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Observatorio taurino

Comienzan los movimientos de trastienda

La adjudicación de las plazas de Morón o Granada delatan las primeras movilizaciones en las trincheras del toreo en el segundo año del covid

04 ene 2021 / 13:36 h - Actualizado: 04 ene 2021 / 13:39 h.
"Observatorio taurino"
  • La reaparición puntual de Jesulín y, sobre todo, el gran triunfo de Pablo Aguado han sido, hasta ahora, los últimos acontecimientos de la plaza de Morón. Foto: Efe-Julio Muñoz.
    La reaparición puntual de Jesulín y, sobre todo, el gran triunfo de Pablo Aguado han sido, hasta ahora, los últimos acontecimientos de la plaza de Morón. Foto: Efe-Julio Muñoz.

Un coso recuperable

La información taurina no da demasiada tregua. Si habíamos despedido el año celebrando la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes para la Real Maestranza de Sevilla, lo estrenábamos con la mesa puesta aún y una nueva noticia que ponía sobre el tapete de la actualidad el nombre de José María Garzón. Su empresa, Lances de Futuro, será la encargada de gestionar la plaza de toros de Morón en los próximos cinco años. Se trata de un plan de alcance que va más allá de levantar la persiana, montar una corrida de circunstancias y esperar al año siguiente si las cuentas no dan un susto. El plan inicial abarca un lustro y pretende dar toros en septiembre, en torno a la feria de la localidad que se celebra a mitad de mes. Pero la organización de los hipotéticos festejos se acompañará de las actividades culturales y promocionales que forman parte de la imagen de marca de la empresa que dirige el emergente gestor sevillano, que refuerza así su presencia en la provincia de Sevilla y apuntala el maltratado circuito rural, clave en la verdadera recuperación del negocio.

Hay que recordar que la plaza de Morón fue levantada en plena apoteosis global del ladrillo y en medio de la efímera gloria particular de Manolo Morilla, que había vivido su propia apoteosis personal como apoderado de Jesulín de Ubrique hasta su traumática ruptura. Degenerando, como el banderillero de Belmonte, acabó convirtiéndose en alcalde de su pueblo. Y en medio de esa ola se levantó la plaza de Morón sin ahorrar en gastos. En la inauguración oficial, el 19 de marzo de 2001, no faltó el mismísimo Manuel Benítez ‘El Cordobés’ abriéndole cartel a Ponce y El Juli. Los tres, lógicamente, tenían veinte años menos. Nosotros también. En los primerísimos años se montaron carteles de alta gama sin que el gran público, ay, terminara de hacer suyo ese embudo de hormigón en el que Morilla hacía su entrada a golpe de pasodoble y megafonía.

Apoteosis y decadencia de la plaza

La cosa, en definitiva, acabó languideciendo hasta el punto de quedar clausurada taurinamente el 21 de septiembre de 2008 con un cartel para salir del paso. Las fechas no son casuales: 2001 era la cúspide; el vino y rosas de ese neodesarrollismo hortera que acabó sepultado en el propio hormigón con el que había regado el paisaje de la piel de toro. En 2007 se alcanzó la cima y llegó el desplome económico que tanto afectó al toro. Fue un crack crudo, inapelable, rotundo... Y la plaza de Morón –símbolo material de los que estaba pasando en España y en el toreo- quedó en barbecho hasta 2016. Antonio Sanz, un empresario de las orillas, reabrió la plaza sin complicarse demasiado, tirando del rentable cartel mediático del Cordobés Díaz, Rivera y El Fandi.

Al año siguiente se formó la mundial: Manuel Díaz alternaba por primera vez con su hermano de padre, Julio Benítez, en un inédito mano a mano que llenó la plaza hasta los topes... Aquel rentable binomio familiar quedaría truncado por el gravísimo accidente de Julio y las severas lesiones de cadera de Manuel. Mientras tanto, la estrella de Antonio Sanz también se había apagado, dejando el campo libre a Carmelo García, que el 24 de marzo de 2019 organizó la vuelta puntual de Jesulín de Ubrique –su antiguo jefe de filas- en un festejo que acabaría entrando en la historia por el indulto de ‘Toledano’, un excelente ejemplar de El Torero que sirvió para certificar que Pablo Aguado estaba preparado para el asalto a la cumbre. Carmelo, por cierto, había organizado este mismo mes de marzo una corrida de toros. Fue uno de los primeros festejos en caer cuando la pandemia ya era una certeza irremediable...

La plaza, en definitiva, ya está bajo la batuta de José María Garzón. En sus manos está encontrarle un definitivo lugar en el mundo. Y hablando de Garzón: el sevillano también optaba a renovar la gerencia de Monumental de Frascuelo, el imponente e histórico coso de la capital granadina. Pero el gato lo ha llevado al agua otro antiguo inquilino que habrá removido Roma con Santiago para ponerse al timón. Hablamos, nada más y nada menos, que de los hermanos Toño y Jorge Matilla –fontaneros de casi todos los entresijos del toreo- que se han impuesto al resto de las ofertas presentadas. ¿Hay una guerra soterrada en los cuartos de banderas de este singular planeta de los toros? Todo podría ser...

De las medallas de las Bellas Artes

Ya lo hemos dicho: la concesión de la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes a la Real Maestranza de Sevilla fue una de las mejores noticias del fin de año. El 350 aniversario del instituto del cuerpo nobiliario era una fecha más que redonda para materializar este reconocimiento que se ha sumado a otras distinciones recientes como la Medalla de Oro de Andalucía.

No hace falta subrayar demasiado el impresionante radio de acción que el cuerpo de caballeros maestrantes extiende en torno a la beneficencia, el mecenazgo artístico y cultural, el compromiso social y –cómo no- el apoyo a la Tauromaquia y el arte ecuestre que pertenece a sus propios genes. La Maestranza, propietaria de la plaza de toros más bella del mundo, no ha tenido suerte con la celebración de su aniversario pero las cosas han tenido un excepcional inicio y clausura. Todo empezó con la presencia del rey Felipe VI, su Hermano Mayor, y se cierra con la concesión de esta medalla de las Bellas Artes que no puede tener mejores destinatarios.

Comienzan los movimientos de trastienda
Este brindis sirvió para reconciliar a Rivera Ordóñez y Morante de la Puebla después de la polémica de las medallas de Bellas Artes en 2009.

Polémica en 2009 y reconciliación en 2013

La noticia, en cualquier caso, nos lleva a recordar que el reconocimiento del mundo taurino por parte de las autoridades culturales –aunque no sea el caso específico de la Maestranza- es relativamente reciente. La lista la abrió Antonio Ordóñez en 1996. Pero aquella distinción llegó un poco tarde. Libres de complejos, los franceses ya habían concedido un año antes al genial rondeño la más preciada condecoración de la república: la Legión de Honor.

Algunos años y medallas después llegó el escándalo. La concesión de la preciada presea a Francisco Rivera Ordóñez, nieto del maestro, ocasionó un cisma con Morante primero, y la polémica devolución de las medallas de Paco Camino y José Tomás después. Ambos se dejaron llevar por los manejos de cierto personaje que ya está difunto pero la pregunta es... ¿Habrían hecho lo mismo en vida del maestro de Ronda? Lo dejamos ahí. Agua pasada no mueve molino. Por cierto: tuvieron que pasar cuatro años más para que Rivera y Morante enterraran el hacha de guerra. Todo quedó sellado a raíz del brindis que el diestro de la Puebla realizó en abril de 2013 al hijo mayor de Paquirri. El campo quedaba despejado para que el artista cigarrero se encerrara en solitario en la gran Goyesca de aquel año. Llegó por los pelos, después de un mes en el dique seco a raíz de la fortísima cornada de Huesca.


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