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Toros

Diego Ventura, nuevas perspectivas

La ruptura amistosa con la familia Lozano abre un tiempo nuevo en la carrera del rejoneador cigarrero. Lo ha conseguido casi todo pero aún tiene alguna espina clavada...

30 oct 2019 / 13:20 h - Actualizado: 30 oct 2019 / 13:23 h.
"Toros","Hermoso de Mendoza","Diego Ventura","Empresa Pagés"
  • Diego Ventura. / El Correo
    Diego Ventura. / El Correo

Nada que no se sepa. Las cifras y los hitos de la carrera de Diego Ventura son apabullantes. El rejoneador de la Puebla del Río ha abierto 17 veces la Puerta Grande de Madrid, ruedo en el que también se anota ser pionero en cortar un rabo como équite y haberse encerrado en solitario con seis toros. Esos dos logros los consiguió en la misma temporada, la histórica campaña de 2018, un año especial que comenzó con el distanciamiento temporal con la empresa Pagés en torno al ganado a lidiar en Sevilla, una plaza que también le ha visto salir en volandas por su Puerta del Príncipe en diez ocasiones. Pero más allá de todo eso hay que destacar el nivel inalcanzable que ha logrado con sus monturas y los nuevos techos que ha hecho tocar a la especialidad ecuestre que vive una extraña y paradójica decadencia. A estas alturas nadie puede negar que Diego Ventura es el número uno indiscutible del toreo montado pero el jinete, que acaba de cerrar su fructífera etapa profesional con los hermanos Lozano quiere más, mucho más. En su revólver faltan algunas muescas que podrían empezar a grabarse con nuevas estrategias...

Una despedida inusual

La despedida de la familia Lozano ha venido acompañada de una carta inédita para estos lances. Más allá de las acostumbradas declaraciones de presunta amistad tras el adiós, la misiva destila un sincero agradecimiento por el lustro de simbiosis entre la poderosa casa empresarial toledana y el jinete de La Puebla. Diego Ventura habla en esa extensa carta, facilitada a los medios hace algunas fechas, de “hitos”, “cimas” y “cumbres alcanzadas” otorgando parte de esos méritos a los Lozano, “mis compañeros de camino en estos últimos cinco años tan difíciles, tan intrépidos, tan importantes y tan inolvidables para mí”.

El rejoneador hace un repaso del equipo humano, comenzando por el patriarca, Pablo Lozano, al que define como “un señor del toreo y de la vida”. Pero el agradecimiento se hace extensivo a Luisma Lozano, actual puntal de la firma, señalando que siempre entendió lo que su carrera “requería y merecía” hasta el punto de defenderla “desde la total implicación y con el empeño como máxima de que se respetara el sitio y las formas que nos corresponden”. Ventura habla de un proceso “duro”, “apasionante” y “fortalecedor” que, a su juicio, ha marcado “un antes y un después” en su ya larga carrera.

Diego Ventura, nuevas perspectivas

Pero Diego tiene unas palabras especialmente atentas para su hombre de confianza en estos cinco años, Pablo Lozano (hijo), al que define como “compañía inmarcesible, leal e incondicional” destacando su “señorío”. “Hemos sido un equipo, Pablo, y todo lo logrado, lo logramos juntos. Juntos subimos cada peldaño y cada pendiente y juntos alcanzamos cada meta. Y han sido metas altas, ¿verdad, Pablo?” se despide el jinete antes de argumentar, sin entrar en ningún detalle, las razones de la nueva orientación profesional de su carrera. Ventura habla de “seguir construyendo” su “propio camino” y apuesta por seguir trazando “nuevos retos” y “soñar con otro hitos” antes de reafirmar el balance positivo junto a los Lozano, un período que define como “cinco años maravillosos y definitivos, fundamentales e inolvidables”. Y si todo ha sido así... ¿Por qué cambiar?

Retos pendientes

La razón del cambio está en esos retos e hitos. Ventura ya ha conseguido muchos, inalcanzables para la mayoría. Están reseñados en el encabezamiento de este mismo reportaje. Pero el gran jinete de la Puebla del Río aún tiene varias batallas por librar y ganar para redondear su apabullante palmarés. En la sombra de este pronunciamiento colea una ecuación triangular que trataremos de desentrañar. En sus vértices se inscriben tres nombres: son los de su rival Pablo Hermoso de Mendoza; sus apoderados, los hermanos Chopera; y la casa empresarial comandada por el multimillonario mexicano Alberto Bailleres que, dicen, podría ser el inminente gestor de la carrera del propio Ventura.

La elección de la casa Bailleres –ojo, sin confirmar aún por los interesados más allá de los rumores periodísticos- tendría un objetivo fundamental: rendir los escenarios que sigue sin pisar hasta el momento y plantar batalla a su rival. Se trata, precisamente, de todos los ruedos que pertenecen a la órbita de la casa Chopera y, por extensión, al área de influencia de su poderdante, el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza. Es bien sabido: el jinete navarro tiene sometido a su ¿compañero? Ventura a un crónico, absurdo e indisimulado veto que sólo ha conseguido un objetivo indeseado: precipitar la nombrada decadencia del toreo ecuestre en coincidencia con la vida activa de los que, posiblemente, son los dos mejores intérpretes de su historia. Sí, de la historia y sin desmerecer el papel precursor de Antonio Cañero, Álvaro Domecq y Díez o la importancia de jinetes como los hermanos Peralta, Álvaro Domecq Romero, Lupi, Moura, Vidrié y tantos más...

Diego Ventura, nuevas perspectivas

El propio Ventura aludía a esta cuestión en las declaraciones previas a su encerrona de 2018 en la plaza de Espartinas, el mismo día y a la misma hora en el que se celebraba el festejo de rejones de la Feria de Abril. El rejoneador cigarrero aprovechó aquel pronunciamiento para proclamar su preocupación por el futuro de la especialidad. Diego habló de “falta de competencia y rivalidad”, abogó por buscar una mayor emoción en el toro lidiado en rejones y denunció, ojito, la falta de nivel en el gran pelotón de rejoneadores. En el mismo envío recordó que esos y otros vetos –aludiendo a su anterior ruptura con los Matilla- le habían alejado de “25 ó 30 ferias importantes” poniendo como ejemplo las plazas de Jerez, Valladolid, Palencia, Bilbao, Salamanca, Nimes o Zaragoza pero, especialmente, los ruedos de Logroño y Pamplona en los que ni siquiera ha debutado.

Hay que remachar una vez más la clave del asunto apuntando al centro de la diana. Ventura ha repetido hasta el cansancio que la inexistente coincidencia y competencia con Pablo Hermoso de Mendoza no es cosa suya. Pero esa guerra fría también supone el veto directo o indirecto de las plazas de la órbita Chopera, reforzada ahora con los caudales mexicanos de Alberto Bailleres, presunto nuevo apoderado del sevillano. Pero los Chopera –apoderados del navarro- han vinculado sus activos taurinos a la familia Bailleres. Se trata de una alianza de una sola dirección, sin que haya una auténtica simbiosis entre ambas partes. Los mexicanos sí tienen mano sobre las empresas de los vascos pero éstos no tienen nada que ver con el resto de los negocios taurinos de los manitos. Con esa nueva alianza –si es que se confirma de una vez por todas- Ventura conseguiría acceder a todas esa plazas que le han venido cerrando sus puertas hasta ahora a la vez que lanzaría un órdago definitivo a su rival. El duelo –si llegara a producirse- sería en el terreno del navarro.

Mientras Ventura ha tenido que navegar en su propia orilla -haciendo la guerra por su cuenta- y Hermoso renunciaba a la única rivalidad posible para ponerle un piso a su propio hijo, la especialidad sigue viviendo momentos de medio tono que a duras penas pueden enjugar otros équites que, sin desmerecer sus méritos, gravitan en otra liga muy distinta. Hay que darle la razón a Diego: el espectáculo ecuestre, después de llegar a donde ha llegado, no puede ajarse en la lidia de ciertas ganaderías en determinadas situaciones y compromisos. El toreo a caballo ha avanzado tanto; ha logrado tantas cotas a lomos de cabalgaduras inolvidables domadas y preparadas por los propios Hermoso y Ventura -impensables en los sueños de los pioneros de la especialidad- que demanda nuevos retos, emociones renovadas y -sobre todo- la presencia de un toro bravo, de mayor codicia y durabilidad. Ése es el reto...


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