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Dos reinas venidas del Este

Vika y Aloana son dos de los 461 niños bielorrusos que veranean aquí

el 10 jul 2010 / 17:14 h.

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Vika y Aloana, en primer término, con su familia de acogida en Sevilla durante los meses de verano.

Las hermanas Vika y Aloana han vuelto este verano para alegrar la casa de su familia sevillana dentro del programa de acogida de niños bielorrusos. Pero todo estuvo a punto de irse al traste... "Hubo muchas tensiones. El Gobierno de Lukashenko...". "¡Ja,ja!, ¡Lukashenko!".

 

Aloana se revuelve entre risas en la falda de su hermana mayor, Inma, cuando escucha a su padre español decir una palabra en ruso. Aloana tiene 10 años y nació en Minsk, la capital de Bielorrusia. Tiene el pelo rubio brillante, los ojos celestes profundos y la sonrisa permanentemente asomada a su cara. Su hermana Vika, de 12 años, no le quita ojo, más tímida y callada, aunque, cuando habla, articula un perfecto castellano.

Vika lleva seis años viniendo a España. Su hermana pequeña, cuatro. Pero este año casi no lo vuelven a hacer. El Gobierno bielorruso presidido por Aleksander Lukashenko puso trabas para el viaje de los niños, como que sólo vinieran los menores de 14 años o que no repitieran en la misma familia más de dos años. Estas condiciones eran inaceptables para las familias sevillanas que acogen niños bielorrusos desde que en 2001 el Cachorro pusiera en marcha la iniciativa, a la que se han ido sumando durante estos años una veintena de cofradías. Y por supuesto eran impensables para la familia de Manuel Praena y Concha Segovia porque para ellos no venían dos niñas, venían sus hijas.

La historia tuvo final (o inicio) feliz. El pasado 26 de junio empezaron a llegar los 705 pequeños. 461 se quedaron en Sevilla. El matrimonio formado por Manuel y Concha se animó a formar parte del programa de acogida gracias a que él, pediatra al igual que su esposa, participó en el reconocimiento médico de los niños una de las primeras veces que vinieron. Ahora, Vika y Aloana son las reinas de la casa, con el permiso de sus hermanos españoles, Julia, de 26 años, Inma, de 21 y Manuel, que ya se ha independizado. Todos recuerdan el día en que Vika entró la familia. "Era muy chiquitina, estaba asustada -comenta Concha-, pero no lloró. Empezó a subir las escaleras y a correr, y abrió su maleta con regalos para todos: cestitas de mimbre, un angelito, manualidades, dibujos...".

Enseguida comenzó a hablar español, a conocer a todos los miembros de la familia y a disfrutar de algo que nunca había visto y que se ha convertido en una de las cosas que más le gusta: la playa. Con el paso de los días, llenó su maleta de ropa y regalos que después se llevó a Bielorrusia. Allí, Vika y Aloana viven en una casa de acogida con su madre y otros nueve hermanos. Dentro de lo que cabe, como explica su hermana Julia, "tienen suerte". Dos años después de que viniera Vika, Julia viajó hasta Minsk para conocer dónde vivía su hermana pequeña. Y conoció a Aloana. Al verano siguiente, el trono de la casa lo compartían las dos pequeñas.

Cuando llegó, Aloana no consentía hablar en español. Manuel cuenta que lo arreglaron porque, cada vez que pronunciaba una palabra en ruso, "tenía un punto menos para comer helado". Ahora habla con una mezcla de la fuerte "r" rusa y el seseo local. Amenizado con una sonrisa.

Lo peor es el día que se van. "Es muy angustioso", relata Manuel. Aunque no se van exactamente. En el salón de la casa se quedan esas fotos de las niñas en la reunión de amigos, en la jornada de piscina.. Por eso, cuando vuelven, "es como si se hubieran ido hace dos días".

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