. Ya conocen el hipotético cartel: toros de Victoriano del Río para Morante de la Puebla, Andrés Roca Rey y Pablo Aguado. La combinación de toreros –y especialmente el duelo demorado entre Pablo y Andrés- no se reeditaba desde aquel 10 de mayo de 2019 que alumbró la irrupción de la nueva gran figura del toreo sevillano. Pero a estas alturas nadie habla de toros y de toreros. Ésa es la verdad...

Ramón Valencia, siguiendo el guión marcado hace justo un mes, presentó a mediodía del pasado miércoles su célebre plan de contingencia en la delegación del Gobierno andaluz en Sevilla para conseguir los permisos necesarios para reabrir el coso del Baratillo sorteando el traído metro y medio de separación de espectador a espectador que consagra el BOE del pasado Martes Santo y confirma la actual regulación andaluza de espectáculos. Ya conocen de sobra las cifras y los datos relacionados. El gerente de Pagés condiciona la apertura de la plaza a poder contar con la mitad de su capacidad. Son poco más de 5.000 localidades que, evidentemente, quedarían lejos de las 1.300 largas que aforaría el coso maestrante aplicando la separación en vigor. A partir de ahí, administración y empresa hablan idiomas muy distintos...

Distintas interpretaciones

Pagés se acogería a la difusa e interpretable coletilla legislativa que reza que “cuando no sea posible mantener dicha distancia de seguridad, se observarán las medidas de higiene adecuadas para prevenir los riesgos de contagio”. Su propuesta incluye el ofrecimiento de mascarillas de alta seguridad y hasta una carpa equipada para realizar test de antígenos a todos los espectadores. Pero hay más. La web oficial de la empresa Pagés publicaba este mismo lunes que “para la entrada a la plaza en los festejos del 18 de abril al 2 de mayo habrá que acreditar con el documento correspondiente en la puerta de acceso estar vacunado o haberse realizado una PCR o test de antígeno con un máximo de 72 horas antes del festejo”. Son las guindas de un plan más complejo que debe haber sido estudiado en estos días por el equipo de Ricardo Sánchez, delegado del gobierno, que marcó el plazo máximo de una semana para contestar a la empresa Pagés.

Mientras se espera la resolución protocolaria de la delegación del Gobierno –podría demorarse hasta el miércoles- se han sucedido distintas declaraciones de distintos miembros del ejecutivo andaluz preparando un terreno que parece ya sentenciado. Primero fue Marín, luego el presidente Moreno... hasta llegar a las contundentes declaraciones de Bendodo, que ha echado el penúltimo jarro de agua fría a este viaje incierto que ya se ha enredado en su propio bucle melancólico. La sucesión de acontecimientos y reacciones, además de la creciente atención mediática, ha provocado una evidente presión sobre el gobierno andaluz que, ésa es la verdad, está demorando más de lo aconsejable una decisión en la que no faltan chispazos entre las distintas facciones geográficas de la cúpula andaluza del PP.

Presión e incertidumbre

Pero ésa no es la única presión que están recibiendo las autoridades gubernativas de la Junta de Andalucía. Mientras se barrunta la cancelación de los festejos primaverales programados en la Maestranza con el 50% del aforo se ha autorizado una corrida de campanillas en Mérida –Manzanares, El Juli y Aguado con toros de Algarra- con ese mismo porcentaje de taquilla. En Castilla La Mancha han ido más lejos y se ha ampliado hasta el 75% “conforme a los protocolos”.

Hay más efectos colaterales en medio del desaguisado. El gremio hostelero está íntimamente vinculado con el fenómeno taurino. Y de muestra un botón: el taurinísimo hotel Gran Meliá Colón, que dirige la imprescindible Rosana González, deja aún un resquicio a su apertura después de un largo año en barbecho. El pasado viernes ya se tenía prácticamente tomada la decisión de permanecer cerrados hasta septiembre pero la dirección quiere agarrarse al último clavo ardiendo a pesar de los tremendos escollos que tendría que sortear para equipar y poner a punto las instalaciones en menos de una semana. Pues así todo...

Pero hay un acontecimiento reciente que permite dibujar nítidamente el panorama real: el pasado sábado se suspendió, a pocas horas de su estreno, la función prevista en el Teatro Central de Sevilla. La Junta de Andalucía obligaba a mantener la distancia de seguridad entre espectadores –el famoso metro y medio- haciendo inviable la representación. Antes de ese punto de inflexión, la grey taurina había venido reclamando –con razón- igualdad de trato con otros espectáculos. Lo que nadie podía atisbar es que esa igualdad de trato iba a tener ese sentido inverso. Mientras tanto –eso dicen- hay un propio de la Junta armado con un metro (y medio) calibrando localidades y tendidos contribuyendo a convertir este inmenso descalzaperros en un esperpento. España no hay más que una.


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