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Oliva Soto: torear a corazón abierto

El diestro camero evocó el XXV aniversario de la trágica muerte de su tío Ramón Soto Vargas indultando un enclasado y boyante ejemplar del hierro de Fermín Bohórquez ante sus paisanos

09 sep 2017 / 23:43 h - Actualizado: 09 sep 2017 / 23:43 h.
"Toros"
  • El joven matador, que cuajó una gran tarde de toros e indultó al cuarto de Bohórquez, llegó a dibujar algunos muletazos tan inspirados como este. / Reportaje gráfico: Estefanía Azul
    El joven matador, que cuajó una gran tarde de toros e indultó al cuarto de Bohórquez, llegó a dibujar algunos muletazos tan inspirados como este. / Reportaje gráfico: Estefanía Azul

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Lo del indulto es lo de menos. Nos quedamos con el estado de gracia y sitio, perfectamente enhebrado a la clase del toro de Bohórquez, de un Oliva Soto inspirado y entregado que honró la figura de su tío Ramón de la mejor manera posible: toreando. Oliva reveló sus mejores registros cuajando un faenón en el que hubo desgarro, ritmo, pellizco, inspiración... El joven matador camero había iniciado ese trasteo sentado en una silla y con la montera calada dibujando un aguafuerte de época. El traje de terciopelo rioja, cuajado de azabaches, reforzaba el aire evocador de una escena que sólo fue el preludio del recital que vino después. Es que se hartó de torear, espatarrado y sembrado, enseñando un alado sentido del temple que convertía los muletazos en quejidos. Aquello subió de tono y la prolongación de la faena sólo hacía preludiar un indulto cuya oportunidad dejaremos para los que van a los toros con lupa y el reglamento en el bolsillo.

Pero esa faena redonda sólo había sido la guinda de una tarde completa en la que sólo falló la taquilla. Oliva había hecho un gran esfuerzo para recuperar el pulso taurino de su localidad y echó toda la carne en el asador desde el segundo uno, después de la voluntariosa actuación del rejoneador Alejandro Rodríguez. El camero se entregó a tope con los cuatro toros que lidió. El primero, marcado con el hierro de Lagunajanda tuvo mejor lado izquierdo que derecho. Por ese palo lo entendió Oliva, siempre firme, en un largo mazo de naturales de trazo largo que sumó a un toreo de cercanías. Un pinchazo y una estocada validaron las dos primeras orejas.

La espada sí le iba a impedir llevarse los trofeos del segundo de lidia ordinaria, un ejemplar manso y acobardado marcado con el hierro de Bohórquez que puso a prueba el motor y el fondo técnico del diestro gitano. Oliva no se dejó nada en el callejón y apretó al toro hasta exprimirle la última embestida en una faena muy cerrada en tablas, vertebrada en muletazos de pitón a pitón, que culminó con un serio arrimón y un oportuno desplante.

El torero se metió en la furgoneta para mudarse el vestido marino y oro con el que había lidiado sus dos primeros toros. Las emociones estaban a punto de desatarse. Oliva dio lo mejor de sí mismo con el peor toro del envío. Fue el tercero, de la ganadería de Lagunajanda. El matador se abandonó por completo en una faena brindada al cielo que hizo presente la memoria de Ramón Soto Vargas, el torero de plata muerto en las postrimerías de los fastos del 92.

La banda comenzó a tocar, inesperadamente, la marcha Caridad del Guadalquivir, mientras Oliva Soto, sin importarle las tarascadas y el mal estilo de su enemigo, cuajaba muletazos plenos de desgarro y dictados con el alma. Es verdad que la faena no pudo tener la continuidad que impedía la mala condición del toro pero también es cierto que el matador se vació entero sin saber que aún podía llegar lo mejor. Oliva merece volver al circuito.

Plaza de Toros de Camas

Ganado: En la lidia ecuestre se ha lidiado un eral de Peralta que se dejó. A pie saltaron dos toros de Lagunajanda: el noble primero y el muy deslucido tercero. El encierro se completaba con otros dos ejemplares de Fermín Bohórquez: un manso y acobardado que hizo segundo y el noble y muy enclasado cuarto, llamado Agradecido, marcado con el número 110 y de 520 kilos de peso. Fue indultado.

Actuantes: El rejoneador Alejandro Rodríguez, oreja.

Alfonso Oliva Soto, que actuó como único espada y usó un vestido marino y oro y otro burdeos y azabache, cosechó el siguiente balance: dos orejas, silencio, dos orejas y rabo y dos orejas y rabo simbólicos.

Incidencias: La plaza portátil instalada para la ocasión registró media entrada.


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