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Como la espuma

El ministro de Fomento se consolida como el perfil más político del Gobierno.

el 21 feb 2010 / 20:26 h.

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Blanco, a su llegada al Pleno económico del día 17.

Para José Blanco, "gobernar es, ante todo, hacer lo que hay que hacer cuando hay que hacerlo". Así lo dice en su blog, donde también asegura que "es mucho mejor que la tarea de gobierno no sea emocionante". Últimamente, a juzgar por la que le está lloviendo al Ejecutivo, sí lo está siendo.


Pero, pese a la difícil coyuntura económica que está asfixiando al gabinete socialista, todo apunta a que el ministro de Fomento está haciendo "lo que hay que hacer y cuando hay que hacerlo". Porque José Blanco está de moda.
Cuando en la última remodelación del Ejecutivo -en abril del año pasado- José Luis Rodríguez Zapatero le hizo un hueco en el Gobierno y Leire Pajín se quedó con la Secretaría de Organización del PSOE, todo apuntaba a que Blanco perdería algo de voz en el partido.


Le tocaba dirigir un ministerio difícil, que había dejado maltrecha la imagen de Magdalena Álvarez. Hoy, diez meses después, el vicesecretario general de los socialistas no sólo no ha perdido peso específico en el partido sino que además lo ha ganado en el Gobierno.


En menos de un año al frente de la cartera de Fomento, Blanco ha hecho buen uso de su talante negociador llegando a acuerdos con presidentes regionales tan distintos como Francisco Camps o Patxi López, José Montilla o Esperanza Aguirre. En un invierno duro que ha traído las nevadas más intensas que se recuerdan, ha evitado que se repitiera el colapso del año pasado en los transportes y, por si esto fuera poco, ha puesto firmes a los controladores aéreos al restarles unos privilegios que resultaban indignantes en época de crisis.

la comisión. Pero, más allá de su gestión, el hecho determinante llegó el pasado miércoles, cuando el presidente del Gobierno le incluyó entre los tres elegidos para formar parte de la comisión negociadora del pacto de Estado contra la crisis, junto a la vicepresidenta económica, Elena Salgado, y el ministro de Industria, Miguel Sebastián. Zapatero explicó que dicha comisión tendría un carácter técnico-político y está más que claro que el vicesecretario general del PSOE representa en sí mismo la segunda parte del binomio.

Se ha convertido en el ministro con el perfil más político del Gobierno y eso le ha llevado a ser comisionado contra la crisis, un papel para el que Zapatero ha prescindido de María Teresa Fernández De la Vega y de Celestino Corbacho. Mientras a la oposición le sirvió este hecho para hacer sangre -"Blanco es un experto económico", ironizó desde el PP Cristóbal Montoro- los damnificados no se sintieron ninguneados. Más allá, Corbacho auguró a su colega un "gran futuro" como ministro.

Al que sí le molesta hablar del futuro es precisamente a José Blanco, quien ayer en una entrevista dijo que tiene "sus aspiraciones colmadas" y animó a "no buscarle tres pies al gato porque no los tiene".
Pero lo cierto es que Blanco, lo quiera o no, está ya actuando como algo más que un ministro. Entra en todos los debates, modera todas las polémicas y es además uno de los fieles al presidente del Gobierno, en cuyos éxitos electorales ha participado directamente.

En estas circunstancias, cada vez más voces, dentro y fuera del Ejecutivo, opinan que José Blanco podría salir beneficiado de la discutida remodelación que supuestamente llevará a cabo Zapatero cuando termine la Presidencia europea de turno.

Más concretamente, en los medios se habla de él como futuro vicepresidente o al menos como miembro del núcleo duro del equipo del presidente en el futuro. ¿En detrimento de quién? De eso nadie está seguro, pero hay quien asegura que el desgaste de María Teresa Fernández De la Vega tras seis años de exposición al flagelo de la oposición es ya irreversible.

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