lunes, 11 noviembre 2019
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Toreros y cofradías: un matrimonio solidario

El éxito económico y el extraordinario ambiente ganaron a los resultados artísticos en un festival en el que brillaron Diego Ventura y Miguel Ángel Perera

13 oct 2019 / 10:25 h - Actualizado: 13 oct 2019 / 10:43 h.
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El ambientazo se mascaba en todas las calles del Arenal. Apretaba el calor en la sobremesa pero las calles abarrotadas certificaban el llenazo que ya había anunciado el ansiado cartelito de ‘no hay billetes’ colocado por la mañana en las taquillas de la plaza. El indudable poder de convocatoria que prestaban las cofradías del Baratillo y la Esperanza de Triana se hizo patente para aliarse con la vocación solidaria de la gente de coleta. Era el primer éxito de un festejo organizado en torno a un cartel de auténtico lujo que iba a servir para reivindicar taurinamente una fecha, la del 12 de octubre, que encierra otros significados.

No hay que olvidar que la ovación más impresionante de la tarde –un auténtico clamor- se sintió -más que se escuchó- antes de romperse el paseíllo. La banda de Tejera, que ya había protagonizado un pasacalle por el ruedo, interpretó la Marcha Real sin que cesaran las palmas desde la primera nota. Fue la nota más emocionante de un espectáculo que también hacía guiños a su vertiente cofrade en los paños de bocina colocados en algunos antepechos. El reparto de estampitas con las imágenes titulares de las respectivas cofradías terminaba de poner en ambiente a ese público inusual, también un pelín desubicado, que abarrotó la plaza con una premisa irrenunciable: pasar una buena tarde de toros a la vez que reforzaban económicamente los programas sociales y asistenciales de las hermandades beneficiarias.

La verdad sea dicha: en el aspecto meramente taurino, el festejo no alcanzó las cotas esperadas. Gran parte de culpa la tuvo el juego de varias reses aunque también hay que reconocer que algunos de los toracos cinqueños enviados por los Núñez del Cuvillo no fueron aprovechados en la medida de sus posibilidades. Lo más destacado del festejo llegó de la mano de Diego Ventura y Miguel Ángel Perera. El jinete de La Puebla se mostró simplemente magistral, brillando muy por encima del escaso fondo del ejemplar de María Guiomar de Moura que se había preparado para la ocasión. La actuación del rejoneador cigarrero fue apabullante en todas sus fases aunque a su grandiosa exhibición de toreo a caballo le faltó mejor refrendo con el acero definitivo.

Perera, que había entrado en el festejo sustituyendo al anunciado Manzanares, se encontró con una de las reses de mayores posibilidades. El extremeño formó el primer lío con el percal. Los capotazos a una mano, cambiando el engaño por la espalda hicieron rugir a los tendidos, que vivieron entregados por completo la intensa faena de Perera: desde los tersos y templados muletazos de rodillas con los que abrió fuego hasta la estocada final. Su labor había roto por completo en un circular invertido que prolongó con un cambio de mano. Fue el preludio de una maciza y honda serie diestra que se acabó convirtiendo en un impresionante arrimón en el que tuvo que sortear los pitones rozándole las rodillas. Las luquecinas, muy jaleadas, sirvieron de epílogo de una labor rematada con una estocada trasera. Cortó dos orejas que marcaron la diferencia.

A partir de ahí no hay mucho más que contar. Morante, una vez más, se estrelló con un novillo flojo y soso con el que sólo pudo dejar detalles, algún natural suelto que permanece dibujado en la memoria y unas encomiables ganas de agradar a pesar de las protestas incompresibles de parte de la parroquia. Mucho más potable fue el feísimo y basto cuarto, que obedeció siempre en la muleta de Cayetano sin que éste lograra acoplarse por completo en una faena larga, entregada y un punto deslavazada.

Aguado fue obligado a saludar antes de que soltaran a su toro. Aún latía el recuerdo de ese faenón revelador del Viernes de Farolillos que le convirtió en figura en cinco minutos y con veinte muletazos. Pero esta vez no fue posible el milagro. El diestro sevillano sí cuajó algunos lances de primor que fueron jaleados y con la muleta en la mano hilvanó una faena llena de detalles de buen gusto y retazos de temple que no terminó de coger definitivo vuelo. Al toro, mansito, también le faltó un punto más en la embestida. Por cierto, se estrenó un pasodoble con su nombre firmado por Abel Moreno que esperamos no escuchar más...

Cerraba el cartel el novillero ecijano Jaime González-Écija, triunfador del ciclo de promoción celebrado en la propia plaza de la Maestranza el pasado mes de julio. El chaval estrelló sus muchas ganas con un novillo bruto y rebrincado que brindó a todos sus compañeros. Le pidieron una oreja como premio a su indeclinable voluntad que el palco, demasiado rigorista denegó. El estremecedor y largo clarinazo que precedió a su faena marcó la frontera de una nueva temporada que se despidió con la melancolía de un pasodoble inmortal: ‘Suspiros de España’.

FICHA DEL FESTEJO

Ganado: Se lidió un novillo de María Guiomar de Moura para rejones, soso y remiso. Los matadores de toros despacharon sendos ejemplares de Núñez del Cuvillo, de dispar presentación y pasados de edad. Fue flojo y soso el segundo; noble pero a menos el tercero; más que potable el basto cuarto y algo mansito el quinto. El sexto fue un utrero de López Gibaja, bruto y descompuesto.

Actuantes: El rejoneador Diego Ventura, oreja

Morante de la Puebla, ovación

Miguel Ángel Perera, dos orejas

Cayetano, ovación

Pablo Aguado, vuelta al ruedo tras petición

El novillero Jaime González-Écija, vuelta al ruedo tras petición

Incidencias: La plaza se llenó hasta la bandera en tarde muy calurosa. La banda de Tejera, que realizó un pasacalles por el ruedo antes del comienzo del festejo, tocó la Marcha Real antes de deshacerse el paseíllo para conmemorar la Fiesta Nacional de España. Con este festejo se cerró la temporada taurina 2019 en la plaza de la Real Maestranza.


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