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Ahí queda eso, Pepe

Merino da a Mel el relevo de entrenador con un pleno de victorias. El linense se encontró una banda cuando llegó y entrega un equipo

el 22 dic 2014 / 11:56 h.

Merino2-308x202 Merino, manteado por sus jugadores (Foto: Manuel Gómez) Juan Merino se encontró hace un mes una banda y le deja a Pepe Mel un equipo. Doce puntos de doce posibles, seis goles a favor y cero en contra, una desventaja de ocho puntos que ha quedado reducida a tres –con el líder– y una grada, quizá lo más importante de todo, entregada con los suyos. No debería moverse un varal, pero el fútbol, y el Betis, son así. En Merino, la verdad, no creía apenas nadie cuando le tocó el marrón de sustituir a Julio Velázquez. De hecho, hasta le llovieron los palos a Domíguez Platas, Buenaventura, Alexis (y Serra) cuando lo nombraron técnico del filial, pues desde alguna trinchera, quienes hoy le hacen la ola lo tildaron de «enchufado» incluso antes de empezar a entrenar. A Merino nunca nadie le regaló nada en esto del fútbol, y si llegó a ser pieza clave en uno de los mejores Betis que vieron los tiempos fue a base de esfuerzo, trabajo y ese par de huevos que ayer la grada coreó reiteradas veces para ensalzar la labor que, junto a Capi, ha llevado a cabo en este intenso mes de competición. Ayer sobre el campo comparecieron  once Merinos y antes de que muchos espectadores pudieran ubicarse en su localidad ya ganaban 1-0 a un cándido Racing de Santander. En el haber del técnico hay que poner, sin duda, la garra que ha sido capaz de transmitir a un plantel muchas tardes temeroso y panoli. Jugando con esa intensidad, la calidad del equipo, que la tiene, ha de salir a relucir tarde o temprano para decantar los duelos. El de ayer, por cierto, no lo decidieron ni Adán ni Rubén Castro, muchas otras veces decisivos. El triunfo se fraguó en el trabajo a destajo y la presión infernal que emplearon Dani Ceballos y N’Diaye, protagonistas de la jugada del primer gol, la solidez mostrada por la pareja de centrales Bruno-Jordi, en especial el primero, la profundidad de Piccini y el inteligente trabajo de Kadir entre líneas. Merino y Capi, en un plis-plas, con decisiones de entrenador, han minimizado las deficiencias del plantel y han optimizado sus virtudes, hasta convertir al Betis en un equipo sólido y fiable. Ahí queda eso. Ahora es el turno de Pepe Mel, al que todos los béticos deberían mostrar el apoyo que a otros negaron. Manquepierda de vez en cuando. Ya está bien de guerrillas.

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