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Toros

El Cid: Adiós a Madrid

El diestro de Salteras se despide esta tarde de la plaza de Las Ventas, uno de los escenarios que –con el coso de la Maestranza- más y mejor le han visto durante su carrera

04 oct 2019 / 12:01 h - Actualizado: 04 oct 2019 / 12:05 h.
  • El Cid. / Joserra Lozano
    El Cid. / Joserra Lozano

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El Cid cumple esta misma tarde el penúltimo compromiso de su temporada del adiós. Después de la emocionante despedida de la plaza de la Maestranza, toca pisar por última vez el ruedo de Las Ventas. Madrid fue la plaza que le lanzó cuando aún era casi desconocido. Y en Madrid, escenario de su alternativa, se forjó como torero capaz antes de convertirse en un matador de ferias.

Son veinte temporadas seguidas sin faltar a Las Ventas...

Madre mía, no ha pasado un año sin estar en Madrid. Son recuerdos muy bonitos y muy buenos. Ha sido la plaza más importante de mi carrera, la plaza que me lanzó, la que me consagró y además de estar anunciado estas veinte temporadas en Madrid lo he hecho en repetidas ocasiones varias de las temporadas. Me ha marcado en mi vida profesional muchísimo.

¿Nunca ha dicho que no a Madrid?

No solamente nunca he dicho que no a venir a Madrid, sino que nunca he puesto pegas a ningún cartel y a ninguna corrida. He matado todo tipo de hierros y yo creo que casi todos los años han contado conmigo en la corrida de Victorino cuando podía haber elegido otro hierro. Madrid me ha merecido un respeto máximo, la plaza necesaria para todos los toreros y para que llegue el triunfo, hay que estar ahí.

En esta plaza ha vivido de todo...

Mis mejores momentos fueron los años 2004-2007, fueron los años que marcaron mi carrera taurina, puesto en todos los sitios. Fueron años en los que lanzaba la moneda al aire y afortunadamente siempre salía cara. He vivido otros en los que las cosas no han salido, sobre todo a partir de 2010 con la muerte de mi padre: tardes aciagas en las que no ocurría nada y no estuve al nivel que Madrid requería. Siempre he tenido el respeto y el cariño de Madrid, cuando me ha tenido que ayudar lo ha hecho y cuando me ha tenido que exigir me ha exigido también. En el cómputo general son muchos más los buenos recuerdos que los malos.

La plaza de Las Ventas está enhebrada a su vida personal y taurina.

Me fui de joven a Madrid de novillero e iba todos los domingos a la plaza. Vivía en el Paseo de Extremadura, en Puerta del Ángel, pero me iba andando hasta Las Ventas, un paseíto. Recuerdo la despedida del maestro Antoñete. Lo admiré siempre mucho como torero y como persona. Ese día mató dos toros de Las Ramblas. Tenía una forma de interpretar el toreo muy especial, de distancias largas, toreo profundo, con trazos largos y un empaque muy personal.

La espada ha amortiguado algunos triunfos resonantes en Madrid

Mis mejores faenas en Madrid han sido siempre las que he pinchado; la espada ha sido mi sino. Tengo dos Puertas Grandes de Madrid pero podía tener ocho o diez. El público de Madrid tiene muchísima memoria y sabe que El Cid ha dejado tardes para el recuerdo. Son faenas que consiguen hacer afición y eso es lo que más te llena como torero y como profesional.

¿Ha merecido la pena este largo viaje?

Sí, me voy muy contento de lo que he llegado a conseguir en el mundo del toro. Me voy quizás con un sabor agridulce porque dejo a lo que he dedicado toda mi vida, he vivido por y para el toro y me voy satisfecho. Cuando uno empieza tiene sueños como el compartir cartel con las figuras del momento y yo afortunadamente lo he llegado a conseguir. El Cid salía de la nada, yo no era nadie, no tenía contactos y el primero que creyó en mis posibilidades fui yo mismo. No me aburría ni en las tardes buenas ni en las tardes malas y siempre tuve la cabeza bien amueblada. Cuando termina una tarde empieza otra y siempre tuve claro que los triunfos que iban llegando eran el camino y no la meta, en este mundo y en esas plazas hay que dar la talla constantemente. Eso marca la diferencia entre llegar a ser figura o ser un buen torero y quedarte ahí.

El traje de luces deja un vacío inmenso...

Esto no es una profesión al uso, es una forma de vida, es lo que haces a lo largo de todo el día. Entrenas y vives para el toro y está todos los días pensado en eso, en cuando vas a torear, cuando vas a ir al campo, en ponerte trajes de luces y claro ese vacío que voy a dejar ahora pues lo supliré con otra cosa. Voy a intentar no dejar el mundo del toro, relacionarme en otro ámbito, a lo mejor el año que viene me lo tomo un poco sabático. No sé lo que voy a hacer, disfrutar de mis compañeros, ir a las corridas de aficionado y buscar una alternativa para que no se eche tanto de menos. Está la familia también y hay cosas que lo puede suplir aunque es complicado.

Nunca se deja de ser torero...

Claro, y muchas veces cuando dices que te vas del toro, a lo mejor te vas de la competición, de intentar estar todos los años en todas las ferias pero toreas algunos festivales, matas el gusanillo, estás en contacto con tus compañeros. Eso es bonito y no lo quiero dejar. Siempre que me han llamado para un festival para ayudar a gente siempre he estado ahí. Además de que me gusta creo que hacemos una labor importante para gente que lo necesita.


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