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«Soy como una intérprete de violín, solo que yo toco objetos»

Es una de las creadoras sonoras más atípicas y personales del panorama nacional. Eli Gras defiende la heterogeneidad y la libertad creativa para abrazar el pop y lo experimental

10 nov 2017 / 16:22 h - Actualizado: 11 nov 2017 / 09:38 h.
  • La artista sonora Eli Gras.
    La artista sonora Eli Gras.

Con Eli Gras (Barcelona, 1971) estamos ante una de esas creadoras a las que cualquier etiqueta le hurta conquistas. Artista sonora parece demasiado serio, multidisciplinar se acerca más, pero es poco periodístico. Al final, ella va a ser una de esos artistas que, nada más y nada menos, hacen cosas. «Es lo que pone en mi tarjeta de visita: Eli Gras. Hago cosas», cuenta. Esta semana ha dado dos conciertos en Sevilla –uno en clave experimental, en Radiópolis; y otro de ‘pop dadaísta’ en Tramallol–. Está de gira. Siempre está de gira. Porque, claro, siempre está haciendo cosas.

Cuenta que empezó a improvisar con 11 años. Militante autodidacta, imparte talleres de instrumentos reciclados y de construcción de objetos sonoros, comisaria festivales, dirige un sello discográfico y se mueve como pez en el agua en el underground, «donde el trato suele ser muy bueno, la ganancia, escasa, y la incomodidad, alta». Porque Gras no pertenece a esa nómina de músicos que se mueve de aquí para allá con un laptop bajo el brazo. Ella viaja con muchos kilos de equipaje. «Soy como una intérprete de violín solo que yo lo que toco son objetos que inventopara explorar sus posibilidades acústicas». En su último disco-objeto, Xylotheque, podemos oír «un teatro electroacústico en el que imaginé cómo los objetos del hogar tienen vida propia al margen de los humanos y se comunican entre ellos».

Las guitarras alteradas, los juguetes, los objetos y lo que sea que suene puede pasar por el laboratorio musical de Eli Gras. «Soy muy poco académica pero sí que aprecio cómo cada vez hago cosas más radicales, más exigentes, aunque procuro que exista una cierta línea, una continuidad en mis proyectos». Y, aunque no le gusta hablar de estéticas, admite que valora saber que el público que escucha su música «detecta la mano de la misma persona», aunque haga cosas muy dispares.

Lo próximo será una publicación que incluirá un instrumento musical inventado y una grabación con sonidos de ese instrumento. «Me encanta la idea de que el objeto complemente la obra; son cosas que suman en la experiencia de la escucha o de la lectura, que la hace única», dice.

Recientemente, Gras ha trabajado con nombres importantes de la improvisación y la música experimental como Pelayo Arrizabalaga y Pierre Bastien. En el pasado, también colaboró con el músico de krautrock Roedelius. Su trayectoria viene de lejos. Pero le cuesta citar a referentes. «Me inspiran muchas músicas e intento no acomodarme en ninguna etiqueta, aunque entiendo que mis propuestas se asimilen con otras no es algo buscado». Hay un sentido abiertamente lúdico en la música de la barcelonesa. «Siempre me lo he pasado bomba inventando cosas». Y también, sin pretenderlo, su propia figura y su quehacer reivindican la cada vez mayor presencia femenina en el arte sonoro. «Hoy hay más chicas que cuando empecé, entonces te miraban raro por ser mujer y dedicarte a manipular una guitarra eléctrica».


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