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Temporada 2016: la reconciliación

El diezmado G-5 volvió a anunciarse en Sevilla pero los grandes titulares fueron para Morante de la Puebla, Escribano, Castella, Manzanares y, sobre todo, Victorino Martín

13 oct 2016 / 09:04 h - Actualizado: 13 oct 2016 / 10:31 h.
"Morante de la Puebla","Enrique Ponce","Andrés Roca Rey"
  • Manuel Escribano cuajó el momento más intenso de la temporada 2016 cuajando de cabo a rabo a un toro de Victorino Martín llamado ‘Cobradiezmos’ al que logró indultar en medio de una gran apoteosis. / Inma Flores
    Manuel Escribano cuajó el momento más intenso de la temporada 2016 cuajando de cabo a rabo a un toro de Victorino Martín llamado ‘Cobradiezmos’ al que logró indultar en medio de una gran apoteosis. / Inma Flores
  • Padilla logró abrir la Puerta del Príncipe sin dejar ningún poso. / Manuel Gómez
    Padilla logró abrir la Puerta del Príncipe sin dejar ningún poso. / Manuel Gómez

Es verdad que Padilla logró abrir la Puerta del Príncipe con la ayuda de un palco bizcochón. En su cuerpo se lo lleva. Pero la memoria del toreo es selectiva y el triunfo numérico del diestro de Jerez ha quedado como mera anécdota de una temporada que partió con nuevos condicionantes. Era la primera que organizaba Ramón Valencia como gerente único de la empresa Pagés; también se había sellado la paz con las ruinas de aquel G-5 que condenó a la plaza de la Real Maestranza durante dos durísimas campañas sin atender las demandas de una afición menguante que, a la postre, ha sido la gran damnificada del empeño.

Pero agua pasada no mueve molino. Si ponemos el recuerdo a prueba, siguen revoloteando los nombres de Morante; Escribano y aquel toro de Victorino; y más recientemente, los de Castella y Manzanares que llenaron la recentísima feria de San Miguel que clausuró el abono y, sin saberlo a priori, toda la temporada. Pero conviene ir por partes: Morante logró destaparse en la cuarta de las cinco tardes que había contratado después de escuchar los tres avisos en Resurrección. Pero se barruntaba que algo podía pasar y pasó. Fue en el octavo y último toro que mataba en la Feria. La faena de Morante con un dulce cuvillo fue la de mayor diapasón artístico del ciclo y, posiblemente, una de las mejores de su vida. Desgraciadamente volvería a estrellarse en septiembre ante la decepcionante corrida de Alcurrucén.

Pero hubo otros acontecimientos abrileños: muy especialmente la actuación de Manuel Escribano –auténtico triunfador de la Feria de Abril– con el famoso y laureado Cobradiezmos, ese ejemplar de Victorino Martín que se llevó todos los premios. En esa misma corrida saltaron dos toros de interés, especialmente un tercero al que Ureña le enjaretó una faena preciosista y generosamente premiada. El apartado de excelencias no podría estar completo sin incluir el concertino de Ponce con el pastueño primero de Juan Pedro que, con sus altibajos, echó uno de los toros más bravos de la Feria, sorteado por Manzanares que también se llevó dos boyantes cuvillos con los que no navegó a su mejor nivel. El alicantino había salido tocadito de abril pero volvió por sus mejores fueros cuajando un faenón en San Miguel –seguramente el mejor de toda la temporada sevillana– a un excelentísimo toro de Matilla que fue ninguneado por el palco. Esa misma tarde otoñal fue el escenario de la mejor versión de Castella que estuvo cerca, cerquísima de abrir la Puerta del Príncipe con un animal tan dulce como rajado. Pero el breve ciclo de San Miguel, que había tenido que ser remendado por la incomparecencia inevitable de Andrés Roca Rey –arrojadísimo en Abril– también sirvió para confirmar el excelente momento que atraviesa Javier Jiménez que, hoy por hoy, es el valor más firme de la cantera sevillana.

Pero no se vayan todavía, que aún hay más, como el serio papel jugado por El Juli y Talavante; la solidez profesional de Castaño o Rafaelillo o las ganas de ser de José Garrido, confirmadas durante la temporada. Roca Rey enseñó los caminos que estaba a punto de recorrer espoleando a El Juli, que se arreó en su presencia. También hay que anotar la disposición de Delgado, la refrescada calidad de Moral, o la solvencia de Adame. Se esperó más de toreros como López Simón, que cortó dos orejas olvidadas en primavera o del preconizado –y espeso– Urdiales. Al resto los dejaremos en la lista de buenos propósitos antes de recordar la extensa lista de toros de nota –Garcigrande, Daniel Ruiz Torrestrella, Las Ramblas, Victoriano del Río, Fuente Ymbro, García Jiménez y Miura– que no siempre cayeron en buenas manos. No se nos olvidan los rejones: la noticia fue que Ventura no abrió la puerta....

Las novilladas de abono no dejaron titulares de campanillas pero hay que apuntar los nombres de Serna, Aguado o Álvaro Lorenzo; también de Galdós, Ginés Marín y David Martín. Esos festejos primaverales dieron pasos a las nocturnas del verano. Ganó el pacense Antonio Medina. Los mejores del ciclo –Lauri, Salvador o Molina– no habían sido incluidos en la final.


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