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Curro y Canorea: un feliz binomio que no empezó bien

La historia taurina del recordado empresario manchego y el Faraón de Camas siguió caminos paralelos desde 1959 hasta 2000 aunque en 1960 estuvieron a punto de no entenderse

12 sep 2020 / 10:05 h - Actualizado: 12 sep 2020 / 10:12 h.
"Toros"
  • Curro Romero. / Paco Cazalla
    Curro Romero. / Paco Cazalla

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Diodoro Canorea había desembarcado al frente de la gerencia de la empresa Pagés en 1959, y por extensión de la propia plaza de Sevilla, por su matrimonio con Carmen, hija del célebre empresario catalán Eduardo Pagés que había firmado el primer contrato con la Real Maestranza en 1932, hace casi 90 años y tres generaciones familiares. Pero aquel lejano 1959 fue también el debut en Sevilla de Curro Romero como matador, plaza en la que se había presentado como novillero el 26 de mayo de 1957 abriendo los cimientos de un romance que aún perdura. Menos de dos años después, en las Fallas de 1959, llegaría la alternativa de manos de Gregorio Sánchez. Pero el camero tenía una cita en Sevilla el día 19 de abril de aquel año, con toros de Peralta, que volvió a resolverse con un resonante éxito.

Curro y Canorea: un feliz binomio que no empezó bien
Diodoro Canorea se mantuvo al timón de la plaza de la Maestranza desde 1959 hasta 1999.

Curro toreó otras dos tardes en la plaza de la Maestranza en esa campaña pero, algunos meses después, el 11 de enero de 1960, se presentaron los carteles de la temporada siguiente, la segunda que montaba Canorea. El nombre del joven matador de Camas no aparecía en ellos... ¿Qué había ocurrido? ¿Por qué se había quedado fuera de la plaza que ya lo había adoptado como algo propio? Conviene recurrir a la hemeroteca –buceando en los fondos impagables del investigador sevillano Luis Rufino- para certificar que los inicios de aquel feliz binomio Romero-Canorea no fueron fáciles.

‘Pueblo’, aquel diario emblema de la prensa del Movimiento, ya había censurado los carteles sevillanos en su edición del 13 de enero destilando un aire publicitario que no era ajeno a los parámetros en los que se movía cierto sector de la prensa taurina en esa época. “En la noche más fría que se recuerda en Sevilla nacieron, bajo ese signo de frialdad, los carteles de su feria de abril, en los que el público no encontrará el calor de cumbres toreras que se esperaban, como Pepe Luis, Manolo González , Chamaco y Curro Romero”. ‘Pueblo’ remataba el lance señalando que “la afición tratará de explicarse, si estos carteles quedan así en definitiva, el porqué de las citadas ausencias”.

La célebre revista ¡Oiga!, en páginas interiores del número correspondiente al 19 de enero –destilando la misma atmósfera publicitaria- titulaba así: “Sorprende en toda España la exclusión de Curro Romero de los carteles de nuestra Feria”. Se hacían eco de unas declaraciones anteriores del apoderado del camero, Diego Martínez, que habían sido publicadas en el diario El Alcázar el día 15. El mentor del camero hablaba de las negociaciones con “los señores Moreno y Canorea” para que el futuro Faraón estuviera presente en dos corridas de la Feria de Abril. Una de ellas, la de Peralta, ya parecía tener el visto bueno de ambas partes. La segunda, según la versión del apoderado, tenía que haberse escogido entre los hierros de Cobaleda o Benítez Cubero. “...no he vuelto a tener otra noticia que la hecha pública por la citada empresa al detallar los carteles sevillanos sin la inclusión de Curro Romero”, sentenciaba el tal Diego Martínez.

Curro y Canorea: un feliz binomio que no empezó bien
Curro Romero alternó con Manolo y Pepe Luis Vázquez en la despedida del maestro de San Bernardo, el 20 de septiembre de 1959 en Madrid.

Romero entra en la Feria

Pero las cosas, entre la impaciencia de los partidarios de Curro Romero y la marejada mediática atizada desde la prensa de la época, acabaron encontrando una solución. Los carteles que el bueno de Diodoro Canorea había presentado aquel gélido 11 de enero de 1960 iban a verse modificados sustancialmente. La revista ‘¡Oiga!’, en su edición del primero de marzo de aquel año, vuelve a funcionar como notaria de aquellos acontecimientos. “Nos consta que la empresa estaba apesadumbrada, que eran muchos los aficionados que en Sevilla y fuera de ella habían hecho patente su disgusto por esta omisión, y por eso, tan pronto se ha presentado la ocasión propicia, la empresa rectifica el error, incluyendo en los carteles al formidable torero”, señalaba la célebre revista en un artículo titulado “¡¡Por fin!! Curro Romero toreará en la feria”.

¿Cómo se “rectificó” ese “error”? Las cinco corridas previstas inicialmente para la Feria de Abril de 1960 se completaron por delante –el día 26 de abril- con otro festejo más de carácter benéfico que, según la crónica de ‘¡Oiga!’ tenía que servir para engrosar “la suscripción que la ciudad ha iniciado a propuesta de nuestra primera autoridad civil, para acabar de una vez y para siempre con el chabolismo...” Esa primera autoridad civil, la del gobernador Altozano Moraleda, fue determinante para ampliar el ciclo ferial.

Según la versión de la citada revista, en un primer momento se había pensado en organizar una corrida concurso de ganaderías con la actuación coral de los nueve toreros contratados inicialmente en la Feria. La empresa desestimó la idea, temerosa de exponer a la nómina de coletudos antes del verdadero grueso del ciclo. Tampoco se consideró conveniente que esa corrida de beneficencia se colocara al final del serial en una fecha, la del 2 de mayo, en la que ya habrían apagado los farolillos de la fiesta.

Una cifra fabulosa...

La solución final sería invocar el nombre de Curro Romero apaciguando de paso los ánimos de los aficionados que habían clamado contra su exclusión de la cartelería sevillana. El apoderado del camero, Diego Martínez, se encontró con Canorea y su gerente en el hotel Colón el 20 de febrero de aquel año. "De la entrevista, extensa y cordial, salió todo hecho”, narraba la revista. Curro Romero entraba en la Feria, pero no sólo en esa corrida benéfica del día 26 para la que se aceptó el ofrecimiento de Manolo Vázquez sin que el nombre de Antonio Ordóñez, que también había planeado para ese festejo, llegara a colgarse finalmente en dicha fecha.

Curro actuaría también en la función del primero de mayo, con las pretendidas reses de Peralta, “por ser en la que se lidian toros de la divisa con los cuales obtuvo el pasado año su grandioso triunfo”. Y los contratos se firmaron, rubricando una cifra más que abultada para la época: 300.000 pesetas -1.800 euros de hoy- y un porcentaje sobre la taquilla que la publicación citada consideraba en aquel lejano año de 1960 “el más importante de los que, con condiciones fijas, ha firmado la empresa”.

Y aunque Curro estuvo en la feria, las cosas no terminaron de rodar. El día 26 de abril, fecha de la traída y llevada corrida benéfica, se lidió un encierro de Núñez que Curro estoqueó en unión del nombrado Manolo Vázquez y el modesto diestro sevillano Antonio González que había tomado la alternativa el año anterior. Por delante desfilaron los hermanos Peralta, que rejonearon por colleras un ejemplar de su propia ganadería. Los jinetes de La Puebla, por cierto, también se vieron envueltos en cierta polémica aquel año por un supuesto veto al rejoneador Salvador Guardiola, que se quedó fuera de la Feria. El caso es que Curro tampoco terminó de enderezar la tibia impresión anterior el primero de mayo... y hubo que esperar al día del Corpus, anunciado junto al reaparecido Manolo González y el bravo Jaime Ostos para tumbar seis de Tassara a plaza llena...

Curro y Canorea: un feliz binomio que no empezó bien
Curro Romero abrió la Puerta del Príncipe por primera vez el día del Corpus de 1960 después de desorejar a un sobrero de Tassara. Foto Arjona

El Corpus del 60: primera Puerta del Príncipe

La corrida no se dio mal para Manolo González, que cortó una oreja; Ostos, sin lote a favor, se conformó con una vuelta al ruedo y Curro, que pinchó una gran faena al tercero, barajó pocas opciones con el sexto. Con la gente en desbandada, el camero pidió el sobrero. Los picadores ya se habían marchado de la plaza y acabó subiéndose al caballo –vestido de paisano- el varilarguero algabeño Alejandro González que había sido contratado como reserva aquella tarde y se había mudado de ropa en la misma plaza. Mientras daban con él, Curro se hartó de pegarle lances a aquel toro de Tassara al que cortó dos orejas que le franquearon de par en par la primera Puerta del Príncipe de su larguísima carrera.

Epílogo

Pasaron 40 años que fortalecieron el maridaje profesional de Diodoro Canorea y Curro Romero. Pero la inapelable dictadura del calendario iba a poner fin a toda una época: la mitad de un siglo de toros y vida en la plaza de la Real Maestranza. La Feria de Abril de 2000 la había preparado el propio empresario manchego. Pero no pudo verla. La muerte le sorprendió el 28 de enero de 2000 montando su última temporada. El veterano empresario de la plaza de la Maestranza arrastraba algunos achaques y había tenido que afrontar alguna intervención de cierta relevancia pero seguía haciendo vida normal y, sobre todo, permanecía sumergido en la gestación de lo que de verdad le gustaba: montar corridas, dar toros, alumbrar esa Feria de Abril que presentaba con la célebre mariscada de Río Grande...

Curro y Canorea: un feliz binomio que no empezó bien

El tiempo se estaba acabando aunque entonces nadie podía saber que aquel sería el último año que el nombre de Curro Romero colgaría de los carteles maestrantes, ajustado por su amigo Diodoro. Eduardo Canorea y Ramón Valencia tomaron las riendas de la empresa Pagés respetando escrupulosamente los carteles preparados por su padre y suegro. El camero, que había firmado su propia antología en la feria de 1999, cumplió en abril de 2000 con los cuatro compromisos previstos sin ningún relieve. Nadie podía atisbar que la cuarta de esas corridas -el 2 de mayo, anunciado con Curro Vázquez y Finito para estoquear una corrida de Juan Pedro Domecq- sería también la última. Y es que las cosas iban a torcerse en septiembre. Y de qué manera...

En la feria de San Miguel se produjo la caída sucesiva de los carteles de los nombres de Curro Romero, Manzanares padre, Morante de la Puebla, Emilio Muñoz y Rivera Ordóñez. Morante y Romero, además, se excusaron con sendos partes facultativos que presentaron el mismo día. Se organizó la mundial... El resto es historia conocida: los dos artistas quisieron oficiar un desagravio toreando un festival a beneficio de Andex en el propio coso sevillano. Pero los nuevos gestores desestimaron el evento, que finalmente se celebró en La Algaba el 22 de octubre de 2000. Aquella misma noche, después del festival, se supo que Romero dejaba los ruedos; su última actuación vestido de luces había sido el 10 de septiembre anterior en la plaza de Murcia.

Algo debía rumiar el camero. El nuevo escenario era radicalmente distinto y, en esa tesitura, con el dudoso horizonte de su contratación en la Feria de Abril de 2001, era mejor dejarlo. Curro no estaba dispuesto a variar su estatus en una plaza, la de Sevilla, de la que había sido base durante cuatro décadas en maridaje profesional con el difunto Canorea. “No me voy a arrastrar porque no soy una caja de pescao”, declaró el Faraón en una recordada rueda de prensa en la que, acompañado de Morante, explicó los avatares del festejo que se había organizado para compensar a la afición sevillana por la espantada septembrina. Atrás quedaban las 181 corridas de toros que le había firmado Don Diodoro en la plaza de la Maestranza.


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