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La familia del toro despide la temporada del Covid a las plantas de la Virgen de la Caridad

La cofradía del Baratillo volvió a convocar al estamento taurino en torno a esa tradicional eucaristía de acción de gracias que este año tuvo un acento especial

03 dic 2020 / 12:29 h - Actualizado: 03 dic 2020 / 12:31 h.
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La Virgen de la Caridad resplandecía en el presbiterio de su capilla. Había sido bajada de su altar algunos días antes aunque este año –las normas sanitarias mandan- no pudo ser dispuesta para su tradicional besamano, sustituido por un acto de veneración en sus fechas tradicionales. No importaba. La imagen de Fernández Andés –antigua patrona de la Vejez del Toreo- se situaba algo más elevada a lo que nos tiene acostumbrados en estos días, abrigada con su manto de salida y un capote de brega que ponía el acento particular del acto que se estaba celebrando. Y es que la cofradía del Miércoles Santo volvía a convocar a la familia del toro en torno a esa Eucaristía que sirvió para dar gracias por la extraña temporada que se fue, pedir por la que aún no sabemos si vendrá y tener un recuerdo especial a los que nos dejaron en el infausto año que está a punto de pedir la cuenta.

Pero también tocaba pedir por los que están. La ceremonia, cuidada en todos sus detalles por la hermandad, volvió a ser presidida por Andrés Ybarra, director espiritual de la corporación del Arenal. Ybarra centró su homilía en la excepcionalidad del año 2021. “Este año ha sido un toro incómodo, peligroso; un toro que sabía lo que se dejaba atrás... un toro que al final nos tiene a todos absolutamente pendientes en esta lidia que todavía continúa”, señaló el celebrante que también aludió a los “quites fundamentales con el capote de la fraternidad y la solidaridad”.

Se echaron de menos algunas caras que por fallecimiento, enfermedad o prevención en estos tiempos del covid son habituales en este acto litúrgico que tuvo muy presente la memoria del ganadero José Luis de Pablo Romero, el banderillero Villalba, Romerito, Finito de Triana, el fotógrafo Rafemo y los ganaderos –también hermanos del Baratillo-, José Luis Iniesta y Rufino Calero. En ese momento nadie sabía que, en cuestión de horas, se iba a unir otro nombre a la lista de intenciones: el de Tito de San Bernardo, fallecido en la madrugada de este jueves a causa de las complicaciones de un fallo renal y la propia dictadura del calendario.

El hermano mayor del Baratillo, Luis Fernando Rodríguez Carrillo, se estrenaba como tal en la presidencia de esta peculiar eucaristía que quiso despedir emplazando a todos los presentes para el año que viene. No fallaron los matadores de toros Tomás Campuzano, Manuel Jesús ‘El Cid’ y Juan Ortega, verdadero triunfador de este año peculiar. La capilla, con el aforo reducido a 30 escasas sillas separadas, acogió también a aficionados, periodistas y gentes del toro, bien atendidas por Pedro Dormido Girón, oficial de la junta baratillera.

La foto de familia la completaban el diputado de plaza de la Real Maestranza de Caballería, Luis Manuel Halcón Guardiola, acompañados del delegado del gobierno andaluz, Ricardo Sánchez, que multiplica su presencia por todos los actos taurinos. Tampoco faltó el empresario de la plaza de toros de Sevilla, Ramón Valencia; el ganadero Fernando Sampedro; el abogado y ex hermano mayor Joaquín Moeckel, el juez José Luque Teruel o periodistas como Ricardo Domínguez, Francisco Gallardo o Carlos Crivell además de varios miembros de la junta de la corporación del Miércoles Santo que, eso sí, este año no pudo celebrar esa entrañable convivencia final para poner el colofón a una tarde noche de devoción, memoria, amistad y toros.

Nexos históricos

Los vínculos de la Hermandad del Baratillo con el mundo taurino y la propia Maestranza son casi tan antiguos como la propia capilla de la hermandad, elevada junto al primitivo monte Baratillo algunos años después de la trágica peste de 1649 que convirtió aquel paraje extramuros de la ciudad en un inmenso cementerio señalado por la cruz que aún campea en la cúpula del coqueto templo del Arenal.

Junto a ese lugar, se construirían los sucesivos cosos provisionales que desembocaron en la construcción de la actual plaza de toros a finales del siglo XVIII. La capilla llegó a servir de oratorio de los toreros que actuaban en el coso maestrante. En uno de sus altares, además, se conserva una imagen roldanesca de San José, regalo del legendario diestro Pepe Hillo. Esos vínculos se estrecharon con el tiempo hasta escoger a la Virgen de la Caridad como patrona de la extinta Asociación Benéfica de Socorros a la Vejez del Torero. El llamador de su palio, incluso, es sostenido simbólicamente por un angelito tocado con montera torera. Es la misma imagen que en la última salida de un Miércoles Santo –la de 2019- estrenó la rica saya confeccionada con el vestido verde lago y oro que lució Morante de la Puebla en su último compromiso de la Feria de Abril de 2016.


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