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Historia taurina de la corrida del Corpus

La mitificada fecha ha contado con carteles de todos los colores a lo largo de un siglo de vida y toros en el que hubo lugar para triunfos, fracasos y algunos acontecimientos

25 may 2016 / 22:10 h - Actualizado: 25 may 2016 / 22:11 h.
"Real Maestranza","Corpus Christi"
  • Cayetano Ordóñez El Niño de la Palma, tomó la alternativa en la tarde del Corpus de 1925. / Archivo A.R.M.
    Cayetano Ordóñez El Niño de la Palma, tomó la alternativa en la tarde del Corpus de 1925. / Archivo A.R.M.

Marcaremos un siglo atrás para trazar esta historia apresurada de las corridas del Corpus. Posiblemente las cosas no siempre se han contado como fueron; quizá sólo como se recuerdan. En la mitificada fecha taurina ha habido de todo: éxitos, fracasos y, sobre todo, carteles de todos los colores. Tampoco fueron extraños los años que quedaron en blanco. Merece la pena dar un repaso....

Comenzaremos la historia de este siglo de toros en 1916, en plena Edad de Oro del toreo. Aquel año –un 22 de junio– se anunciaron Bienvenida, Larita y Alcareño a beneficio de los periodistas sevillanos que van a establecer -como veremos- un nexo intermitente pero duradero con la festividad del Corpus. Como curiosidad hay que reseñar que en 1918 hay doble festejo: en la Monumental de Eduardo Dato –que también acoge la corrida de la Prensa de 1920– y en la Maestranza. Hay que esperar a 1925 para encontrar un hecho relevante: el Niño de la Palma toma la alternativa de manos de Juan Belmonte. Los nombres más destacados de esta etapa son los del Gallo, Chicuelo o Fuentes Bejarano sin que los carteles tomen el fuste de los fastos abrileños.

En la convulsa década de los 30 sobresale el nombre del infortunado diestro manriqueño Pascual Márquez, que cortó cuatro orejas como novillero en la tarde del 20 de junio de 1935. El llamado Tesoro de la Isla tomaría fuerza para tomar la alternativa en otra tarde de Corpus, la de 1937, que se organiza por el propio Ayuntamiento «a beneficio de la infancia desvalida». Aquel se hizo matador de manos de Domingo Ortega pero caería herido.

Los 40 suponen el desembarco definitivo de la Asociación de la Prensa como organizadora de la mayoría de los festejos que se organizan en la festividad del Corpus. El estreno, en 1941, es por todo lo alto: Pepe Luis se encierra con seis toros de Benítez Cubero con discretos resultados pero los periodistas sevillanos pueden respirar tranquilos un año después: el genial e incombustible Chicuelo corta un rabo a un toro de Núñez. Dentro de los hitos de esa década también hay que consignar la alternativa de Manolo González en 1948 antes de saltar a los 50, que mantienen el hilo conductor de la Asociación de la Prensa como organizadora del festejo. En esos años desfilan nombres como los de Martorell, Manolo Carmona, Bienvenida... y hasta el de Carlos Arruza, que vuelve a Sevilla en 1957 en calidad de rejoneador. La de 1959 –la primera que se monta bajo la gerencia de Canorea– ve anunciarse a Antonio Ordóñez aunque quizá el hecho más sobresaliente de la década sea la reaparición de Manolo Gónzalez, que escoge la tarde del 16 de junio de 1960 para reaparecer, la misma tarde que Curro regala un sombrero.

El camero iba a repetir el obsequio al año siguiente alternando con Mondeño y Pepe Limeño. Estaba comenzando la década prodigiosa y la hegemonía absoluta de El Cordobés que, recién alternativado, abarrota la plaza en el Corpus de 1963. Pero Curro iba a acaparar el titular de la década al encerrarse con seis toros en 1968 a los que cortó cuatro orejas antes de salir por cuarta vez en su carrera por la Puerta del Príncipe. En 1969 y 1970 no hubo toros en el Corpus. Se inicia una nuevo momento social y taurino, los 70, que dejan pocos acontecimientos para el recuerdo. Algunos años la plaza ni siquiera llega a abrir sus puertas aunque podemos recordar las dos orejas que vuelve a cortar Curro en el 71 en una corrida organizada a beneficio de la Cruz Roja o la encerrona en solitario de José Luis Galloso en 1976.

El estreno de los 80, una nueva década de prodigios, lleva consigo la reaparición de Manolo Vázquez, que abre la Puerta del Príncipe en el Corpus de 1981 con dos orejas –sí, dos– de un toro de Bernardino Píriz. La Asociación de la Prensa también reaparece como organizadora de una nueva corrida de un solo matador. En esta ocasión se trata de Pepe Luis Vázquez Silva, que no pasa de discretito. Se suceden carteles de medio tono antes de que el propio Pepe Luis preste el titular más trágico a la década al resultar gravísimamente herido por un toro de Rojas en el Corpus de 1989. Al año siguente, de nuevo bajo el manto gestor de los periodistas, hay que consignar una nueva encerrona fracasada, esta vez protagonizada por José María Manzanares, reaparecido en Sevilla después de amagar con una retirada que no llegó a consumarse.

El difunto Canorea echó la casa por la ventana en el 92. Aunque las cosas no salieron –en lo taurino– como se habían planeado. Curro, Muñoz y Aparicio despidieron los carteles de campanillas sin lograr llenar la plaza. El nivel ya no se recuperaría. Los 90 son una sucesión de combinaciones de serie B en los que podemos anotar la presencia continua de los toros del Conde de la Maza. Hay que esperar al 2003 para encontrarnos con un triunfo más o menos resonante. Lo logró Domingo Valderrama con un gigantesco torazo de Los Bayones. Los siguientes años pasan sin pena ni gloria, más allá de la oreja conseguida por Salvador Cortés a un toro del Conde en 2005. La presencia de Juan Carlos I y la alternativa de Oliva Soto animan el cotarro en 2008. Al año siguiente se doctora Pepe Moral y en 2010 Salvador Cortés desoreja por partida doble un toro de Martín Lorca pero es Moral, en 2014, el que logra la faena del año y de muchos años. El último capítulo se firma esta tarde.


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