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Paco Aguado: «Todavía hay gallistas y belmontistas peleándose»

El escritor, investigador y crítico madrileño está a punto de presentar la esperada reedición de su ‘Joselito, rey de los toreros’ al borde del centenario de la muerte del coloso de Gelves

02 may 2020 / 12:48 h - Actualizado: 02 may 2020 / 12:51 h.
"Toros"
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El libro ya ha salido del horno. La reedición del ‘Rey de los toreros’ (Paseo Editorial) de Paco Aguado viene a colmar las expectativas de muchos aficionados que seguían rastreando la primera y única edición de una obra iniciática había llegado a alcanzar precios disparatados. El autor logró hace dos décadas abrir la espita del moderno revisionismo de la figura de José Gómez Ortega, un torero fundamental que tendió todos los puentes del futuro del negocio y el arte de torear y que había quedado eclipsado por la mayor parte de la bibliografía oficial.

¿Quién iba a pensar que el año de Gallito iba a pasar a la historia como el año del coronavirus?

Pues sí, es una mala coincidencia pero la pena es que no se puedan celebrar todas las exposiciones, actividades y homenajes que había previstos. Habría que pensar en que el año que viene fuera un 100+1. El personaje lo merece.

En cualquier caso, la pandemia no ha logrado frenar la reedición de ese ‘Rey de los toreros’..

Ya hay muchas peticiones y ha sido acogido con una expectación que yo no esperaba. No vamos a poder ver toros pero por lo menos vamos a poder leer. No deja de ser una alternativa al aficionado para ayudarle a llenar este vacío. Si no se puede sentar en el tendido que por lo menos se pueda sentar en un sillón a leer. El libro cuenta además con un espléndido prólogo de Luis Francisco Esplá que ha sabido tomarle el pulso perfectamente al personaje.

Es que la anterior edición se había convertido ya en un incunable...

En su momento se sacaron 3.000 ejemplares, como todos los de la colección ‘Tauromaquia’ de Espasa. El momento de preparar una segunda edición coincidió con la compra de Espasa Calpe por parte de Planeta que eliminó la colección taurina. Por eso se convirtió en un libro tan difícil de encontrar y tan caro de pagar de segunda mano. De alguna manera esta edición viene a colmar esas expectativas. Mucha gente lo quería tener, incluso jóvenes aficionados de las nuevas generaciones y la nueva edición viene a solventar esa carencia.

Paco Aguado: «Todavía hay gallistas y belmontistas peleándose»

Esas expectativas no dejan de ser el certificado del interés que sigue despertando este personaje a punto de cumplirse un siglo de su trágica muerte en Talavera.

¡Hay hasta gallistas y belmontistas peleándose todavía! Eso sí que es increíble. Es que es un personaje decisivo y fundamental. El libro en su momento señaló y llamó la atención sobre una figura que estaba muy poco reivindicada y hasta desconocida. Estaba oculta bajo un montón de literatura belmontina –de gran literatura belmontina- sobre todo el libro de Chaves Nogales. La figura de Joselito era plana. Se le reconocía su papel de rival de Belmonte pero no se había reparado en su verdadera trascendencia para entender la evolución de la Tauromaquia. Es algo que se ha visto con la distancia que ha dado el tiempo.

Ha apuntado algo que merece ser profundizado. Es que 100 años después también hay gallistas y belmontistas enfrentados con cierta vehemencia

No sabemos si llegarán a pegarse como entonces pero más allá de la broma no deja de representar dos formas de entender la vida. Belmonte es un torero que está muy metido en el subconsciente del aficionado taurino y hay muchos que se sienten agredidos porque creen que reivindicar a Joselito es atacar esa figura idolatrada de Belmonte. Pero no es cierto. Nadie le quita nada a Belmonte. Todo lo contrario. Le da mucha grandeza. Estar compitiendo con Joselito El Gallo en esa época... Si no le quitamos nada a Belmonte tampoco hay que quitárselo a Joselito.

Ahí se ha alumbrado una idea muy interesante: el toreo como metáfora de la vida, de dos formas de entenderla...

Igual que en la pintura o en la música... El toreo también representa maneras de aprender a vivir. Uno puede seguir por distintos caminos y los toreros, el gran valor que trasciende de muchos de ellos es que te dan lecciones de vida, clase, estilo y de estar en el mundo. Es la gran metáfora de la vida llevada de una manera extrema. Todo el que va al tendido de una plaza de toros, de alguna forma, va a aprender a vivir.

Paco Aguado: «Todavía hay gallistas y belmontistas peleándose»

La figura de José también está sujeta últimamente a reinterpretaciones contrapuestas de su psicología, de su vida íntima...

La vida de Joselito El Gallo es la vida de un gran torero, de un auténtico visionario del futuro de la Tauromaquia con un final trágico no sólo porque muere en Talavera sino porque él se entrega en cuerpo y alma a su oficio, a su profesión y a su propio liderato. Eso le cuesta el cansancio de los públicos que le ven triunfar tanto. Sobre todo le cuesta la enemistad de quienes se sienten agredidos por los cambios que va a introducir. El final de Joselito es trágico y triste. El último año y medio de su vida está venido a menos de moral; va perdiendo alegría, fuerza... Es una vida difícil porque cambió muchos intereses creados y ofendió a mucha gente sin pretenderlo. Trastocó muchas cosas que estaban asentadas, sobre todo en la oligarquía taurina sevillana: la forma de estar, de entender el propio negocio. Todo eso lo cambia Gallito y a pesar de tener tanta gente en contra en el final de su carrera se demuestra que lo que hizo fue fundamental y tan trascendente que un siglo después todavía estamos viviendo de lo que él ideó.

La etiqueta tradicional de revolucionario correspondía a Juan y José detentaba la de garante del antiguo régimen. La historia cambia...

Creo que la revolución belmontina es más estética que técnica. Hablamos de un personaje sin fortaleza física, sin tradición, sin conocimientos aparentes del oficio que consiguió una emoción muy profunda en el espectador. Eso cambia todo. De ahí el atractivo de los intelectuales por Belmonte. Ven que ese ‘pelele’ es capaz de hacer cosas grandiosas y de emocionar a las masas cuando todo el mundo por pura lógica -como decía El Guerra- repetía que había que darse prisa en verlo antes de que acabara un toro con él. Pues no acabó un toro con él, viniendo a demostrar que el toreo es una fuerza del espíritu. Ésa es la gran revolución belmontina.

Hay que volver a la primera edición de ‘El Rey de los toreros’. Es el definitivo punto de arranque del más moderno revisionismo de la figura de José. Alameda lo había apuntado pero tuvo que pasar algún tiempo para que se recuperara ese hilo.

Ésa era mi intención en su momento y si he logrado conseguirlo aunque sólo sea en parte estoy encantado. Me di cuenta al hablar con toreros, aficionados, ganaderos antiguos... algunos habían llegado a verlo y otros no pero sí tenían referencia directa de otra gente que sí conoció a Joselito. Me hablaban de una manera muy distinta de cómo se presentaba su figura en los libros de historia del toreo. Y de ahí mi curiosidad. Me puse a indagar y encontré muchas cosas. Ya el año del centenario de su nacimiento hice un guión para Tendido Cero en Televisión Española que marcaba el esquema de lo que iba ser el libro. Desde los años 50 no se había escrito nada. Lo había hecho Gregorio Corrochano. Se lo debía de alguna manera aunque no entraba en un análisis demasiado profundo ni en su trascendencia fuera de los ruedos. La idea del libro era reivindicar esa figura. Curiosamente ahora todo el mundo le llama el Rey de los toreros y antes no se le había nombrado así salvo en la famosa poesía de Alberti en la que se le llama “el rey de los matadores” que es a la que yo me agarré para titular el libro.

En 2019, aunque quizá no como merecía, se conmemoró el centenario de Chicuelo. Pero en todas las charlas y encuentros, de una forma u otra, se empezaba hablando de Manuel Jiménez y se terminaba hablando de José Gómez Ortega.

Joselito no descubre el toreo en redondo, ya se estaba haciendo rara vez. Él mismo, antes de que se grabara esa corrida de los siete toros de Martínez en Madrid, ya lo había hecho varias veces. Pepe Alameda ve esa película y llama la atención sobre ese hecho. José ahonda en ese toreo en redondo, lo hace con mucha más regularidad porque también se va encontrando un toro que se adapta mejor a esas formas y en el que tiene un mando más prolongado. Era muy difícil ligarle a un toro que ya se había parado antes de tocar a muerte como pasaba tantas veces. Joselito sigue por esa línea; es la línea que continuaría Chicuelo y llegaría hasta Manolete. Hay una imagen curiosa de la reaparición de Belmonte en 1934 en la que se contempla a Belmonte en Nimes pegando muletazos sueltos. Al día siguiente se filma a Marcial ligando cuatro muletazos y uno de pecho. Había tenido más repercusión la técnica de Joselito El Gallo que la de Belmonte. No es un demérito de Belmonte pero su trascendencia es más estética que técnica.

La historia taurina suele ser muy estricta con sus colosos y más indulgente con sus actores más inconsistentes o desiguales.

La regularidad es un grave pecado para el aficionado. Casi todos los toreros que han sido regulares en el triunfo han acabado repudiados por los públicos. Parece que el que mantiene esa mayor regularidad es el que más engaña o el que más miente... Ya lo dijo Pepe Luis Vázquez de Manolete: se había metido en un laberinto muy difícil. La gente perdona más esas desigualdades. Las ven más humanas.

Paco Aguado: «Todavía hay gallistas y belmontistas peleándose»

Hay que poner el punto de mira en esa nueva versión de ‘El rey de los toreros’. ¿Qué nos vamos a encontrar?

Es lo que yo quería hacer desde el principio. En el 99 estuve mucho tiempo recabando información pero el libro me lo escribí en dos meses y se editó en uno. Me dejó satisfecho pero aún tenía lagunas y campos en los que quizá me quedé a medias por falta de documentación. También había algunos errores que se han subsanado. Esta edición tiene cien páginas más y se profundiza más en algunos asuntos; se ha revisado la estadística para el amante de los números; tiene cuatro pliegos de fotografías muy significativas y contiene además un índice onomástico –en el que se empeñó el editor con acierto- que ayuda mucho al investigador. Hay que añadir cuestiones y personajes importantes, como José Julio Lissen, constructor de la Monumental y pieza fundamental del proyecto, con una trayectoria vital y empresarial que explica muy bien porqué se levantó la plaza; porque tuvo toda la oposición de la oligarquía sevillana de la época y porqué finalmente se llega a derribar la Monumental. Todo está relacionado con Lissen, incluso por encima de José.

La historia del toreo y su relación con el arte, la cultura y la política del momento aún está por contar.

La historia está contada pero sí es verdad que se pueden entender muchas más cosas si las ponemos en contexto. Las corridas de toros son un acontecimiento que no se puede entender sin relacionarlas con el contexto social, político, económico, etc... del país. Ahí vamos a encontrar muchas claves. Si las vinculamos al momento histórico en el que se producen vamos a entender muchas más cosas. Esos años 10 del siglo XX fueron fundamentales en muchísimos aspectos. Hablamos de un despertar de las masas, los cambios políticos, ¡las vanguardias...¡ El toro se alimenta de todo eso, está en ese mundo, muy por encima de los que quieren sacarlos de ese contexto. De hecho, todo lo que está pasando estos años en el seno de la Tauromaquia tiene mucho que ver con el contexto social, económico y político en el que nos encontramos. Cuando pase el tiempo podremos tener un poco de perspectiva para darnos cuenta.

¿Y si Gallito no se hubiera muerto en Talavera?

Hay quien dice que se habría retirado pronto. Yo creo que probablemente se habría casado con Guadalupe Pablo-Romero después de alejarse de los ruedos. No sé si hubiera vivido mucho. Carlos Crivell ha apuntado que tenía la enfermedad de Crohn y posiblemente no habría tenido una vida muy larga. Creo que se habría hecho ganadero: le tenía echado el ojo a la ganadería de Fernando Parladé que luego ha sido el germen del 80% de las vacadas actuales. Habría sido un buen ganadero y quién sabe si se habría metido en cuestiones empresariales. Pero no creo...


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