sábado, 17 noviembre 2018
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El flamenco en la piel

El cante, el baile y el toque no agotan las posibilidades de la Bienal, que llega arropada por exposiciones que también tienen su pellizco, y donde se revelan las verdades más íntimas los artistas de dentro y de fuera de los escenarios

01 sep 2018 / 20:41 h - Actualizado: 01 sep 2018 / 20:44 h.
  • Arcángel, Esperanza Fernández, Rubén Olmo y la Tremendita, retratados por Juraj Horniak.
    Arcángel, Esperanza Fernández, Rubén Olmo y la Tremendita, retratados por Juraj Horniak.
  • El flamenco en la piel
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Amar el flamenco es una cosa, pero llevarlo en la piel es otra. Juraj Horniak, que lo sabe, ha retratado esta verdad para una de las varias exposiciones que acompañan en esta vigésima edición a la Bienal de Sevilla, cuyo director, Antonio Zoido, insistía ayer en destacar el carácter expansivo de una cita que no se contenta solo con los espectáculos de cante, toque y baile, sino que quiere ir más allá y convertir también a Sevilla, como hace Horniak con sus fotos tatuadas, en una gran piel flamenca con los vellos de punta que cuente de ese modo sus verdades más íntimas al mundo. Más fotos, objetos, recuerdos y carteles complementarán una oferta expositiva que, sin pertenecer propiamente a la Bienal de Flamenco, sí quiere formar parte de su atmósfera y de su espíritu.

«La Bienal como tal no tiene en su programación oficial exposiciones, pero yo creía también que un evento de estas características, sin estar en contacto con las demás artes, no tenía sentido», decía Zoido ayer. Y así, la organización no hace ningún desembolso económico pero ayuda con la cesión de espacios y otros detalles de la intendencia. Es el caso de la ya citada muestra que se inaugura el día 4 en el Teatro Central, la de Juraj Horniak. Lleva por lema El duende desnudo. Lo que hace el autor es fotografiar a artistas flamencos y después dibujarles una especie de tatuajes que él crea, y que de alguna manera evocan o descifran la personalidad del personaje. Estará hasta el 30 del mes.

«Entrevisté a diez flamencos contemporáneos», explicaba Horniak a este periódico, «y durante las entrevistas previas a la sesión de fotos me enteré de su vida, de sus pensamientos, de sus sentimientos y todo eso, y luego, por encima de la foto final, del retrato, pinté a mano las frases digamos más llamativas de su esencia. Se trata de un doble desnudo, por decirlo así: desnudo de cuerpo y alma». En ese análisis íntimo entraron Esperanza Fernández, Dani de Morón, Rubén Olmo, Arcángel, la Tremendita, Patricia Guerrero, Daniel Casares, María Moreno «y una artista muy joven de 11 años que se llama Esmeralda Rancapino, nieta de Rancapino padre».

«No sabría decir cuál de ellos me provocó una impresión más fuerte», duda el autor. «Yo estuve flipando con la Tremendita, que se abrió más de lo que esperaba. Pero todos. Todos comparten mucha verdad, se han abierto sin complejos, sin inhibición; fueron entrevistas de dos horas, lo pasamos muy bien porque las sesiones fueron en mi casa, que se ha convertido en un estudio».

‘Imperio Triana’

No acaban aquí las sorpresas impresionantes que componen el lote expositivo de la Bienal: en la calle San Jacinto, desde el día 6 hasta el 30, y organizada en mupis como los de la Avenida, se podrá ver una muestra de Javier Caró llamada Imperio Triana. «Son fotos que ha hecho de Triana», contaba el director del festival. «Lo que hace es remitificar Triana, buscar sitios que le sugieren cosas. Es una exposición entre onírica y surrealista. Y crea un sueño alrededor de un lugar; son lugares de Triana bastante reconocibles, unos más y otros menos, y, para que lo sean aún más, por detrás hay un texto de autores clásicos que pone un poco el sitio en relación con algo». La ha patrocinado Lar España, que es la empresa que ha puesto el dinero para el racimo de faroles que se va a poner en la Plaza de San Francisco.

La siguiente etapa de este recorrido lleva hasta la Casa de la Provincia, donde un par de días después de iniciarse la Bienal, y hasta el 14 de octubre, se podrá visitar a exposición Francisco Moreno Galván y la Reunión de Cante Jondo, 50 aniversario. Esta viene de la mano del Ayuntamiento de La Puebla de Cazalla, que celebró este año el 50 aniversario de su festival, y está comisariada por Miguel Ángel Rivero. Incluye los carteles que pintó Moreno Galván, «que cambió el estilo del cartel flamenco», recuerda Zoido.

Rivero, el comisario de la exposición, recordaba a este diario la aportación de Francisco Moreno Galván al flamenco, «desde su repertorio de letras flamencas, que cantaron José Menese, Diego Clavel y Miguel Vargas, hasta su obra plástica y, dentro de esta, muy importante, la cartelería». Él, como detalla Rivera, hizo carteles de la Bienal de Sevilla, de La Unión y de diferentes festivales, «pero de la Reunión del Cante Jondo se da la curiosidad que de todas sus ediciones, salvo un año, todos los carteles son suyos, así que van trece carteles originales». En ellos se percibe el intento que hizo su autor de «acercar la cultura popular y del flamenco, como parte de ella, al arte de vanguardia», proseguía Rivero. «Son carteles donde hay huellas del expresionismo, de la abstracción, del cubismo y de todos los movimientos de vanguardia con elementos importantes de ruptura. Todas las representaciones habían estado hasta entonces más alineadas con el folclorismo y los clichés de la cultura popular andaluza, y él lleva el flamenco al terreno de la modernidad como testimonio de la cultura popular».

Moreno Galván intenta «sacar al flamenco del costumbrismo en el que plásticamente estaba anclado. Es una obra a la que dedica toda su vida. De hecho él, en lugar de quedarse en Madrid en los años 50, que habría sido lo lógico como pintor porque era donde se cocía el pollo, porque su hermano José María era uno de los críticos de mayor peso, él decide volverse a La Puebla para empaparse y meterse el flamenco en las venas y respirarlo desde dentro. Renuncia a la situación más propicia para su trayectoria como pintor pero porque para llevar el flamenco a ese terreno necesitaba empaparse de flamenco en el territorio donde él había nacido», concluye el comisario.

Habrá más citas con las exposiciones: En el CICUS, una de fotografías de Steve Khan, Cristóbal Hara y Gilles Larrain, que muestran el flamenco en los años sesenta por estas tierras. Cobertura Photo, en la calle Narciso Campillo, enfrente del mercado del Arenal, ofrecerá una exposición sobre Tato Oliva, fue unos de los primeros autores de los carteles de la Bienal. Y aunque estén siempre ahí, merece la pena recordar el contenido museístico que el Museo del Arte Flamenco pone a disposición de la Bienal, la colección de guitarras del Museo de la Guitarra de José Luis Postigo y una exposición buenísima de castañuelas que tienen en la Casa de la Memoria. Lo mismo que el taller histórico de castañuelas de Filigrana, el artesano, que firmaba así, y que cedió al Museo de Artes y Costumbres Populares y que también va a estar abierta durante toda la Bienal.

«Vamos a hacer un homenaje a tres pintores que murieron el año pasado y que están relacionados con Sevilla y con el mundo flamenco», agregaba Antonio Zoido: «Joaquín Sáenz, Félix de Cárdenas y Paco Cuadrado», en el nuevo recinto que acaba de adquirir la UPO al lado del Espacio Turina.

¿Faltaba algo? La preciosa colección de copias de los carteles de las Fiestas de Primavera del Museo de Artes y Costumbres Populares «los vamos a poner por todo el centro de Sevilla en escaparates, junto con carteles de la Bienal, como se ponen cuadros en el Corpus», explicaba Zoido. Y todo eso se vuelve piel flamenca. Ahora, solo queda ya el escalofrío. Cuestión de días.


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