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Feria de Abril

Cuando una noticia se queda en humo

el 27 abr 2012 / 19:11 h.

La apuesta de las autoridades por dejar en manos de la Santísima Providencia el control del tabaco en las casetas (control que ni la Junta ni el Ayuntamiento entienden que sea cosa suya, sino del otro) está siendo un acierto, a la luz de los acontecimientos: por una vez, los peores presagios no se han cumplido y los paisanos han sabido tener la fiesta en paz, en líneas generales, tirando de respeto y de tolerancia.

Una afirmación que se sustenta en el dato de que no se ha informado de ninguna denuncia por este motivo, como señaló la municipalidad ayer mismo, y que lleva como guarnición los montones de colillas que se ven al final de cada noche a la entrada de las casetas.

"Tendría que ver eso", decía ayer el barrendero de Lipasam Javier González, cargado con su recogedor en la esquina de Juan Belmonte y Chicuelo. "Claro que la gente se sale a fumar. Venga usted a las cinco de la mañana, que además verá que del tabaco no se ha quitado nadie. ¡Y mire que está caro!"

Para no liar innecesariamente al lector con palabreo administrativo, la situación a día de hoy, por lo que atañe al tema del tabaco, es la siguiente: En las casetas no se puede fumar, pero no hay inspectores, con lo que falta el elemento disuasorio. Nadie controla si se cumple o no la normativa en la Feria, donde pesa la prohibición por segundo año consecutivo.

La Consejería de Salud dice que es competencia del Ayuntamiento y que no ha recibido ninguna queja este año. Y el Ayuntamiento replica que tiene un informe de sus servicios jurídicos y del Defensor del Pueblo (informe que sería interesante poder ver un año de estos) en el que se afirma que es competencia de la Junta de Andalucía. Lo único que admite el Ayuntamiento es que si alguien lo denuncia se tiene que personar la Policía Local, pero no hay una labor de inspección.

En resumen, una situación infumable. De momento, la inquietud de que el Real se convirtiera en un coto sin vallar y el miedo a que los fumadores se pusieran a echar el humo de los puros en los ojos de los bebés al menor despiste de sus padres parece que empiezan a desvanecerse."Las cosas son así", dice Manuel Romero, un sevillano que se está fumando un habano curioso en la esquina de Pepe Luis Vázquez, aprovechando que ya no llueve. "La clave es el respeto. A mí no me hace falta un policía para saber dónde o cuándo puedo fumar, porque no me falta cabeza. Además, me sirve como excusa para salir a tomar el aire."

A la hora en que lo dice, cuando todavía no hierven las ollas y el público empieza a tomar las calles, el panorama que ofrece el lugar parece compuesto a propósito: un montón de guardas como disecados, fumando en la puerta de las casetas (unos dentro, otros fuera), a falta de otra cosa que hacer y a la espera de que llegue el respetable. La pregunta es si eso que se ve es toda la verdad sobre el asunto, o si hay algo más.cada vez más educación. "El socio es el que manda", resume José María Gutiérrez, encargado de la caseta Los Bandis.

Lo dice encogiéndose de hombros, como un personaje de novela negra, para expresar de semejante modo que ese es el muro con el que se topa el hostelero en el común de las casetas de la Feria de Sevilla, por lo que hace al tabaco. "De todas formas, si se ve que hay alguien fumando se le dice y lo entiende. Yo veo que la gente cada vez está mejor educada y es más respetuosa. Y lo que está claro, no hay más que verlo, es que la calle está llena de gente que se sale a fumar.

"Mirar a ver si la gente respeta la norma antitabaco es como mirar a ver si respeta las señales de tráfico, y tiene la misma respuesta, que además es una respuesta universal y extrapolable al común de las relaciones entre el administrado y la norma: si hay que infringir, se infringe pero con cuidadito y procurando no molestar. Como dice una flamenca a la que da vergüenza que se publique su nombre, y que acaba de vaciar con ayuda del palo de una escoba el toldillo de su caseta del agua acumulada tras la lluvia (eso sí, sin soltar el cigarrito de la boca): "Si me apoyo en la barandilla desde fuera, puedo fumar, pero si me apoyo desde dentro, no. ¡Pero si el cigarro está en el mismo sitio! Lo que te digo es que con la ley en la mano uno puede molestar, y que cuando se tiene respeto no hace falta ley ninguna."

Es la conclusión que más se acerca a los testimonios recogidos, y en particular al del señor del puro: "Que yo sepa, a la Feria se viene a divertirse y no a molestar ni a que le puedan poner a uno la cara colorada por culpa de un cigarro. ¿Tanto cuesta salirse un ratito a la calle?" Pues se ve que no.

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