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Observatorio taurino

La función debe continuar

El negocio taurino no termina de despegar por completo, lastrado por estrategias internas y condicionado por las medidas sanitarias impuestas por las distintas comunidades

13 jul 2020 / 13:38 h - Actualizado: 13 jul 2020 / 13:41 h.
"Observatorio taurino"
  • Foto de Álvaro Pastor Torres
    Foto de Álvaro Pastor Torres

En la orilla atlántica

No pudo ser en el Mediterráneo pero sí será en el Atlántico. La mixta de Osuna el primero de agosto, la miniferia de Colombinas de los días 2 y 3 y la corrida organizada en El Puerto para el día 6 –que cae en jueves- marcarán el reinicio de la actividad taurina más allá de esas clases prácticas que dan pulso a la actividad de las escuelas taurinas. Eso sí, los imprescindibles festejos picados siguen brillando por su ausencia a pesar de las conjuras y promesas del inicio de la pandemia. Salen carteles, sí, pero pervive cierta sensación de inmovilismo, de exceso de prevención, de falta de apuesta y de política del avestruz... La cita de El Puerto –Ponce, Morante y Aguado en el cartel- también ha tenido su propio efecto colateral y ha enseñado que la impenetrabilidad de las líneas de frente del toreo. La ruptura entre el gestor del evento -el empresario sevillano José María Garzón- y el diestro Paco Ureña, triunfador de la última temporada “normal”, sirve para certificar que es imposible saltar ciertos cercos. La relación profesional entre ambos, sellada al concluir la campaña 2019, apenas se había estrenado en tres excursiones americanas y ha quedado fulminada a raíz de la exclusión del murciano de ese cartel poscovid, el primero que ha podido organizar Garzón después del tremendo jarro de agua fría que supuso la organización de la corrida coral de Málaga, abortada a punto de ser anunciada.

Lastres internos y privilegios

El negocio no termina de despegar y los carteles de Huelva y El Puerto, además, revelan la nómina de toreros de primera línea que están dispuestos a adaptarse a las circunstancias para poner en marcha la pesada maquinaria del toreo. También los que no. Por un lado tenemos a Enrique Ponce, que con casi cincuenta palos y el reciente circo mediático de tres pistas que le rodea está dispuesto a torear hasta los toros de Guisando. Mucho más interés taurino y opción de futuro despierta la decisión de Pablo Aguado, estrella indiscutible en esas Colombinas sin farolillos y en la corrida del Puerto que también servirá para reactivar la temporada de Morante, que sí pudo inaugurar en las citas de Illescas y Olivenza. El de La Puebla será el primer torero del viejo senado que salga a la palestra. ¿Qué pasa con el resto? ¿Qué piensa hacer Roca Rey? ¿En qué están pensando las figuras? ¿Qué se cuece en los cenáculos de ANOET?

Pero hay que recuperar el hilo anterior. Esos carteles ponen un punto de normalidad –de la de antes, no de la nueva que quiere imponer Sánchez y su banda- a la segunda parte de la temporada. Ya se conocen otras combinaciones para Mérida; también se ha anunciado la corrida magallánica de Sanlúcar de Barrameda... Pero la situación sigue siendo demasiado confusa. A las distintas velocidades y sensibilidades de cada comunidad autónoma se están sumando algunas estrategias que siguen lastrando desde dentro la reactivación del negocio. A estas alturas ya tenemos más o menos claro quién quiere torear y quién ha decidido esconderse en las trincheras. En los corrillos del toreo se habla del eterno problema: el maldito parné. ¿Ciertos toreros temen un recorte general de sus históricas prebendas aprovechando el momento calamitoso que atraviesa el toreo? Pues por ahí pueden ir los tiros.

A vueltas con el aforo

Y los brotes verdes se trufan con campos agostados. A punto de concluir los fantasmales sanfermines ya sabemos que tampoco habrá Semana Grande de Bilbao. Al que fuera transcendental escenario vasco, que ya andaba malherido, le costará salir de ésta. Así están las cosas, mientras se sigue hablando de la hipotética recuperación parcial de la temporada en la plaza de la Maestranza. Los jueves de julio están pasando, uno a uno, sin contemplar ese paisaje inconfundible de neveras, público familiar e ilusiones juveniles que presiden las novilladas de promoción. Las miradas están puestas en el viejo monte Baratillo para el estreno del otoño. En el último Observatorio Taurino ya avanzamos que la empresa Pagés estaba aguardando a una ampliación al 75% del aforo permitido por la Junta de Andalucía para refrescar los carteles de la feria de San Miguel. Unas declaraciones inmediatamente posteriores de Ramón Valencia en Aplausos han confirmado punto por punto el asunto añadiendo que se retomarían los mismos carteles presentados en febrero prescindiendo, ay, de la novillada prevista que había sido concebida como final de un ciclo amparado por la propia Junta. Pues en esas estamos, mientras estrenamos nuevas obligaciones en el uso de la mascarilla y crece la preocupación por esos rebrotes que, indudablemente, juegan en contra de la flexibilización de las normas aprobadas hasta ahora. Ése es el panorama...

Pero hay puertas abiertas a la esperanza. En el campo bravo se reseñan, apartan o reservan corridas por lo que pueda pasar. ¿Habrá feria de Otoño en Madrid? Todavía se puede soñar. También hay una corrida de Cuvillo dispuesta para anunciar –no debe tardar si el asunto va finalmente hacia adelante- el festejo más lujoso del primer sábado de septiembre. Pero todo podría estar supeditado a la flexibilización de ciertas normas y, especialmente, a la altura de miras de un sector que posiblemente no tenga remedio.


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