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Roca Rey: llegar... y mantenerse

El joven paladín peruano ha cubierto su segunda temporada completa como matador de toros

18 dic 2017 / 12:11 h - Actualizado: 18 dic 2017 / 12:15 h.
"Toros","Andrés Roca Rey"
  • Roca Rey, que se encuentra en plena campaña americana, terminó segundo en el escalafón. / Antonio Delgado-Roig
    Roca Rey, que se encuentra en plena campaña americana, terminó segundo en el escalafón. / Antonio Delgado-Roig

Andrés Roca Rey ha culminado la campaña europea con 55 funciones anotadas que le sitúan en el segundo lugar del escalafón de los matadores. Juan José Padilla, el líder numérico, le ha superado por una única corrida. El diestro peruano ha estoqueado un total 112 reses a las que cortó 74 orejas y 3 rabos.

El joven matador limeño repartió sus actuaciones entre las 20 cumplidas en plazas de primera categoría y las 24 que toreó en las de segunda. En las de tercera sólo llegó a sumar 11 corridas. Roca alternó sus actuaciones en España, Francia y Portugal con frecuentes incursiones en la América taurina.

Roca Rey ya ha quemado el efecto sorpresa que le acompañó en la temporadaa 2016 sin apearse de los mejores carteles y las ferias del primer circuito. El joven caudillo limeño también ha contemplado la llegada de nuevos gallitos, no demasiados, a un estrecho corral en el que empieza a cacarear con fuerza otro pretendiente a la primera fila, Ginés Marín, con el que ya se le compara sin piedad ni disimulo. Tampoco han faltado en 2017 esos percances que los más escépticos colocan en el debe de su cuenta de resultados. Pero el joven matador peruano, definitivamente, ha sabido mantenerse con autoridad sin apearse de esa condición de figura que adquirió de forma fulgurante y remachó en su salida a hombros en Las Ventas en la isidrada de 2016.

Eso sí, en 2017 se le han medido todos los pasos y ha comprobado que los públicos, entregados de antemano sólo un año antes, no le han regalado nada. Roca había abierto la temporada española triunfando en Olivenza pero en la siguiente función, en el ruedo de Andújar, sufrió un tremendo golpe en el coxis que le obligaría a llegar mermado de facultades a su cita fallera, resuelta con el corte de una oreja a cada uno de los toros de Núñez del Cuvillo que estoqueó. Roca se resintió del porrazo y tuvo que desistir de comparecer en Castellón.

Posiblemente tuvo que forzar algo la máquina para hacer el paseíllo en la lujosa tarde del Domingo de Resurrección sevillano, acartelado con Morante y Manzanares. No pasó nada destacable pero el joven paladín limeño se iba a encontrar con un importante manso de Victoriano del Río en su segunda comparecencia del Viernes de Farolillos al que desorejaría por partida doble. Fue el único matador en hacerlo en todo el ciclo abrileño pero la dimensión global que había brindado Antonio Ferrera –seguramente el torero del año– eclipsó el rotundo faenón del peruano en una tarde en la que Castella, por cierto, también rozó el doble trofeo con un toro de vacas llamado Derramado. Roca se mostró en plenitud, dosificando los efectos especiales, y estuvo muy cerca de abrir esa puerta inquietante que se mira en el Guadalquivir.

Con los farolillos apagados se levantaba la meta de Madrid. En 2016 le habían sacado a hombros y en 2017, mirado con lupa, iba a volver a puntuar. Ojo, antes pasó como una auténtica apisonadora en el mano a mano que dirimió con Alejandro Talavante en la Feria del Caballo de Jerez. Metió en el esportón cuatro orejas y le llegaron a pedir un rabo. Se los llevaron a los dos por la puerta grande pero Madrid, siempre Madrid, era una certeza cercana que no terminó de rodar en el primer bolo. Fue silenciado con los cuvillos. Tomó aire puntuando en Córdoba; abriendo la puerta grande de Cáceres y cortando tres orejas en Sanlúcar de Barrameda. Pero en Madrid le esperaba una corrida de Victoriano del Río que –ahora sí– le permitió cortar una trabajada oreja.

La senda del triunfo continuó en Brihuega, Albacete o Granada pero en Badajoz, el día 22 de junio, iba a llegar un nuevo percance. Andrés resultó herido al romperse la espada. Forzó la maquinaria para reaparecer en San Fermín pero un percance idéntico -el estoque volvió a partirse al entrar a matar- le tuvo en el dique seco hasta el 27 de julio reavivando el debate sobre su propensión a pasar por el hule.

Roca triunfó con fuerza en El Puerto de Santa María pero las puertas grandes se resistieron más de lo que había sido norma. Las dudas se terminaron de despejar en Bilbao, cortando dos valiosas orejas –una a cada uno de sus toros– de un gran encierro de Jandilla en la tarde que mayor expectación había desperado en el ciclo vasco. El joven matador limeño recuperó sus mejores fueron con un gran sexto, llamado Impresor, que también le devolvió el crédito cuando más lo necesitaba. Roca obtendría otra oreja, de distinto peso, en su segunda tarde bilbaína. Y de ahí, a recoger por el curso bajo de la temporada.

Hay que reseñar especialmente el indulto de un ejemplar de Garcigrande en la feria de Albacete y el rabo de Murcia pero, por encima de los números, la confirmación de estar ante un torero que ha sabido resistir su propia novedad. El mejor Roca está por encima de su baraja de efectos especiales o de esa propensión a caminar por el filo. Detrás de la sorpresa se encuentra un gran proyecto de figura. Llegó de la nada y se instaló en cinco minutos. No había sido nada fácil llegar. Pero es mucho más difícil mantenerse.


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