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Aguado y García Reyes: una mirada al toro desde la palabra

El matador y el periodista protagonizaron un nuevo ‘Mano a Mano’ de la Fundación Cajasol

02 oct 2019 / 12:47 h - Actualizado: 02 oct 2019 / 12:50 h.
  • Aguado y García Reyes: una mirada al toro desde la palabra

El toro y la palabra. Ese era el hilo conductor del nuevo ‘Mano a Mano’ de la Fundación Cajasol, esa iniciativa que marida el mundo de la cultura, la sociedad y el toreo en un acto que ha cumplido, pleno de salud, su edición número 55. En esta ocasión fue el turno del matador de toros Pablo Aguado y el escritor y periodista Alberto García Reyes. Sus nombres, inevitablemente, evocaban dos de los sucesos más relevantes que ocurrieron a un lado y otro de la barrera en esta temporada taurina que ya empieza a enseñar su final. El periodista logró cambiar el rumbo del pregón taurino que organiza la Real Maestranza en el teatro Lope de Vega en la mañana del Domingo de Resurrección. Lo hizo con un texto cargado de fuerza lírica, conocimiento taurino y sentimiento de la propia ciudad. De alguna manera, era el mismo sentimiento que presidió aquella faena reveladora que cuajó Pablo Aguado en la tarde del Viernes de Farolillos. Ese trasteo revelador, que cambió el rumbo de la temporada y hasta el mapa reciente del toreo, ya está en los anales de la propia plaza de toros.

Esta nueva cita proponía la revisión de un tema que ya es recurrente: la relación entre el toreo, la literatura y el periodismo –la palabra- como tema central, aunque en ella se ahondó también en las trayectorias de ambos ponentes bajo la moderación del periodista y director de ‘Toromedia’, José Enrique Moreno. Una sonora ovación subrayó la expectación que había despertado este encuentro. No hay que olvidar que las invitaciones disponibles se habían agotado pocas horas después de ponerse a disposición del público.

“Pablo utilizó las herramientas de los toreros, el capote y la muleta, para conseguir uno de los triunfos más rotundos que se recuerdan en Sevilla y Alberto consiguió triunfar en su pregón a través de la palabra”, indicó el moderador antes de presentar a sus invitados. José Enrique Moreno usó el propio pregón de García Reyes como hilo conductor de la sesión evocando el “miedo” como primera idea. “Es que el miedo al escenario es tremendo y además si tienes que sumarle el miedo al toro antes que poder expresarte artísticamente... eso sólo puede estar al alcance de los superhombres” señaló Alberto García Reyes. “Es que el miedo es necesario”, apostilló el matador. “Gracias a ese miedo valoramos mejor lo que estamos haciendo”, añadió Aguado viajando hasta el grandioso triunfo de aquel 10 de mayo, un acontecimiento que, de alguna manera, ya se ha convertido en un referente inalcanzable. “Con el tiempo llega hasta a pesar porque luego estás obligado a repetirlo; llegas a verlo difícil y cada vez lo valoras más”, apostilló Aguado.

El periodista leyó algunos fragmentos de su pregón –proyectados en la sala- que sirvieron para reflexionar sobre la literatura. “Cuando escribimos debemos perder un poco la cabeza”, argumentó García Reyes comparando su pregón, de alguna manera, con el triunfo del torero sevillano. “Es que cuando una cosa es tan excelsa es mejor que no vuelva a ocurrir”, argumentó el pregonero. “Cuando ves a torear a Pablo, olvidándose de sí mismo... ¿tú te olvidas de ti mismo?”, interrogó al torero. “Todas las artes convergen en lo mismo, nacen de un sentimiento concreto”, respondió Aguado apostillando que “la valentía no es no tener miedo sino afrontarlo; un torero no puede ponerse delante de un torero como si fuera a torear de salón”.

El texto de García Reyes también sirvió para reflexionar sobre el alma taurina de Sevilla y su plaza de la Maestranza. “Es un templo y su monumentalidad ya te lleva a hablar bajito; el ambiente y los aficionados que hay allí sentados... es un museo vivo del toreo que hay que defender y conservar. Eso es lo que la hace distinta”, espetó el pregonero taurino señalando que “uno se va mejor de allí, eres hasta mejor persona”, haciendo alusión a la gran faena del joven matador sevillano. “Es un templo”, repitió Aguado. “La plaza, la mires por donde la mires, es distinta a las demás”, remachó.

Pero el pregón seguía sirviendo de hilo conductor. En la pantalla del escenario se proyectó un nuevo fragmento: “El toreo es un huracán que no puede con una hojita de papel”, rezaba el texto, que necesitaba ser reinterpretado desde la propia visión del torero. “Ser capaz de pegar un capotazo despacio a la velocidad que va ese animal, con esa fiereza, es algo tan difícil que los toreros no somos capaces de explicar”, advirtió Pablo. Esa reflexión sirvió para evocar el concepto de toreros como Curro Romero y Rafael de Paula. “Es que vivimos un momento en el que el arte está falto de profundidad”, argumentó García Reyes invocando la “personalidad” como una de las virtudes fundamentales del artista. “Son bolas que caen del cielo y a este señor le ha caído esa bola”, bromeó el pregonero señalando al torero.

Pero había que volver a intentar asomarse a la entraña del toreo, un arte que es fácil de sentir pero muy complejo de explicar según afirmó el matador que sí supo adentrarnos en su renovado concepto. Es el que le ha convertido en uno de los intérpretes imprescindibles de la nueva hornada de matadores: “tenía un cacao en la cabeza, entrenaba muy forzado y de vez en cuando ensayaba algo que creía que era irreal; empecé a cambiar de mentalidad y recordé un consejo de Pepe Luis: esto es más sencillo de lo que parece, me dijo”. “Me di cuenta de que era la mejor forma de llegar a ti mismo ni a la gente; antes de Sevilla lo pasé fatal y no era capaz ni de coger un capote. Luego llegó el día y embistieron los toros y me di cuenta de que lo que decía Pepe Luis era verdad. Las cosas son más sencillas de lo que parecen”.

“Lo más importante en el toreo es el ritmo”, prosiguió Aguado para seguir definiendo su concepto. García Reyes aludió a la “naturalidad”. Pero había que recordar, una y otra vez, la faena reveladora de Pablo Aguado, diseccionada por el propio matador. “Llegas a un punto en el que te olvidas de todo, sólo escuchas los oles y a lo mejor por eso, precisamente, llegan esos oles”. Aguado –recordó José Enrique Moreno- recibió después de su actuación en Sevilla la llamada de Curro Romero, presente en la sala, al que situó como uno de sus referentes taurinos. Pablo recordó entre risas una anécdota de aquella conversación: “No pegues más largas cambiadas que eso es para toreros sin recursos”, le indicó el Faraón.

La charla ya entraba en su recta final recurriendo a una nueva cita del pregón de García Reyes. “¿No va a ser grande el toreo, si Dios ha escogido para su grandeza a hombres como Curro y los ha puesto al servicio de esta obra? Lo digo más claro: con Curro se demuestra que a Dios le gustan los toros”. Pero el acto guardaba una sorpresa final. José Enrique Moreno invitó a García Reyes a coger la guitarra. Nos sorprendió con una interpretación virtuosa que fue acompañada por los lances al aire de Pablo Aguado. Entre artistas –con la palabra en medio- estaba el juego.


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