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El Cordobés: una historia de idas y venidas (y II)

Manuel Benítez, que se ha ofrecido a torear un festival con 85 años, sorprendió a propios y extraños pidiendo mil millones de pesetas por reaparecer en la Sevilla de la Expo’92

05 dic 2021 / 11:35 h - Actualizado: 05 dic 2021 / 11:39 h.
"Toros"
  • Manuel Benítez El Cordobés a hombros de su hijo Julio en 2014, en su última actuación en público. Foto: EFE
    Manuel Benítez El Cordobés a hombros de su hijo Julio en 2014, en su última actuación en público. Foto: EFE

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El Cordobés había visto frustrada su reaparición de 1987 por una operación de apendicitis, tal y como se narra en la primera parte de este especial. Pero los rumores de una posible vuelta del veterano ‘ciclón’ persistían. En el fondo, el astuto torero no dejaba de tantear el mercado mientras la ciudad de Sevilla, y con ella España entera, encaraba aquel ‘Dorado’ de los fastos del 92. Mientras tanto, se había llegado a rumorear que Benítez se embolsaría 100 millones de pesetas por torear en Nimes. La cosa no pasó de un mero muestreo pero se puso mucho más seria en vísperas de la Expo, un acontecimiento social y económico que animó al bueno de Diodoro Canorea, empresario de la plaza de la Maestranza, a soñar con una programación extraordinaria en lo taurino.

A la postre se trató de una aciaga temporada que salió de forma bien distinta a cómo la había soñado el recordado taurino manchego. La inauguración de la Exposición Universal se antojaba la puerta de la abundancia y los más listos de la clase sabían que podían rebañar el pastel. Unos meses antes, en el otoño de 1991, Canorea había puesto en bandeja a El Cordobés la fecha del 20 de abril –el mismo día que se debía inaugurar la Expo- para que estoqueara seis toros en solitario. Ni corto ni perezoso, el Benítez –que ya sumaba 55 primaveras- se descolgó pidiendo 300 millones de pesetas de la época para anunciarse ese día. Eso, para empezar...

El empresario y el torero llegaron a verse las caras un par de veces, valorando la posibilidad de televisar la corrida a todo el mundo y hacer partícipe a la Sociedad Estatal Expo 92 en el patrocinio del evento. Todos parecían de acuerdo y El Cordobés llegó a hablar hasta de un posterior mano a mano con Curro Romero si las cosas rodaban bien el día de la reaparición. Pero había que cuadrar las cuentas que acabarían saltando por los aires sólo unos días después del penúltimo encuentro entre Canorea y Benítez que rompió todos los esquemas imaginables al subir su petición hasta los ¡1.000 millones! de pesetas, una fabulosa fortuna hoy y entonces.

Fue en la última entrevista –el 7 de noviembre de 1991- entre el torero de Palma del Río y el veterano gestor de la Maestranza. El Cordobés pidió la pasta sin pestañear. “Yo no me he desmayado”, fue la respuesta del empresario que ya había sido el primero en aflojar al Cordobés el célebre ‘kilo’ –un millón de pesetas, 6.000 euros de hoy- en sus primeros años de apogeo. Las cuentas no salían; no podían salir. A principios de diciembre, Canorea llegó a asegurar que el Benítez aún estaba dispuesto a torear “por un dinero normal”. La cosa, bien es sabido, iba a quedar en agua de borrajas...

El Cordobés: una historia de idas y venidas (y II)
El ‘Benítez’ en sus últimos y más intrascendentes años en los ruedos. Foto: EFE

Una etapa intrascendente

Mientras tanto, El Cordobés no dejaba de ponerse a punto y mantenía su envidiable forma física a pesar del paso de los años. Los rumores iban a dispararse de nuevo a raíz de anunciarse en dos festivales benéficos, en los que no se solía prodigar entonces. ¿Iba a volver el Ciclón de Palma del Río? La entrada en liza de los canales privados de televisión –que abrazaron las retransmisiones taurinas en sus primeros años- terminaron de animar el asunto. Fue en 1994. Y la pasta volvía a jugar un papel determinante. La cosa llegó a ser oficial. El Cordobés anunció su vuelta a bombo y platillo en una multitudinaria rueda de prensa emitida por Antena-3 TV, el canal que tenía que haber televisado los cuatro bolos organizados por José Félix González por los que tenía que aflojar al torero 400 millones del momento. Con todo preparado para el 21 de mayo en la plaza de Tarragona –con Emilio Muñoz y Litri en el cartel- el Benítez dio la espantada con argumentos vagos, ante el enfado del empresario y el desconcierto de la cadena de televisión.

Había un matiz nuevo. El factor sorpresa había quedado liquidado y cuando llegó la definitiva reaparición había pasado su tiempo. El asunto había dejado de interesar. Y Manuel Benítez –a punto de estrenar su sexta década de vida- iba a afrontar unos años basados en plazas menores, sin demasiado respaldo del público y con escasa repercusión mediática. El arranque de esa etapa hay que marcarlo el Miércoles Santo de 1995 en Fuengirola. El Cordobés se enfundó de nuevo el traje de luces casi tres lustros después de aquella aciaga corrida de Albacete. Fue en un mano a mano con Jesulín de Ubrique. Cortó cuatro orejas, hizo el salto de la rana y formó un lío gordo pero... no consiguió llenar la plaza... ¿Se había pasado de rosca? Ya había perdido la oportunidad de convertir en un verdadero acontecimiento otras vueltas. Al día siguiente de estrenarse en la Costa del Sol toreó en Benidorm sin demasiadas fortuna pero después de lesionarse en una rodilla desistió de torear. En 1996 volvió a la carga, anunciándose en la plaza valenciana de Játiva para darle la alternativa a El Califa junto a su cuate, Fernando Sacromonte sin dejar muchos más rastros. ¿Se había terminado la mecha?

El Cordobés: una historia de idas y venidas (y II)
Uno de los alardes habituales de forma de El Cordobés en sus últimos años en activo.

La última etapa

El 20 de diciembre de 1998, estaba anunciado en un festival organizado en Sevilla a beneficio de los dannificados por el huracán Mitch que había asolado parte de Centroamérica. En el cartel también figuraban Curro Romero, Manolo Cortés, Ortega Cano, Enrique Ponce... Pero el evento no llegaría a celebrarse. El fallecimiento de Antonio Ordóñez en la víspera obligó a cancelar todos los planes, suspendiendo el evento mientras el maestro de Ronda era velado en su casa de la calle Iris, junto a la mismísima plaza de la Maestranza.

Pero el viejo Benítez tampoco había dicho su última palabra esa vez. En 2000 volvió a anunciar una nueva reaparición, anunciada en la plaza de Jaén el 15 de abril bajo la batuta de Paco Dorado. El Cordobés iba a compartir cartel con Curro Romero y Antoñete pero la lluvia primaveral frustró el empeño, trasladado al 22 de abril en Marbella. Al día siguiente toreó otra corrida en la localidad cacereña de Zarza la Mayor y volvió a desaparecer... no sin antes proclamar que aquella retirada, ahora sí, era la definitiva. Pero la solemnidad de su declaración sólo duró hasta el año siguiente, anunciado para inaugurar la plaza de Morón de la Frontera el día de 10 de marzo de 2001. Fue la primera de diez corridas –tenía firmadas algunas más- que se interrumpieron después de torear el 9 de septiembre en Cehegín. Una lesión de rodilla tuvo la culpa esta vez de su penúltimo eclipse.

Pero aún volvería a la carga en 2002, que ha quedado marcado en la historia como el de la definitiva retirada del ciclón de Palma del Río. Pero no fue así... Después de torear en Pozoblanco, Palavás, Guillena –le dio la alternativa al novillero José Luis Osuna- y hasta en Nimes se anunció en la plaza de Los Califas, la misma que había inaugurado 37 años antes, para cortarse la coleta después de doctorar al novillero local Reyes Mendoza en presencia de Juan Mora con poca, poquísima gente en los tendidos. Eso sí: le cortó las dos orejas y el rabo al cuarto, un gran ejemplar de María José Barral al que entró a matar si muleta. Hubo carreras, alardes de flexibilidad, show integral del mejor Benítez. Su hijo Manuel le desprendió el simbólico añadido. Pero El Cordobés, con o sin corte de coleta, volvería a vestirse de torero...

El V Califa

Mientras tanto, el ayuntamiento de Córdoba había iniciado un peculiar proceso para investirle, de forma oficial y con todos los honores –y obvio merecimiento- como V Califa del toreo. Fue en una inclasificable ceremonia celebrada en el Alcázar de los Reyes Cristianos el 29 de octubre de 2002 en la que no faltó la alcaldesa Rosa Aguilar –cuanto ha cambiado la cosa para la izquierda de este país- a la cabeza de la manifestación. Apenas siete meses después, el día 4 de mayo de 2003, volvía a vestirse de luces en Palavás, localidad francesa en la que reincidiría un año más tarde –el día 9 de mayo- para amparar la prevista presentación con picadores de su hijo Julio. Pero no hubo tal, el debut se retrasó y Manuel Benítez alternó con Javier Conde y Sebastián Castella cortando una oreja al cuarto de la tarde. Fueron sus últimos compañeros de terna y el último trofeo que paseó vestido de luces. Había concluido, ahora sí, su vida profesional, dos años después de su retirada ¿oficial?

A la primera ocasión que se presentara el Benítez iba a repetir el empeño. O al menos a intentarlo. El asunto se puso a tiro a la vez que se dibujaba en el horizonte la alternativa de su hijo Julio. De hecho, el viejo Cordobés llegó a declarar a finales de 2006 que sería él el encargado de convertirle en matador en la feria de mayo del año siguiente. “Está hecho”, declaró en el diario Córdoba asegurando haber “firmado un papel” con el empresario José María González de Caldas, gestor del Coso de los Califas. El empeño, una vez más, quedó en una mera declaración de intenciones. Julio Benítez se anunció para tomar la alternativa el 25 de mayo de 2007 en la plaza de Córdoba. El padrino oficial era Finito de Córdoba que tuvo el detalle de grandeza de requerir al viejo califa para que fuera él, y sólo él, el que entregara espada y muleta a su hijo Julio vestido de paisano.

Pasaron siete años más. También en el calendario vital de El Cordobés. El traje de luces había quedado definitivamente atrás pero Manuel Benítez –cerca de su octava década de vida- no dudó en anunciarse en el declinante festival de la Asociación Española de la Lucha contra el Cáncer en su feudo cordobés. Se trataba de levantar un evento que había vivido mejores horas. Fue, hasta ahora, la última vez que toreó en público y lo hizo formando un auténtico lío a un serio ejemplar de Garcigrande con el que mostró sus galones de gran figura, su grandioso fondo torero, el carisma que le hizo grande... Dictó una lección magistral eclipsando al resto de sus compañeros en una tarde que, de una u otra forma, fue uno de los sucesos de 2014. Han pasado siete años más y aquel ‘Renco’ de Palma del Río ha vuelto a sorprender al ofrecerse de nuevo para torear a beneficio de los enfermos de cáncer. Dicen que no es ninguna bravata; que el asunto se está considerando...


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