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Toros

Doce campanadas taurinas (y un campanazo de Morante)

La pandemia desplazó el comienzo de la temporada sevillana que tuvo que esperar hasta el otoño para recuperar una Feria que tuvo un nombre propio indiscutible

30 dic 2021 / 10:04 h - Actualizado: 30 dic 2021 / 10:10 h.
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  • La empresa Pagés presentó en marzo un brillante abono que finalmente se celebró en otoño. Foto: Toromedia
    La empresa Pagés presentó en marzo un brillante abono que finalmente se celebró en otoño. Foto: Toromedia

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Primera campanada, 12 de marzo: la presentación de unos carteles condicionados
El panorama era desalentador y casi nadie daba una peseta por la reapertura de la plaza de la Maestranza. Al menos, no en abril. La empresa Pagés había decidido echarse a la espalda la presentación de unos carteles en la que no faltó la autoridad competente. ¿Estaban respaldando el órdago de Ramón Valencia? Nada era lo que parecía. La temporada de primavera –no era una Feria de Abril al uso- estaba condicionada a una premisa irrenunciable: poder abrir la plaza de la Maestranza al 50% de su aforo.

Después de desechar la fecha del Domingo de Resurrección se había marcado el día 18 de abril como comienzo de un abono brillante que consagraba la llamada ‘revolución de los clásicos’. No había plan B. Así lo recalcó una y otra vez el gerente de la empresa Pagés en un acto plagado de caras de circunstancias y declaraciones solemnes que, a la postre, fue el inicio de un delirante viaje a ninguna parte. Se había fijado un punto de no retorno en torno al 8 de abril, fecha marcada por la empresa Pagés para presentar el plan de contingencia que debía visar la Junta de Andalucía.

Doce campanadas taurinas (y un campanazo de Morante)
Ramón Valencia y Ricardo Sánchez en la presentación de los carteles, el pasado 12 de marzo. Foto: Toromedia

Segunda campanada, 16 de abril. La empresa Pagés suspende la temporada de primavera.

Quedaban apenas unas horas para que Morante, Roca Rey y Pablo Aguado hicieran, hipotéticamente, el paseíllo en la plaza de la Maestranza mientras la empresa Pagés se afanaba en montar unas carpas para hacer test de antígenos a los espectadores. La suspensión era una certeza irremediable pero todo seguía hacia delante mientras las autoridades gubernativas y sanitarias de la Junta de Andalucía evitaban pronunciarse con claridad –más allá de la invocación del célebre metro y medio de espectador a espectador- sobre una suspensión que era inevitable a tenor de las propias normas emanadas por la autoridad.

La decisión se tomó tarde, tardísimo. Y se tomó mal. La pelota había ido pasando de mesa en mesa aguardando la decisión definitiva: de la consejería de Salud y Familias de la Junta de Andalucía al Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud y de éste, a la Comisión de Salud Pública celebrada tres días escasos antes del comienzo de una temporada que tardaría cinco meses más en arrancar. Para asombro de propios y extraños, el asunto del metro y medio –enfrentado a la mitad del aforo defendida por Valencia- volvió a quedar aplazado. Pero el tiempo acuciaba y la paciencia se había acabado. Finalmente, después de una reunión celebrada in extremis entre representantes de la Junta y la propia empresa Pagés llegaba la suspensión “ante las medidas sanitarias exigidas por el Gobierno de la Nación (Ley 2/2021) y su aplicación por parte de la Junta de Andalucía”. El viaje a ninguna parte había concluido.

Tercera campanada, 23 de abril: la temporada sevillana se traslada a San Miguel

Hay que reconocer que la empresa reaccionó con rapidez y cierta audacia, trasladando piedra a piedra al otoño la misma temporada que se había soñado para primavera. La reapertura de la plaza de la Maestranza –cerrada a cal y canto para los festejos taurinos desde el 12 de octubre de 2019- tendría que esperar algunos meses más.

Dadas las circunstancias, era la mejor noticia posible. Sevilla no se quedaría sin toros en 2021, al menos –hay que ubicarse en la fecha del anuncio- mientras la positiva evolución de la pandemia permitiera abrir la plaza con la mitad de un aforo que al final se ampliaría al 60%. La regla de oro de Ramón Valencia seguía vigente...

Doce campanadas taurinas (y un campanazo de Morante)
La escultura de Martín Nieto perpetúa la memoria de Gallito junto a la basílica de la Esperanza. Foto: Álvaro Heras

Cuarta campanada, 5 de junio. Joselito ya mira de frente a la Macarena

Hubo que salvar muchas dificultades y hasta poner a prueba la generosidad de las gentes del toro pero el día 5 de junio, después de algunos aplazamientos inevitables, la escultura de Manuel Martín Nieto fue desvelada en la plaza de la Esperanza Macarena para perpetuar la memoria de José Gómez Ortega, el rey de los toreros, caído el 16 de mayo de 1920 en el ruedo de Talavera de la Reina.

El paladín del empeño fue el propio hermano mayor de la corporación de la Madrugada, José Antonio Fernández Cabrero, que puede presumir de haber erigido la estatua sin haber retraído ni un solo euro del presupuesto de la hermandad. En el tintero se había quedado -inevitablemente truncada por la irrupción del covid- el grueso de la programación preparada por la comisión del centenario de Gallito, incluida una ambiciosa exposición que tendría que haberse celebrado en los bajos de Marqués de Contadero en la primavera de 2020.

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Morante, al frente de las cuadrillas, en su fallido gesto en El Puerto. Foto: Emilio Méndez

Quinta campanada, 6 de agosto. Morante sucumbe a los elementos en El Puerto

Todos los caminos del toreo conducían a la Plaza Real del Puerto de Santa María en la tarde del 6 de agosto. Morante había cuidado hasta el más mínimo detalle ornamental de un empeño azaroso que estaba supeditado a un elemento fundamental: el toro. Pero es que habría sido una auténtica suerte que la corrida escogida, la de Prieto de la Cal, se sumara la inmensa fiesta previa que rodeaba el presunto acontecimiento.

La encerrona de Morante se había convertido en una fábula maravillosa que se estrelló con la inapelable realidad de una ganadería anclada en la utopía de sus propietarios. No embistió ni uno, ni para hacer el toreo de hoy ni el de antaño. Pero Morante había tenido la virtud de crear una ilusión, siendo fiel a su premisa de abrir encastes y ganaderías en un año, el de 2021, que ya presumía histórico. Fue el único borrón de la temporada de su vida. Aún quedaban varias tardes de gloria.

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Las cuadrillas hacen el paseo desmonteradas en la corrida inaugural de la Feria de San Miguel. Foto: Arjona-Toromedia

Sexta campanada, 18 de septiembre: 707 días después...

La espera había sido larga pero todo estaba en su lugar. Habían pasado 707 días desde que el novillero Jaime González-Écija estoqueara la última res brava lidiada en la plaza de la Maestranza antes de la irrupción de la pandemia. 2020 pasó en blanco. En marzo se había anunciado una feria que tuvo que aplazarse pero finalmente, la tarde del 18 de septiembre, volvió a sonar el pasodoble ‘Maestranza’ para que Morante de la Puebla, Andrés Roca Rey y Pablo Aguado se pusieran al frente de las cuadrillas para estoquear una corrida de Victoriano del Río con el 60% de los tendidos cubiertos, el máximo de taquilla que se había puesto a la venta.

Fue una tarde marcada por la sal, el son y la madurez de Morante y en la que también brilló la entrega indeclinable de Roca Rey, que cortó una oreja. Pero la corrida tuvo una cruz: fue la tremenda lesión de ligamentos de Pablo Aguado que agravó los problemas de rodilla que ya arrastraba anteriormente. El diestro sevillano era una de las bases indiscutibles del ciclo otoñal, que hubo de recomponerse. Salió a matar a su segundo casi sin facultades. Al día siguiente se supo que tenía que cortar lo que quedaba de temporada para ser intervenido quirúrgica. Aún sigue inmerso en la rehabilitación.

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El diestro cacereño Emilio de Justo fue el primer gran triunfador del serial sevillano. Foto: Arjona-Toromedia.

Séptima campanada: Emilio de Justo corta dos orejas rotundas a un ‘victorino’

Ortega ya había deslumbrado con su capote de otro mundo; El Parralejo había lidiado una novillada de excelencias y Luque había mostrado su solvencia profesional pero faltaba aún un triunfo contante y sonante, el primer gran zambombazo del ciclo. Lo pegó Emilio de Justo, un torero en estado de gracia que ya había abierto la puerta grande de Las Ventas con un corridón de Victoriano del Río.

El diestro cacereño desorejó de forma rotunda a un importante pero complejo toro de Victorino Martín, el segundo de su lote, al que cuajó por completo por ambas manos pero especialmente toreando al natural. Fueron dos orejones indiscutibles que le dejaban entreabierta la Puerta del Príncipe pero la espada le impidió cortar un tercer trofeo con el sexto de un mano a mano con Antonio Ferrera, que pasó de puntillas. Emilio de Justo, por cierto, aún volvería a abrir de nuevo la puerta de Madrid, sólo unos días después de su pronunciamiento sevillano.

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El torero de La Puebla marcó la cumbre de una atípica y larga Feria de San Miguel. Foto: Arjona-Toromedia

Octava campanada, 1 de octubre: Morante, entre el cielo y la tierra...

La ausencia de Aguado propició un expectante mano a mano de Morante de la Puebla y Juan Ortega que quedó empañado por el pésimo juego de la corrida de Juan Pedro Domecq aunque Ortega volvió a romper la plaza con su capote de seda. Pero a Morante aún le quedaba un penúltimo pase antes de cerrar su paso por la feria de San Miguel estoqueando dos ‘miuras’ que a la postre fueron sólo uno. El diestro de La Puebla, anunciado una vez más con Ortega en un cartel que cerraba Roca Rey, tenía enfrentarse al segundo envío de Juan Pedro.

Se trataba de aferrarse al cetro, de dejar despejadas las gradas del trono de paladines y aspirantes y proclamar, como los antiguos imanes de la Giralda, que no hay más dios que Dios. Y Morante escaló la cumbre más alta, la más hermosa, la más emocionante. La faena del diestro cigarrero a ese cuarto ‘juampedro’ fue una de las más bellas y desgarradas de su vida y, evidentemente, una de las grandes conmociones que ha vivido la plaza de la Maestranza en los últimos lustros. Su capote hizo nuevos los lances antiguos –cambios de rodillas, tijerillas- y sublimó el mejor toreo a la verónica. De su muleta surgió la faena más desgarradoramente bella y emocionante del ciclo –no faltó una tremenda voltereta- rematada con un gran volapié. Merecía el rabo, la Puerta del Príncipe... la memoria de lo vivido permanece.

Novena campanada, 2 de octubre. Urdiales presenta su candidatura a Resurrección

El diestro riojano, ésa es la verdad, no había mostrado su mejor fachada en su primer compromiso. Era un día a contrapelo, en un cartel sin química y fuera de las fechas de oropeles. Pero Urdiales, que ya había logrado calar en la Maestranza en la Feria de Abril de 2019, se sabía esperado. No podía defraudar.

El definitivo recital llegó en la penúltima de abono y con el segundo envío de Garcigrande que brindó un toro con posibilidades para cada uno de los espadas. Su faena, plena de clasicismo y medida expresión natural, se vivió como un bálsamo por el público sevillano que se entregó sin fisuras. Su nombre ya circula en los corrillos de aficionados dentro de las cábalas del cartel del Domingo de Resurrección que, más pronto que tarde, estará puesto en pie en los despachos de la calle Adriano. Ojo, a la feria aún le quedaba una última faena de dos orejas: la dictó Manuel Escribano con el mejor ejemplar de una miurada esmirriada y decepcionante.

Décima campanada, 1 de diciembre. Curro Romero: un estreno de cine

El documental sobre la figura del camero ya había sido desvelado en el transcurso del Festival de Cine de Sevilla pero había una fecha marcada en el calendario, la del primero de diciembre, que tenía otras connotaciones. Se trataba de presentar en sociedad el trabajo que ha rodado Curro Sánchez Varela además de avanzar la serie complementaria –se ha pasado en Canal Sur las últimas semanas del año- que ha dirigido José Escudirer. No faltaron políticos, médicos, abogados, modistos... lo más granado de la sociedad sevillana pero, por encima de todos ellos, los compañeros del camero de todas las épocas.

Las intervenciones del camero, que son oro molido, se trufan con las reflexiones de un sinfín de testigos, amigos, admiradores, familiares... Desde el fiel Gonzalito, a Espartaco; desde el ahijado sueco hasta su desconocido nieto madrileño; desde Carlos Herrera a Pansequito; de Calamaro a Joaquín Sabina... sin perder de vista el hilo histórico de una trayectoria que comenzó, casi de puntillas, en la placita de La Pañoleta en una tarde lejana. Curro Romero, más allá de su realidad, es una leyenda viva que pertenece al alma de la ciudad.

Penúltima campanada, 20 de diciembre: La Maestranza y Pagés escenifican su crisis de convivencia

La sentencia es reciente pero la crisis ya estaba larvada. Se trata del pleito interpuesto por la empresa Pagés a su casero, la Real Maestranza, que se ha resuelto con un fallo que ha repartido cal y arena a partes casi iguales. La sentencia rechaza la devolución de seis millones de euros en concepto de IVA que pretendía la empresa Pagés pero sí le da vela en los beneficios que habrían generado las visitas turísticas de la plaza de toros, gestionadas hasta ahora por la propiedad a la que el inquilino había retirado la “tolerancia” de tales prácticas visibilizando nítidamente el desencuentro.

La ruptura entre el casero el inquilino es evidente por más que se haya tratado de guardar las formas. Pero el asunto cobra especial tensión atendiendo a la fecha fijada para revisar el contrato: el año 2025. ¿Qué pasará en el futuro inmediato entre dos partes que han vivido una relación larga y estrecha que está a punto de cumplir 90 años? Aún hay pleito para rato.

Doce campanadas taurinas (y un campanazo de Morante)
El maestro de San Bernardo, en su última época en activo.

Última campanada, 21 de diciembre: centenario de Pepe Luis Vázquez

Arranca el año Pepe Luis. Un brillante acto celebrado en la Fundación Caja Rural el pasado 21 de diciembre –el mismo día que se cumplía un siglo exacto del nacimiento del llamado Sócrates de San Bernardo- sirvió de punto de arranque del amplio programa de actos preparado para conmemorar el centenario de una de las ramas más frondosas y trascendentes del ancho árbol del toreo sevillano.

“Se trata de explicar a las nuevas generaciones quién fue Pepe Luis como torero pero también los valores humanos que encarnó” explicó el periodista Álvaro Acevedo, escogido por la familia para comisariar esta programación cocinada en colaboración con el Círculo Pablo Aguado y la cátedra Sánchez Mejías de la Hispalense que incluye una gran exposición a celebrar en el Ayuntamiento de Sevilla y una serie de charlas que tendrán distintas localizaciones y protagonistas. 2022 será el año del llamado ‘Sócrates de San Bernardo’.


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