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Aznalcázar pide su sitio en Doñana

El Ayuntamiento exige rutas turísticas y señales desde la A-49 para poner en valor ‘cuota sevillana’ en el parque. No irá al Consejo de Participación de Doñana hasta recibir "un trato igualitario".

el 04 ene 2015 / 12:03 h.

Aznalcázar reclama su cuota sevillana del Parque Nacional de Doñana. Una tierra de gran riqueza natural –y turística– de la que, a juicio del Ayuntamiento, no le puede sacar partido este municipio del Aljarafe, pese a que el 85 por ciento del término está protegido por formar parte de Doñana. Se siente, así lo traslada su alcaldesa, Lola Escalona, discriminados por no gozar de los privilegios que sí disfruta Almonte o Hinojos. La gota que ha colmado la paciente del pueblo aznalcaceño llegó a finales de año, cuando el Consejo de Participación de Doñana –un órgano que congrega a alcaldes de 14 pueblos del entorno del parque, Estado, Junta, las diputaciones, agricultores, cazadores y pescadores– se volvió a celebrar en Almonte, pese a la petición de Aznalcázar de ser la sede. «Y más cuando se iba a abordar en esa reunión la conmemoración de los 20 años de la declaración de Doñana como Patrimonio de la Humanidad, algo que se produjo por unos humedales que, por cierto, están en Sevilla y precisamente en Aznalcázar», indicó la alcaldesa, que acudió a la reunión solamente para mostrar el malestar del Ayuntamiento y avanzar que este no volverá al Consejo de Participación «hasta que reciba un trato igualitario». El plantón no es fruto de una simple pataleta. Escalona argumenta que sus quejas son históricas. Es más, la petición de que la sede del Consejo de Participación de Doñana rotara data de hace siete años y sólo se cumplió en abril, en una convocatoria extraordinaria. «A Aznalcázar nunca le han dado su sitio como el segundo pueblo con más hectáreas de Doñana», denunció. Su malestar lo mostró con ejemplos. El último de ellos, que citó antes de abandonar el Consejo de Participación de Doñana, es la aspiración municipal a que haya una señal en la autopista Sevilla-Huelva (A-49), a la altura del kilómetro 16 –la salida de Benacazón, Sanlúcar la Mayor y Aznalcázar– en el que quede reflejado que allí se localiza la entrada al parque nacional de Doñana desde Sevilla. La propuesta de señalización ya había sido aprobada por el Ministerio de Fomento, pero no se ha llevado finalmente a la práctica. Y, a partir de ahí, empiezan los fantasmas. «No quiero pensar en qué intereses ocultos habrá para que la gente que llegue desde Sevilla rumbo a Doñana no sepa que pueden llegar al parque por Aznalcázar», denunció la alcaldesa, que expuso que la colocación de estos letreros es «una obligación si se trata de un parque nacional». En ese sentido, su primera reacción será remitir cartas a la Junta de Andalucía, el Estado, la Delegación del Gobierno y el Patronato de Doñana para que haya una movilización para exigir esa señalética. «Si lo pedimos sólo desde el Ayuntamiento no nos van a hacer ningún caso», se sinceró la regidora. El Ayuntamiento recalca que la ausencia de letrero en la A-49 que acredite esa entrada directa es la última de un largo historial de casos que «confirman que se Doñana le da la espalda a Aznalcázar». Lola Escalona se remonta incluso al reparto del Plan E, cuando era presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. A Doñana llegaron 10 millones para tres proyectos, la naturalización del pinar de la finca Las Marismillas, un tratamiento preventivo contra incendios forestales y la adecuación de un centro de interpretación también en Las Marismillas. Escalona indica que «eso no trajo puestos de trabajo para Aznalcázar y sí para Almonte, Hinojos o Sanlúcar de Barrameda». «No hay guardas forestales de Aznalcázar; nadie de mi pueblo ha vallado el parque, cosa que sí ocurre en otros; considero que ya está bien», reivindicó, sensiblemente molesta con el trato recibido por el municipio. A su larga lista de peticiones sin respuesta se une la puesta en marcha de una ruta turística que partiría de la restaurada casa forestal hasta el centro de visitantes José Antonio Valverde; o la utilización de un cortijo abandonado en la finca Huerta Tejada con el que ya cuenta con «un grupo de cuatro jóvenes interesado en restaurarlo» y que están a la espera de recibir el visto bueno de las autoridades para fomentar allí el turismo de naturaleza.

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