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Tiempo de novilleros y selecta nevería...

La pandemia se ha llevado por delante el tradicional ciclo de promoción de nuevos valores que este año tendría que haber cumplido su XXXV edición

02 jul 2020 / 10:07 h - Actualizado: 02 jul 2020 / 10:13 h.
"Toros"
  • La imagen retrata uno de los paseíllos de la última edición del ciclo de promoción
    La imagen retrata uno de los paseíllos de la última edición del ciclo de promoción

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Los aficionados que empiecen a ver cerca la cincuentena recordarán aquella terna con soniquete musical -Punta, Cutiño y Valderrama- que marcó el despegue de este ciclo de festejos de promoción que debía haber celebrado en este nefasto 2020 su XXXV edición. Aquel combo novilleril hizo fortuna aunque el destino deparó caminos distintos para cada uno. Hoy sólo sigue en activo Antonio Punta, ese enclasado torero de Gerena de estrella declinante que ha encontrado su lugar como banderillero de ferias. El latiguillo se hizo familiar en 1987 pero el ciclo se había inaugurado un año antes, estrenando de paso una efímera quiniela taurina que hizo ganar la nada despreciable cifra de 50.000 pesetas -300 euros de hoy- a los dos máximos acertantes del festejo celebrado en un lejano 24 de julio del 87. Desde entonces han sido muchos los nombres y también las caras -casi todas olvidadas- que han pasado por este trampolín a la fama que ha visto pasar las horas, los días y las modas de la ciudad sin apearse de una constante: el público amable, familiar y esas copiosas neveras –con el permiso de la autoridad o sin ella- que han marcado el argumento de estos festejos que tanto vamos a echar de menos.

A los toros por menos de dos euros

La entrada de Sol de 1989 -una temporada marcada por la peste equina- costaba 300 pesetas. Son menos de dos euros de hoy. Aquel año ganó el aspirante choquero Miguel Carrasco. En 1990 sonaron nombres conocidos como el de Rondino, Leocadio o Emilio Rivero. Agustín Marín y El Umbreteño destacaron en el 91; Luis Vilches logró cortar dos orejas en 1992; Andana, Joselu de la Macarena y Juan Manuel Benitez fueron los mejores del 93... Pero hay que llegar hasta 1994 para registrar un acontecimiento de excepción. Fue la salida por la Puerta del Príncipe del extremeño Luis Reinoso que se anunciaba El Cartujano. No logró escalar luego en la profesión pero en su cuerpo se lo lleva. Hoy forma parte del cuerpo docente del Patronato de Tauromaquia de Badajoz, seguramente la más solvente y exigente escuela taurina del momento actual.

En ese mismo ciclo se anunció Curro Molina aunque su actuación también fue determinante para que se pasase a las filas de plata, en las que acabaría cuajando como figura. Al año siguiente, en 1995, podemos anotar nombres que han alcanzado el éxito profesional fuera de los ruedos: es el caso del profesor universitario Juan Carlos Gil -se anunciaba como Carlos de la Serena- o José León, el conocido hostelero y artista de Villanueva del Ariscal. El triunfador fue Juanito Contreras. Hoy es banderillero.

Aspirantes de distinta suerte

Tampoco hay demasiada memoria de Tovali, un aspirante de Cantillana que se llevó el gato al agua en 1996. En el serial del 97 se anunciaron torerillos que alcanzarían la alternativa. Ahí está el caso de Jesuli de Torrecera y, sobre todo, el salmantino Javier Castaño. Pero la final fue disputada por Antonio Ramírez, Rafael Ronquillo y Daniel Duarte. Si repasamos los carteles del 98 aparecen nombres tan conocidos como el de Curro Robles -codiciado subalterno en la actualidad-, Enrique Peña -responsable de la cuadra de la Real Maestranza- y Salvador Cortés, que persevera como matador de toros. Sin embargo, el ganador fue Gabriel Ruiz ‘Canito’. Pocos se acuerdan de que en 1999 triunfó un tal Carlos Cano o que en 2000 se anunció el declinante diestro madrileño Matías Tejela además del peón jerezano Álvaro Montes, hombre de confianza en la cuadrilla de El Juli. El ganador fue -como tantas y tantas veces- un extremeño llamado Javier Solís que no logró estabilizarse como matador a pesar de las muchas cualidades que anunciaba de novillero.

Cambio de siglo

El siglo XXI se inauguraba en clave taurina con la doble Puerta del Príncipe que logró José Tomás en la Feria de Abril. Pero el verano de oportunidades también marcó el destape de un joven valor de Gerena, Manuel Escribano, que se llevó de calle un ciclo que también fue noticia por la presencia de una torera, Eva Florencia, de nacionalidad italiana. También hubo novillera en 2002. Esta vez fue la gitanita de Triana Vanessa Montoya aunque el ciclo -de bajo nivel- lo ganó Vicente Varela -hoy excelente subalterno- imponiéndose a Antonio Nazaré –triunfador como matador en la Maestranza años después- y el olvidado aspirante Manuel Felipe. Hubo anécdota trágica en aquella final: cuando Felipe trataba de descabellar al sexto, el verduguillo saltó como una ballesta e hirió de gravedad a un espectador.

En 2003 gustó y ganó el novillero coriano Curro Sierra. Poco más de un año después iba a quedar inútil para la profesión después de sufrir una brutal cornada –habría sido mortal en otro escenario- en el mismo ruedo sevillano. En 2004 se anunció un aspirante llamado Pepe Moral pero interesaron más -hoy casi olvidados- el estilista camero Julián Gil y Salvador Fuentes, un chaval de Almensilla que también eclipsó su estrella por culpa de una cornada a destiempo. No hay mucho que contar de la edición de 2005. La ganó el jiennense José Carlos Venegas, que logró convertirse en matador cinco años después. Llegando a 2006 anotamos las actuaciones del camero Esaú Fernández, uno de los pocos matadores que han podido torear en 2020, pero también la del ecijano Miguel Ángel Delgado, que fue el ganador del ciclo.

Al año siguiente -en 2007- el triunfador fue el mexicano Ernesto Tapia ‘Calita’, que al menos dio una pequeña alegría a la Escuela de Tauromaquia de Sevilla que le había presentado. Pero hubo mucho más contenido e interés en el ciclo correspondiente a la temporada de 2008. El público hispalense se enamoró de las formas y la orfebrería del ganador oficial, el novillero coriano Antonio Espaliú, pero en honor a la verdad, el que más y mejor se arrimó en aquellas novilladas fue un salmantino, Juan del Álamo, que hoy es un diestro de alternativa que no ha logrado dar el salto definitivo. Tampoco hubo concordancia entre oficialidad y regusto del aficionado en la edición de 2009. El jurado distinguió al ecijano Ángel Jiménez –flamante matador en Sevilla- pero anduvo a mejor nivel el gaditano David Galván, torero que sigue gozando de buenos partidarios sin terminar de romper el cerco.

Tiempo de novilleros y selecta nevería...
Lama de Góngora marcó el techo de su propia carrera abriendo la Puerta del Príncipe en la edición de 2012

Nuevas Puertas del Príncipe

Al extremeño Rafael Cerro se lo llevaron a hombros en 2010. También gustó un madrileño, Fernando Adrián, pero el ganador del año siguiente volvió a ser otro extremeño, Tomás Angulo, de carrera declinante. Pero la gran explosión se produjo en 2012, con esa Puerta del Príncipe que colocó al novillero sevillano Lama de Góngora en el techo de su propia carrera, estancada después de una tibia trayectoria con picadores y su alternativa abrileña. La determinación de El Manriqueño le hizo alzarse como el mejor de 2013 aunque su trayectoria tendría una cortísima mecha. Fue una final inusual de cuatro aspirantes y ocho novillos, ampliada para dar cabida a Jesús Bayort, que había logrado puntuar en los festejos clasificatorios. Quedó en cuarto lugar; por delante quedó el mexicano Llaguno y sobre todo el solvente novillero madrileño Amor Rodríguez. Pero la apoteosis llegaría en 2014 -el de la feria triste y el plante de las figuras- revelando una nueva generación de toreros y una cantera renovada. Rafa Serna llegó a abrir la Puerta del Príncipe. Otro tejón de Badajoz, Juan Carlos Carballo, se dejó la piel pero el mejor fue Pablo Aguado, flamante figura que cuatro años después partió en dos la plaza de la Maestranza y es ahora el matador más ilusionante del frondoso árbol del toreo sevillano.

Tiempo de novilleros y selecta nevería...
Pablo Aguado ganó de calle el ciclo de promoción de 2014.

David Martín, de Castilblanco de los Arroyos, ganó con toda justicia el ciclo de promoción en la dura final de 2015 enfrentado a otros dos aspirantes, el portugués Juanito y el sevillano-choquero David Silvera. Los erales de González Sánchez-Dalp pusieron las cosas muy difíciles a los novilleros pero nadie volvió la cara en un festejo de alto nivel. El ciclo de 2016, en cambio, no ofreció demasiadas notas de relieve. El aspirante pacense Antonio Medina ganó una final de escaso nivel que dejó como segundo clasificado al cigarrero Jesús Muñoz. El tercer finalista fue el sevillano Juan Márquez.

Tiempo de novilleros y selecta nevería...
La final de 2017 la ganó Daniel de la Fuente pero la mejor faena del ciclo la había firmado la cordobesa Rocío Romero.

En 2017 –como en 2013- también hubo cuatro finalistas. El novillero charro Manuel Diosleguarde; el madrileño Francisco de Manuel; la cordobesa Rocío Romero y el cigarrero Daniel de la Fuente, que acabó llevándose el gato al agua con todo merecimiento, se batieron el cobre en una gran noche de toros. Pero ojo, la mejor faena de aquel notable año la había cuajado Rocío. Fue, auténticamente, el sueño de una noche de verano... La final de 2018 no se libró de un fuerte susto en un ciclo que ya había caído herido el novillero Parrita. El Primi, un prometedor aspirante que llegaba desde Cañada Rosal, ingresó en la enfermería sin poder dar un solo capotazo después de un fortísimo mamporro. La cosa se quedó en un improvisado ‘mano a mano’ entre Villita, un novillero presentado por la Escuela ‘Yiyo’ de Madrid, y Pablo Páez, rondeño pero presentado por la Escuela de Sevilla. Y fue el madrileño el que se impuso toreando bonito y bien a un variado lote de erales de Jandilla.

Tiempo de novilleros y selecta nevería...
Felipe VI entregó el traje de luces a Jaime González-Écija como triunfador del ciclo de 2019.

La última, por ahora...

En 2019 se celebró la que, hasta ahora, es la última edición de este ciclo de ilusiones que no se puede entender sin ese público familiar y juvenil que le otorga su pulso. Las noches de los jueves del mes de julio, como tantas cosas, pasarán sin contemplar la hora mágica del crepúsculo desde los tendidos del coso del Baratillo. El último ganador del traje de torear que regala la Real Maestranza fue el aspirante ecijano Jaime González-Écija. No le puso las cosas fáciles Uceda Vargas, presentado por la escuela de Camas. El tercer finalista era un marroquí, Solalito, pero también hizo méritos para estar en aquel festejo definitivo el pacense Eric Olivera. La inexplicable cerrazón del palco lo dejó fuera.

Al ganador, además, le hicieron hueco en el festival organizado el 12 de octubre a beneficio de las hermandades de la Esperanza de Triana y El Baratillo. González-Écija y Uceda Vargas recogieron el traje y el capote de paseo como triunfadores en el brillante acto que conmemoraba los 350 años de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla bajo la presidencia de Felipe VI, Hermano Mayor efectivo del cuerpo nobiliario. Fue en una inusual mañana de febrero, en la carpa transparente instalada en el ruedo del coso sevillano. El Rey tuvo un detalle de grandeza al romper el protocolo establecido y retratarse con ellos. Una ovación emocionante subrayó su gesto. Es la última vez que dos novilleros pisaban la plaza de toros.


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