Márquez, Muñoz y Medina se verán las caras en la final del ciclo de noveles

El jurado ha primado las orejas cortadas sobre otros parámetros. Los aspirantes del tercer festejo también reunieron méritos para pasar

23 jul 2016 / 10:39 h - Actualizado: 23 jul 2016 / 11:43 h.
"Novilladas de promoción en la Maestranza"
  • El sevillano Rodrígo Molina, durante la faena al primer novillo de la noche. / Manuel Gómez
    El sevillano Rodrígo Molina, durante la faena al primer novillo de la noche. / Manuel Gómez

El ciclo de promoción de nuevos valores de la torería ya tiene finalistas. El jurado formado por los asesores artísticos de la presidencia de los festejos publicó su veredicto al finalizar el tercer festejo clasificatorio del pasado jueves. Las respectivas orejas cortadas por Juan Márquez, Jesús Muñoz y Antonio Medina han sido el argumento que ha debido pesar en la decisión del jurado aunque, llegados a este punto, cabe preguntarse si el próximo jueves estarán todos los que son y son todos los que estarán...

El caso es que las actuaciones más compactas se vivieron en el tercer y último festejo clasificatorio a pesar de pasar en blanco en la estadística. El rigor del palco y el petardo a espadas impidió que la novillada del último jueves diera la vuelta al resultado. Se vio la faena de mayor diapasón artístico: la firmó el aspirante maño David Salvador –presentado por la Escuela de Salamanca– con un novillo, el quinto de Cayetano Muñoz, tan manso como enclasado que le permitió cuajar los mejores muletazos de todo el ciclo.

Esa misma noche –en la que se elevó el discreto nivel de este año– también asistimos a la actuación del novillero más y mejor preparado de la nómina de aspirantes. Hablamos de José Antonio Lauri, un malagueño de Alhaurín al que ampara El Cid. Su tarjeta de presentación fue la capacidad de resolución, la frescura de ideas, el sentido del temple y el dominio de la escena. Lauri torea, además, con una composición natural y una excelente colocación y –las cosas como són– superó el discreto nivel de los chavales presentados a este ciclo de desarrollo tibio en el que no ha fallado, una vez más, el concurso del público.

Y hablando de público. Hay que destacar la legión de amigos, familiares y allegados que se llevó Rodrigo Molina, dueño de un apellido estrechamente vinculado al campo bravo de Sevilla. Molina acusó cierto verdor pero no volvió nunca la cara y logró plantarle cara con absoluta dignidad a sus dos enemigos. Anuncia cosas muy buenas con el capote; tiene valor natural; capacidad de entrega... hay que verlo más. Debió pasear la oreja que cambió por una agridulce vuelta al ruedo.

El caso es que ni él ni los otros han logrado el pasaporte a la final del próximo jueves. El cómputo de los trofeos ha pesado sobre otras consideraciones. Ha sido la tónica habitual en situaciones parecidas. No hay que quitarle mérito a las tres orejas cortadas pero no conviene olvidar qué fue lo más destacado. Medina logró su trofeo gracias a su irreductible entrega con un pésimo y peligroso novillo de Aguadulce que le propinó un fuerte golpe en la cara. Antes había logrado meter en la canasta al menos malo del decepcionante envío.

Los otros dos trofeos se cortaron en la segunda novillada clasificatoria que contó con una excelente novillada de La Quinta a favor. Jesús Muñoz se llevó una oreja del segundo de su lote –el mejor de la noche– con el que logró sobreponerse a sí mismo y a su escasa experiencia. La otra oreja fue para Juan Márquez, un hijo del cuerpo que tiene sus mejores armas en el toreo de capote, que es su fuerte indiscutible, y en el manejo de la mano izquierda. La suerte y las circunstancias han querido que la final enfrente a dos sevillanos con el representante de la exigente escuela de Badajoz. Que gane el mejor.


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