lunes, 11 noviembre 2019
19:01
, última actualización

Temporada 2019: antes y después de Pablo Aguado

El año taurino en la plaza de la Maestranza ha quedado marcado por la sorpresiva irrupción del joven matador sevillano. Ése fue el suceso indiscutible de la campaña que queda atrás

16 oct 2019 / 12:48 h - Actualizado: 16 oct 2019 / 16:22 h.
  • Temporada 2019: antes y después de Pablo Aguado

La temporada taurina 2019 ya es historia. El lujoso festival organizado a beneficio de las hermandades del Baratillo y la Esperanza de Triana puso punto y final –con mejor ambiente que resultados artísticos- a una campaña que quedará en los anales del coso maestrante por la irrupción de un torero llamado Pablo Aguado. Poco más de veinte muletazos y una ajustada faena de cinco minutos le bastaron para poner boca abajo a todo el toreo y convertirse en figura indiscutible, en el definitivo suceso de la campaña. Habría que remontarse a la eclosión de César Rincón en la feria de San Isidro de 1991 para encontrar algo mínimamente parecido.

Los milagros no son cotidianos. Los 10.500 afortunados que abarrotaban los tendidos y gradas de la plaza de la Maestranza aquel Viernes de Farolillos podrán contar algún día que contemplaron a Aguado depurando el trazo, la expresión y hasta el halo de los lances y muletazos para cincelar una obra emocionante e inolvidable que sigue creciendo con el tiempo. Cortó cuatro orejas; le abrieron la Puerta del Príncipe... La verdad es que acabó con el cuadro y reventó las costuras de la Feria sin apearse del palo más clásico. El milagro se volvería a repetir después en plazas como la de Las Ventas, Huelva o Ronda. A estas alturas nadie duda de su inclusión en el cartel del próximo Domingo de Resurrección, que caerá en un 12 de abril

El nuevo torero de Sevilla alternaba aquel 10 de mayo con dos de los matadores base del ciclo primaveral, a los que dejó cavilando. Morante ya había levantado un monumento al toreo de capa en su primer compromiso, el día de la Puerta del Príncipe de El Juli. En su segunda tarde, con los toros de Juan Pedro, hizo un esfuerzo encomiable y dejó otra de sus joyas capoteras. Y llegó el 10 de mayo: El diestro de La Puebla aún apretaría el acelerador en el último ejemplar que mataba en la ciclo volviendo a dejar para el recuerdo su virtuosismo capotero y una faena detallista. Su definitiva despedida la firmó con el vistoso ‘galleo del Bú’ en el segundo ejemplar de Aguado. Le quedaba un último cartucho, en la feria de San Miguel, quemado en medio de un ambiente hostil, sin toros a favor y con demasiados claros en el tendido. La tarde, una vez más, se quedó sin rematar.

Habíamos nombrado el ‘portazo’ de El Juli en la tarde de los ‘garcigrandes’. Era el sexto de su ya carrera aunque hay que matizar que se vio favorecido por un palco bizcochón que le regaló la primera oreja y concedería una insólita vuelta al ruedo al buen quinto. Julián ya había toreado con inédita clase en la tarde del Domingo de Resurrección pero dejó lo mejor para esa faena apabullante que cuajó de cabo a rabo al ‘garcigrande’. Eso sí, sorprendió verle tan espesito en la extraña y rentable mixta, con un Ventura sin suerte con el acero y un entregado Cayetano.

El papel de Roca Rey

Roca Rey había mostrado sus mejores credenciales de entrega y valor en la tarde del Domingo de Pascua pero el triunfo no llegó. Tuvo que esperar a la tarde de los ‘cuvillos’ para formar el definitivo lío por un faenón trepidante y demoledor para el que le pidieron el rabo. En ese momento pocos podían atisbar que acabaría siendo engullido por el efecto ‘Aguado’ en su tercera comparecencia, con los toros de Jandilla. El peruano había logrado poner la plaza a hervir con el segundo pero todo cambió en el capote y la muleta del sevillano. Roca salió de la plaza cavilando. Pocos días después recibiría en Madrid la fortísima voltereta que acabaría sentenciando su temporada en San Fermín. Su nombre también suena para la corrida pascual de Sevilla. ¿Aceptará anunciarse con el nuevo gallo del corral? No ha vuelto a verlo desde el baño oceánico de Sevilla.

Temporada 2019: antes y después de Pablo Aguado

Sorpresas y decepciones

A partir de aquí no se puede disimular el desdibujado papel de Manzanares. Cortó una tibia oreja en Resurrección pero luego sorteó ejemplares más que potables para desempeñar otro papel en el ciclo. Está demasiado lejos de sí mismo aunque el último tramo de su temporada hizo concebir esperanzas para su último bolo sevillano, en la feria de San Miguel, que ha sido a la postre la última corrida de su temporada por culpa de una nueva lesión en la espalda. Pero no pasó nada. Ponce entró en esa tarde sustituyendo de Roca Rey después de quedarse fuera de las combinaciones iniciales. También pasó de puntillas

Pero también hay lugar para algunas gratas impresiones. Son las que dejaron un puñado de matadores que cayeron de pie en la plaza de la Maestranza en la cada vez más lejana Feria de... mayo. Ahí está la faena rabiosamente clásica con la que Urdiales ‘entró’ por fin en Sevilla o la gran actuación –sin refrendo con el acero- de Emilio de Justo con la corrida de Victorino. Ferrera cortó ese día la única oreja, reconvertido en un torero escénico y un punto sobreactuado.

No nos olvidamos de la valiosa faena de Perera, única luz nítida en la estupenda corrida de Santiago Domecq con la que Paco Ureña retornó al coso sevillano con toda dignidad pero sin atisbar aún la gran temporada que le esperaba. También hay que resaltar la solvente actuación de Octavio Chacón, consagrado especialista de los hierros más duros. Compartió cartel en la Miura con Pepe Moral, que tomó algo de aire después de mostrar una imagen desdibujada en su primera tarde, con los toros de El Pilar. También puntuó –no suele fallar en Sevilla- el granadino Fandi con uno de los tres excepcionales ejemplares de Ricardo Gallardo, definitiva guinda ganadera de una feria en la que gustaron las corridas de Torrestrella, interesó la de Victorino, encantó la de Santiago Domecq y brilló la de Jandilla. También hubo toros sueltos en los envíos de Garcigrande, Núñez del Cuvillo o Juan Pedro Domecq

En el lado positivo también hay que anotar las actuaciones de toreros como Álvaro Lorenzo, Rafael Serna –cortó una oreja a un toro de La Palmosilla-, Luis Bolívar o Joaquín Galdós. Más tibio ha sido el papel jugado este año por Escribano, anunciado con los ‘victorinos’.

A la cabeza del capítulo de decepciones se coloca López Simón, que desperdició el mejor lote de la corrida de Fuente Ymbro. Tampoco anduvo demasiado entonado El Cid con el estupendo encierro debutante de Santi Domecq aunque su despedida de la plaza de la Maestranza el pasado día 28 de septiembre se iba a convertir en el capítulo más emocionante de la feria de San Miguel. Hay más nombres que salieron de Sevilla cotizando a la baja, como el de Ginés Marín o José Garrido, entre otros. Castella sumó dos nuevas fechas en Sevilla, una de ellas con los ‘miuras’, sin aportar nada de nada. No pinta nada ya en Sevilla. Dejamos para el final el breve apartado ecuestre. La fiestecilla familiar que se habían montado los Hermoso de Mendoza quedaba coja desde su anuncio. Faltaba la única competencia posible: la de Diego Ventura, que hizo el mejor rejoneo de la feria en la triste y rentable mixta.

Temporada 2019: antes y después de Pablo Aguado

Las novilladas de abono

Del ciclo de novilladas picadas incluida en el abono de la temporada 2018 no hay mucho que contar. El balance artístico y estadístico es tan pobre que dibuja un panorama demasiado sombrío para la cantera del toreo. Eso sí: hay que destacar especialmente el papel de un novillero madrileño, Rafael González, que ha sido el autor –de lejos- de las actuaciones más sólidas del abono. El día 27 de junio cortó una oreja a cada uno de los novillos de José Cruz que lidió. En otra fecha, con otro público y con otro ambiente podríamos estar hablando de tres trofeos. González se ganó la repetición en la novillada de Villamarta que abría la feria de San Miguel sufriendo el rigor del palco que le negó –incomprensiblemente- la oreja que se había ganado a ley a pesar de pecar de cierta falta de sentido de la medida.

Esa novillada postrera también había incluido el nombre de Calerito, otro de los nombres destacados del año que ha tropezado con una pésima mala suerte en los lotes que ha lidiado y que ha sufrido una molesta cornada en la axila de la que sigue recuperándose con algunos retrocesos. A partir de ahí, reseñar que ese festejo de triunfadores también contó con Antonio Grande, que había logrado colarse gracias a la oreja justita que había cortado a un sobrero de Dolores Rufino. Hay que recordar que Ángel Jiménez se despidió del escalafón enseñando su contrastada calidad pero también algunos fallos de estrategia. Cortó una oreja que hay que sumar a la que se llevó el día de su alternativa, premio global a para una tarde entregada y esperanzadora.

La memoria no rescata más allá de la voluntad del madrileño Francisco de Manuel; la compostura un punto impostada de Alejandro Mora; o la entrega sincera del charro Manuel Diosleguarde. Suspendieron la prueba novilleros Fernando Navarro, Aquilino Girón, Parrita o Pablo Páez y dejamos en el limbo al rondeño Javier Orozco.

En el apartado ganadero hay que dejar en el limbo la novillada de El Parralejo; resaltar el buen encierro de Espartaco –desaprovechado por El Rafi y Kevin de Luis- u olvidar el pésimo juego de los pupilos de Dolores Rufino. Tampoco ayudaron nada los novillos de Soto de la Fuente.

Promoción

El apartado novilleril no estaría completo sin la reseña de los tradicionales festejos de promoción que llenan las noches de los jueves en el mes de julio. A la final llegaron tres aspirantes pero hubo varios que también merecieron estar en esa final. En el juicio del jurado volvieron a pesar más los trofeos conseguidos. El caso es que el novillero Jaime González-Écija se impuso al camero Uceda Vargas y al marroquí Solalito ganando el vestido de torear que regala la Maestranza. El triunfo le sirvió, además, para cerrar el festival del pasado 12 de octubre.


Todos los vídeos de Semana Santa 2016