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Cultura

¡Cuatro iguales para hoy!

Reseña del segundo concierto de abono que esta semana ofrece la Sinfónica de Sevilla en el Teatro de la Maestranza bajo la dirección de Nir Kabaretti.

el 26 sep 2013 / 23:35 h.

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Teatro de la Maestranza. 26 de septiembre. Programa: Obras de Glinka, Lalo, Massenet y Rimski-Korsakov. Intérpretes: Alexandre da Costa, violín. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Nir Kabaretti, director. 2ºConcierto de abono.

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El objetivo de este segundo programa de abono es para quien firma desconocido. Si pretendía divertir a la gente, los aplausos fueron tibios. Si buscaba público nuevo, no lo encontró. Este concierto está llamado a pasar a la lista de los más inanes y plomizos ofrecidos por la Sinfónica de Sevilla. España romántica era su título, concretado luego en cuatro obras de idéntico rasero, postales exóticas de dos franceses y dos rusos que, escuchadas por separado pueden valer, pero reunidas en un monográfico constituyen un asalto auditivo, un empacho de arabescos, platillos y castañuelas.

Tal vez como propuesta extraordinaria para ir tomando color para la Feria de Abril podía colar, pero no de otra manera. Sorprende e irrita comprobar como sistemáticamente, año tras año, se evita el 80% del repertorio del siglo XX, se ignora el siglo XXI y se recurre siempre a los mismos compositores y mismas obras del siglo XIX. Sin embargo, ayer se nos proponía en primera interpretación por la orquesta el Cappricio brillante sobre la Jota aragonesa de Glinka. Música bien orquestada y de nulo interés. Nos preguntamos si de verdad a la audiencia le interesa más escuchar esto que, pongamos por caso, la inédita aquí Sinfonía Serena de Hindemith, por poner.

La Sinfonía española de Edouard Lalo es una obra estimable, con un Allegro de gran brillantez melódica. Luego la partitura se desparrama en otros cuatros movimientos. Alexandre da Costa se tomó muy en serio la pieza, extrayendo de su Stradivarius un sonido robusto, de una arrebatadora riqueza cromática. Fue capaz de imponerse al vacío virtuosismo de muchos pasajes con una sonoridad extraordinaria, un festín para el oído, al menos.

Concertó bien el maestro invitado Nir Kabaretti, aunque para saber de su “inmensa musicalidad y cálida personalidad”, al decir de Zubin Mehta,  habremos de esperar a una futura comparecencia. Se las vio en la segunda parte con la suite de ballet de El Cid, de Massenet. Miniaturas bobas y de una intrascendencia irritante que, a esas alturas de programa –con Glinka y Lalo aún en el buche– directamente resultaba indigerible.

Nos pareció luego ver a Super Ratón sobrevolando el Maestranza con aquel mítico cartel animado que rezaba:“No se vayan todavía aun hay más”. Atacaba la ROSS entonces el Capricho español de Rimki-Korsakov, desde luego la pieza que mejor recoge esa supuesta españolidad pintoresquista de raigambre extranjera. Una eclosión de júbilo que contó con una orquesta y un director cuya ejecución fue a la marcha que dictaba el piloto automático que llevaban encendido. Echamos en falta un pasodoble de propina.

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