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Daniel Luque y Morante incendian las Colombinas

El diestro cigarrero rinde otra plaza en la mejor temporada de su vida en un festejo que volvió a confirmar el grandioso momento del torero de Gerena, que indultó un bravo ‘juampedro’

30 jul 2022 / 09:09 h - Actualizado: 30 jul 2022 / 09:12 h.
"Morante de la Puebla","Pablo Aguado"
  • Luque y Morante a hombros en Huelva. / Foto: Arjona
    Luque y Morante a hombros en Huelva. / Foto: Arjona

Las Colombinas de la plena normalidad -el ciclo choquero ha sido el único que no ha llegado a estar interrumpido por la pandemia- se estrenaron con una interesante y triunfal corrida que sirvió para subrayar dos constantes: la primera es que Morante, en la mejor temporada de sus 25 años como matador, es uno de los toreros de nuestra vida, de muchas vidas. La segunda es que Daniel Luque navega por las ferias -en las ferias que le dejan entrar, que ésa es otra- a un nivel impresionante, muy por encima de muchos de los compañeros que pueblan la primera fila con otro rendimiento. Juntos dieron sentido, argumento y brillantez al primer capítulo de la gran temporada del litoral andaluz que se inició este viernes en Huelva para conmemorar la salida de las carabelas hace 530 años y concluirá en otro mar y otra orilla, a finales de agosto, para honrar a la Virgen del Mar en Almería después de pasar por El Puerto y Málaga.

Morante iba a lidiar en primer lugar un bonito colorao de escaso brío al que toreó de capa con la mismísima gorra. Salió afligido del único puyazo y se desplazó con feble nobleza en las sedosas verónicas del quite. El diestro de La Puebla brindó al cielo -pesaba la memoria del Litri- y escenificó el mejor homenaje posible al maestro choquero en forma de 'litrazo', citando con la muleta escondida tras la cadera izquierda, la planta erguida. Pero faltaba toro -ayuno de alma, de fibra, de todo- por más que Morante se mostrara sembrado en una faena intachable, entregada, hermosa y ceñida en el toreo fundamental y espumosa en los detalles. La estocada fue de libro, como la oreja.

Pero al gran artista de La Puebla le quedaba el cuarto, bien hechurado. Dos largas a una mano, y algunos lances a pies juntos le sirvieron de obertura. El toro salió del caballo pegando frenazos y se vino a la muleta del artista cigarrero con embestida pajuna y cansina. Morante le alivió los viajes, le consintió todo y le acabó endilgando un puñado de naturales rematados con largos pases de pecho. Fue una faena de buenos paladares, dictada en la querencia del animal, que podía durar hasta que éste dijera basta. Pero a Morante no le bastaba: hasta se puso de rodillas en un alarde infrecuente que salió oportuno y natural antes de recetar una estocada en la suerte de recibir. Cayeron las orejas. Ya eran tres. Las palmas sonaron por Huelva...

Apoteosis de Luque

Una, otra, otra más... Luque le formó un auténtico gazpacho al segundo toreando a la verónica cómo sólo son capaces algunos elegidos. A las verónicas, mecidas con medio capote, les sumó una suerte de luquecinas que remató con un auténtico pase de pecho. Las palmas echaban humo y el animal, apretado de cuerna, tuvo aire bravito en el caballo. Luque estaba loco por meterle mano y no dudó en brindar a la parroquia. La faena comenzó con muletazos cambiados, siempre ceñidos, y en la primera tanda formal el bicho se le vino como un rayo. A partir de ahí todo fue in crescendo: los muletazos a media altura, uno de pecho circular, el hondo toreo diestro...

La cosa terminó de ponerse al rojo vivo cuando se echó la muleta a la mano izquierda. Surgieron los primeros naturales, muy espatarrado el torero; bravo y entregado el toro de Juan Pedro. En la siguiente, arrastrando la muleta que acababa de cambiar, se empezó a mascar lo que acabaría ocurriendo. Pero es que el matador de Gerena acabó de formar el lío soltando la espada para hacerle todo tipo de diabluras al animal. En la intensidad de las luquecinas finales no había dudas: el toro de Juan Pedro Domecq, isla de luz en una temporada aciaga, iba a ser indultado.

El quinto echó mano a Daniel en una fea voltereta. Lo estaba toreando casi de salón con el capote pero en uno de los lances, ya eran pura utopía, no le perdonó. Se repuso de inmediato para comprobar que hacía cosas raras por el pitón izquierdo. Pero ahí iba a estar la clave... Luque brindó a Pereda, el empresario de La Merced, y después de los primeros muletazos mandó parar la música. Y se puso a torear... No cabía más entrega y compromiso a pesar de las dificultades que planteaba la remisa embestida. No importó: el diestro de Gerena acabó relajando la planta antes de echarse la muleta por el complejo pitón izquierdo, que acabó rendido. Ésa fue la clave de una faena siempre a más en la que acabó toreando a placer por el palo natural certificando que debe cambiar de órbita de inmediato. El espadazo, feo, sí fue suficiente. Las dos orejas, macizas.

Pablo Aguado trufó verónicas y chicuelinas para parar al tercero pero lo mejor fue la media. Acodado de pitones, no tuvo mal aire en banderillas pero no iba a mantener ese son en la muleta, perdiendo gas como un balón pinchado mientras el diestro sevillano se afanaba en una faena comprometida en los terrenos que no terminó de adquirir argumento. El sexto apenas le dejó esbozar algún lance estimable. Fue un toro que permitió a Iván García formar un lío de los suyos con los palos pero que no terminó de brindar el acople necesario a Pablo Aguado en una labor en la que hubo mejores planteamientos que resolución. El bicho punteaba por arriba, se quedaba corto. No había mucho que rascar y la espada, esta vez, se atascó.

Ficha del festejo

Ganado: se lidiaron seis toros de Juan Pedro Domecq, correctamente presentados. El primero estuvo vacío de todo; el segundo, llamado 'Manzanillo', bravo y repetidor fue indultado. Desinflado el tercero; aquerenciado y remiso el cuarto; complicado el quinto y deslucido el sexto.

Matadores: Morante de la Puebla, de añil y oro con sedas de colores, oreja y dos orejas

Daniel Luque, de corinto y oro, dos orejas y rabo simbólicos y dos orejas

Pablo Aguado, de verde billar y oro, silencio y silencio tras aviso.

Incidencias: La plaza registró dos tercios de entrada en tarde muy calurosa. Se guardó un minuto de silencio en memoria de Miguel Báez 'Litri', el gran maestro del toreo onubense. Saludaron los banderilleros Juan Contreras, Iván García y Alberto Zayas.


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