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Roca Rey también impone su ley en Colombinas

El diestro peruano abrió la puerta grande del coso de La Merced en unión de un Manzanares de aire funcionarial y de Alejandro Conquero, que triunfó en el día de su alternativa

31 jul 2022 / 09:44 h - Actualizado: 31 jul 2022 / 09:52 h.
"Toros","José María Manzanares","Andrés Roca Rey"
  • Fotos: Arjona
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La foto triunfal –los tres matadores a hombros camino de la puerta grande- debe ser matizada. En la corrida de Algarra, bien presentada para la ocasión, hubo toros más que aprovechables para que ese paseo triunfal tuviera más contenido; para que las nueces superaran al ruido. La actuación más sólida, dentro de su propia hoja de ruta, fue la de un Roca Rey fiel a sus más genuinos golpes de efecto y a esa entrega indeclinable que convierte en su mejor vehículo de conexión con los públicos. Manzanares, por su parte, se conforma con tirar de profesionalidad y oficio para torear mecánicamente, matar con eficiencia y cortar orejas olvidables. El neófito, que logró tomar la alternativa en la plaza de su tierra, se entregó a su modo y sus paisanos se lo agradecieron. Ya tiene la foto, lo difícil llega ahora.

Y es que Roca Rey era la estrella indiscutible del cartel, que se encontró con un tercero desentendido en el primer tercio que acabó moviéndose en banderillas. El planteamiento iba a ser en los medios: firme y espatarrado, muy reunido con el animal, abrochando con grandes pases de pecho. El toro, andarín y soso, acabaría tomando la muleta del peruano que toreó con trazo preciso y se lo pasó por la espalda en un oportuno efecto especial después de dejar que los pitones le llegaran a las ingles. El espadazo fue un cañonazo. Las dos orejas iban a caer sí o sí.

Pero aún le quedaba el quinto, un precioso castaño salpicado, al que toreó firme como un cierio en los muletazos cambiados iniciales. Pero la batalla, una vez más, iba a ser en el centro del ruedo. La cosa empezó a crecer, sobando una embestida cansina. Tocaba arrimarse, tirar de repertorio, sacárselo por aquí y por allí, enroscárselo al cuerpo... Vamos, que se pegó un arrimón de categoría sin importarle que el toro ni pasara creando su propio espectáculo para poner en sus manos -previo espadazo- otra oreja contante y sonante. Pues de eso se trata...

El segundo, primero del lote de Manzanares, salió con aire abanto. El alicantino lo lanceó con buen trazo y Paco María lo picó con autoridad antes de que el toro mostrara sus bondades -clase y recorrido- en una primera ronda dicha a derechas. Josemari no encontró el mismo hilo por el pitón izquierdo y, desengañado, se empleó por el otro lado en una labor tersa y aséptica; faltaba ese punto de más que le habría servido para pasar la raya. No le impidió cortar una oreja de las que hay muchas. Manzanares brindó el cuarto a los tendidos. Fue un toro obediente que se desplazó en los limpios muletazos del alicantino que alivió siempre la embestida en el remate de los muletazos. Su labor fue muy parecida a la anterior: corrección sin arrebato, precisión técnica y una fría elegancia que debe ser eso que llaman profesionalidad. Ni decir tiene que la espada, infalible, validó la oreja.

Pero a la tarde no le faltó su alternativa, la del novillero local Alejandro Conquero, que recibió los trastos del oficio de un locuaz Manzanares. Ese toro, el del doctorado, se desplazó en los ampulosos lances de recibo del neófito antes de tomar un feo puyazo del que salió afligido. Conquero quitó por tafalleras y la cosa se atrancó en banderillas -el toro tirado por el suelo- antes de que tomara la espada y la muleta de su padrino. No le faltó gusto en los ayudados iniciales, el pase de la firma... Pero el toro volvió a derrumbarse en el primer cite formal. No hubo más.

Al chaval sólo le quedaba el cartucho del sexto y sus paisanos le alentaron con esas genuinas palmas por Huelva. Ese apoyo ya no le iba a faltar: en las animosas verónicas de recibo o en los buenos doblones que abrieron su faena, sinceramente entregada a pesar de evidenciar tan poco oficio. Fue un toro pronto y alegre al que toreó animoso sin dejar de sentir ese aliento. Los mejores muletazos, por cadencia y gusto, llegaron al final aunque la invocación litrista -unas atropelladas manoletinas de rodillas- no salieron como las había pensado. Mató más pronto que bien y se unió a la fiesta con dos orejas en las manos, camino de la puerta grande.

Ficha del festejo

Ganado: se lidiaron seis toros de Luis Algarra, bien presentados. El primero, inválido, no tuvo un pase. El segundo brindó un gran pitón derecho; soso el tercero; manejable y algo blando el cuarto; aplomado el quinto y más que potable el sexto.

Matadores: José María Manzanares, de plomo y oro, oreja y oreja

Roca Rey, de zafiro y oro, dos orejas y oreja

Alejandro Conquero, de clorofila y oro, ovación y dos orejas

Incidencias: La plaza registró casi tres cuartos de entrada en tarde calurosa. Saludaron Carvajal y El Ruso.


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