viernes, 03 julio 2020
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El primer prodigio llegó en Córdoba

Morante firmó en la ciudad de los califas una genial faena para el recuerdo que condensó lo mejor de su tauromaquia y marcó las diferencias con sus compañeros, que también puntuaron

26 may 2018 / 22:58 h - Actualizado: 26 may 2018 / 23:05 h.
"Toros","Morante de la Puebla"
  • Morante de la Puebla salió a hombros del coso cordobés tras cortar dos orejas a su segundo de la tarde. / Fotos: Prensa Fit
    Morante de la Puebla salió a hombros del coso cordobés tras cortar dos orejas a su segundo de la tarde. / Fotos: Prensa Fit
  • Roca Rey se llevó dos orejas, una de cada una de sus faenas.
    Roca Rey se llevó dos orejas, una de cada una de sus faenas.

El poderoso imperio del balón había obligado a adelantar el comienzo del festejo. Y el plus de sol se notó... Hablamos de media plaza escasa con un cartel de campanillas que incluía uno de los bolos de Morante, la presencia fulgurante de Roca Rey y hasta las postrimerías de un torero, Finito, que era garante de vino y rosas en tiempos que, por pasados, sí fueron mejores. Era, sobre el papel, la corrida estrella de esta feria declinante pero la cosa, ay, no funcionó en la taquilla.

2 ABONO CORDOBA from Fusión Internacional Tauromaqui on Vimeo.

El primero de la tarde, un zambombo astracanado de trote cansino permitió a Finito esbozar algún capotazo. Brindó al personal y se puso a torear. El empaque y el porte de los muletazos ganó a su resolución. Un feo muñecazo final violentaba los pases aunque a la faena no le faltó ritmo ni actitud, especialmente en el tramo final de su extenso metraje, que recordó sus mejores y más felices fueros cuando la cadencia, por fin, ganó a los alambres de la técnica. Pero El Fino no iba a terminar de confiarse con el cuarto, un colorao de bonitas hechuras y embestida potable al que toreó a trompicones, abusando de toques muy violentos y sin decidirse a meterle mano por completo. Anoten chispazos aislados, buena actitud... y la belleza de los muletazos finales. La estocada atravesada bastó. La gente, que estaba encantada, le regaló otra oreja. Pero este torero era mucho más.

Morante, parapetado bajo sus inmensas patillas, se arrebujó de toro en dos o tres verónicas. Renunció al quite y esperó al tercio final para comprobar que el segundo tenía la fuerza justa para tenerse en pie. Le anduvo por la cara más de lo que suele acostumbrar y se fue por la espada. Le costó Dios y ayuda que entrara. Hubo que esperar al quinto, un zapatito negro al que le endilgó una larga, un puñado de verónicas sabrosas y templadas y una serpentina de aire gallista. Y comenzó el concierto: en los ayudados de seda; en los derechazos líquidos; en el ser y estar naturalmente torero y hasta en la belleza imperfecta de un molinete arrebatado. Morante lo bordó por naturales sin importarle la embestida claudicante de su enemigo. Pero había que entrar a matar y el diestro cigarrero lo hizo después de bordar adornos de solera vieja. Entró la espada; cayeron las orejas. Habíamos visto el primer prodigio del año.

Había pasado una hora cuando salió el tercero. Roca trazó una faena de excelente trazo y firmeza de planteamiento, siempre reunido con el toro, que encontró su mejor expresión por el lado izquierdo. El bicho, apabullado, echó el freno y el paladín peruano apretó el acelerador, muy metido entre los pitones, para demostrar quién mandaba allí. El fulminante estoconazo terminó de amarrar un trofeo de peso. Pero había que redondear la tarde y el limeño lo hizo apretando el acelerador desde el primer capotazo; en el quite combinado y, por supuesto, en el trasteo definitivo. El toro amagó con rajarse en banderillas y Roca se lo pasó por la espalda antes de ponerse a torear de rodillas como si estuviera de pie. De pie se puso la gente. Eso sí, el toro se aplomó. La entrega indeclinable del torero hizo lo demás.

PLAZA DE TOROS DE LOS CALIFAS

Ganado: se lidiaron seis toros de Juan Pedro Domecq. El primero, regordío, resultó noble; blando el segundo; de más a menos el tercero; enclasado el cuarto; flojo y enclasado el quinto y rajado el sexto.

Matadores: Finito de Córdoba, de tabaco y oro, oreja con petición de la segunda y oreja.

Morante de la Puebla, de nazareno y oro, silencio y dos orejas.

Andrés Roca Rey, de blanco y plata, oreja y oreja.

Incidencias: La plaza registró media entrada en tarde calurosa. La corrida se adelantó una hora sobre el horario habitual para no coincidir con la final futbolística.


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