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Deportes

Abrazados a una idea con dos estilos

La plantilla con la que cuenta Unai Emery ofrece multitud de usos y recursos. Puede jugar como el jueves, con despliegue físico y atacando por alto, o bien, echar la pelota al suelo y desequilibrar

el 14 mar 2015 / 09:30 h.

Los jugadores del Sevilla celebran un gol (Foto: LOF). Los jugadores del Sevilla celebran un gol (Foto: LOF). Qué razón tiene algunos entrenadores antes de enfrentarse al Sevilla al afirmar que el equipo de Unai Emery puede asesinarte de diferentes maneras, con un amplio registro que lo hacen impredecible, según el estadio en el que jueguen y en qué circunstancia. Por alto o por bajo; con juego combinativo o veloz a la contra; con presión alta o esperando agazapado en su campo. El rival siempre condiciona. Se piensa que esto es de clubes pequeños, pero los resultados indican diametralmente lo contrario. El paso firme de los sevillistas en Europa y en la Liga así lo hace ver. En Villarreal tocó la versión fuerte y efectiva. La premisa inicial era parar las combinaciones por dentro que acostumbran a hacer los Vietto y compañía, nutriendo la parcela ancha de piernas que obstaculizasen el habitual fútbol amarillo. La segunda premisa que les dio Emery a sus hombres era con respecto al ataque: había que aprovechar la altura de Iborra en la prolongación de cabeza, como arma de ataque y como desahogo en la salida de balón. Y, cómo no, ser contundentes en el balón parado, una herramienta a la que el Villarreal sólo podía hacer frente con Musacchio. El general (entrenador) del Sevilla convenció a sus tropas de que esa batalla, y casi la guerra final, se decidiría por el aire, donde su ejército es poderoso. Y así se ejecutó. El primer y tercer gol llegaron por ahí. Primero con una prolongación de Iborra y gran combinación entre Vitolo y Gameiro; el otro tanto, con un balón parado lejano que Iborra, nuevamente, tocó en el segundo palo para habilitar a Gameiro. El francés sólo tuvo que fusilar. El gol de Mbia –el segundo– llegaría de cabeza, aunque en este caso se tratase de una anticipación. El conjunto de Nervión demostró cómo sacarle los colores a los de Marcelino, con una racha inmaculada en su estadio, dejando la portería vacía en más de la mitad de los encuentros oficiales disputados como locales. Hasta el exentrenador del Sevilla terminó perdiendo los papeles. Sus hombres se estrellaban una y otra vez en la doble pared que formaban Mbia-Krychowiak por delante, y Carriço-Nico Pareja por detrás. Este Sevilla más primitivo, en su alineación inicial, pudo recordar a algunos al once que hizo el ridículo en Getafe, con los tres centrocampistas de más centímetros sobre el césped, siendo Iborra el que enlazase con el ataque. Nada más lejos de la realidad. Emery también aprendió de aquella derrota. Para empezar, le dio al equipo dos salidas rápidas por banda con Vitolo y Aleix Vidal (aquel día sólo Iago Aspas hacía movimientos de ruptura), además de un delantero cuya virtud es atacar los espacios –Gameiro–. En Getafe jugó Bacca, que no se enteró de por dónde iba la película en este estilo de juego más simple o arcaico, pero que bien ejecutado da resultados a los equipos que sí saben utilizarlo. No obstante, el Sevilla tiene mucho más que ofrecer. Los jugadores abrazan con fuerza las directrices de su técnico, a sabiendas de que son oportunas y productivas, para demostrar su otro fútbol en días más indicados. Probablemente, frente al Elche se verá la otra versión sevillista, siempre partiendo de una misma idea de juego: intensidad, concentración y velocidad. Estas tres características son innegociables. Ahora bien, depende de los jugadores que el preparador vasco decida poner se verá un Sevilla u otro. Ante el conjunto ilicitano podrían entrar en el once hombres de refresco como Éver Banega y Reyes, futbolistas de un corte diferente: juego en corto, con el balón tocando siempre la hierba y buscando los  huecos que aparezcan en la muralla rival. Bacca también tendrá la oportunidad de saltar a al césped y tratar de derribar la barrera de los 14 goles en Liga –los que anotó el pasado año– que aún no ha podido superar. Dos versiones del Sevilla; dos formas de entender el juego; dos formas de pasar eliminatorias; y una única verdad: ganar partidos.

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