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Toros

José Tomás reafirma su propia leyenda

El diestro de Galapagar revienta las costuras del abono granadino y convence a propios y extraños con una actuación de ritmo creciente que marcó diferencias con su faena al sexto

23 jun 2019 / 10:08 h - Actualizado: 23 jun 2019 / 10:11 h.
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La ciudad de la Alhambra era una fiesta. A las galas del Corpus se sumaba la peregrinación de fieles tomasistas a la última reencarnación del inclasificable diestro de Galapagar. Se había hecho acompañar por el rejoneador Sergio Galán, telonero innecesario al que se le echó la cuenta justa a pesar de su encomiable voluntad de agradar. Cada cita del Divino, espaciadas a cuentagotas en las últimas campañas, están acompañadas de una duda inquietante. ¿Dónde será la última? En esa tesitura, cada lance y muletazo del torero madrileño se viven con el vértigo de lo irrecuperable...

Hay que ser francos. Tomás no había salido de una estimable normalidad lidiando a primer 'cuvillo', un toro pronto y manejable al que cuajó con el capote sin terminar de romperse por completo en la muleta. La mayoría del personal quiso ver milagros dónde, mirado con frialdad, sólo hubo un calentamiento. Los naturales no tuvieron intensidad aunque fue más comprometido y reunido el toreo diestro. La faena fue corta, cortísima. Cuando se fue a por la espada el animal aún tenía la boca cerrada. El aceró cayó algo trasero; también un punto caído. Ya tenía las dos primeras orejas en las manos.

Los verdaderos acontecimientos estaban por llegar: las verónicas de recibo al toro de Garcigrande que saltó en tercer lugar fueron de otro mundo. La tersura, la suavidad y la cadencia de los capotazos marcaron una de las cumbres de la tarde. Esa excelencia capotera se mantuvo en el quite... pero es que Tomás se puso a torear sin más al natural despertando clamores. Hubo otra grandiosa tanda diestra, comprometido y reunido con el toro, antes de que repitiera dos cambios por la espalda trufados a dos sensacionales naturales. La plaza era un volcán y, una vez más, decidió marcharse por la espada sin darse coba. El toreo ayudado precedió nuevos muletazos por la izquierda. La espada cayó baja. También cayeron dos nuevas orejas.

El personal ya andaba calentito cuando salió el quinto. Alguno se pasó con la merienda mientras se sucedían vivas y gritos de más en los tendidos. El toro, marcado con el hierro de El Pilar, recibió un fuerte puyazo. Tomás comenzó su faena con poderosos doblones... Fue lo mejor de una labor que, como el toro, no acabó de romper por completo. Un feo sartenazo y un descabello dieron paso a una ovación. Aún tenía que salir el sexto...

José Tomás lo recibió con suaves capotazos a mano vuelta. Eran más delantales que verónicas mientras el personal, definitivamente desmelanado, se preparaba a culminar la apoteosis. La larga cordobesa con la que cerró el quite fue una pintura de otro tiempo. Y la faena postrera, ésa es la verdad, fue cosa de otro mundo. El madrileño brindó al público y se puso a torear. Lo hizo con un temple, un compromiso y una personalidad que rompieron la plaza en dos. Éste sí era el mejor Tomás. Un grandioso pase de pecho vertical abrió el tramo central de la faena: hubo ayudados por alto, ceñidísimos naturales, una trincherilla apenas esbozada... El toro, que no estaba sobrado de motor, se enhebró a la perfección a la labor del su matador, que supo mimarlo a media altura mientras la banda tocaba 'La Concha Flamenca'. Al natural, en los medios, escaló todas las cumbres. Cambió la espada y cerró por estatuarios. El lío era gordo. Le dieron el rabo...

FICHA DEL FESTEJO

Ganado: Se lidiaron dos toros para rejones de Pallarés y Benítez Cubero, manejables. En la lidia ordinaria saltaron sendos ejemplares de Cuvillo, pronto y potable; Garcigrande, con teclas que tocar; El Pilar, al que le faltó entrega; y Núñez del Cuvillo, de gran calidad y escaso motor.

Actuantes: El rejoneador Sergio Galán, ovacián en ambos

El diestro José Tomás, de azul de Prusia y oro, dos orejas, dos orejas, ovación y dos orejas y rabo.

Incidencias: la plaza se llenó hasta la bandera en tarde espléndida.


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