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Observatorio taurino

Algunas decisiones aplazadas

El nefasto desarrollo de la pandemia obliga a pensar en otras prioridades. La hipotética feria de septiembre aún no tiene oficialidad mientras crecen los plazos preventivos

23 mar 2020 / 12:43 h - Actualizado: 23 mar 2020 / 12:53 h.
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Cumbres borrascosas

23 de marzo: Ya tenían que haberse celebrado las ferias de Fallas y la Magdalena de Castellón además de un largo rosario de festejos ya cancelados o por cancelar que dibujan un panorama sombrío para una temporada que aún no tiene fecha de reanudación. En realidad, apenas había comenzado más allá del habitual puñado de festivales y las citas de Illescas y Olivenza. Pero el punto de arranque de la gran temporada estaba fijado a las orillas del Turia. El periodista sevillano Juanma Lamet ha publicado en El Mundo un revelador estudio que pone precio a esta particular tragedia del negocio taurino: 700 millones de euros que no contabilizarían la previsible suspensión, aplazamiento o modificación del normal desarrollo de San Isidro, que se quedó con los carteles por presentar. Aún no se ha dado oficialidad –seguramente son muchas las teclas que tocar mientras brotan otras prioridades- al previsible traslado de la Feria de Abril hasta el estreno del otoño. Esa falta de confirmación municipal es la que necesitaba la empresa Pagés para dar carta de naturaleza a su primer proyecto: reducir toda la temporada taurina hispalense a una semana de toros en torno a San Miguel. Ambos extremos –casetas y toros en la tercera semana de septiembre- tendrían que ir de la mano pero permanecen aún dentro del terreno de la declaración de intenciones y ya han encontrado algunos escollos, como la firme negativa de los dueños de las atracciones de la ‘Calle del Infierno’, que ven inviable la fecha por su coincidencia con otros ciclos festivos.

De la primavera al otoño

Con esos mimbres, además de la ampliación del estado de alarma y la atención a las verdaderas y más urgentes necesidades de los ciudadanos, toca aplazar algunas decisiones. ¿Por qué? La situación es infinitamente más sombría que hace una semana. Las frías estadísticas crecen en progresión geométrica mientras empezamos a ponerle nombres y apellidos a algunos muertos que nos ofrecen la verdadera percepción del problema. Una cosa son los números del señor de la rebeca y otra, bien distinta, es tener la certeza de que aquí se muere de verdad. El panorama es complicado, por más que algunos sueñen con procesiones y ensaladas de pasos en las calles. Mientras tanto han trascendido otras noticias, como el seguro traslado de la Feria del Caballo de Jerez –que también se da por amortizada en sus fechas habituales- a la primera quincena de octubre y en torno al puente festivo del Pilar. En Córdoba también se esbozan fechas septembrinas que se solaparían con el extenso e intenso calendario festivo de ese mes, que ilumina toda la piel de toro. El empeño es complejo: trasladar todas las fiestas de primavera al otoño no será fácil. No sabemos hasta qué punto necesario...

Algunas decisiones aplazadas

Anecdotario

El lance viene a cuento del confinamiento derivado del estado de alarma impuesto por el traído y llevado coronavirus. Las medidas se amplían hasta el Sábado Santo mientras crece la certeza que podría ampliarse mucho más. La pandemia ha llegado para cambiar muchas cosas pero el asunto viene al pelo para hablar de un personaje singular que nunca ha sido bien contado y que vivía en su propio mundo. Se trata de Rafael Gómez Ortega, Rafael El Gallo, el hermano del gran Joselito. Al Divino Calvo le habían pillado los primeros tiros de la Guerra Civil en Madrid, vivaqueando en una pensión de la carrera de San Jerónimo. Su aislamiento físico y mental le llevó a preguntarse qué hacía tanto “sordao” por la calle, algunos días después del alzamiento del 18 de julio. Hay quien asegura que cuando se enteró del fregado se metió una buena temporada en la cama. La frase ha quedado en el anecdotario particular de un personaje que merece ser profundizado más allá de su pintoresca fachada, que oculta a un torero y un hombre inclasificable. Rafael pasó el resto de la guerra casi hibernado y no pudo volver a Sevilla hasta el final de la contienda. No dejan de ser historias para entretener estos tiempos de pan llevar. Ya les contaremos algunas.


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