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El niño que devolvió la vista a Dios

Jesús, el niño ciego del Porvenir que hará de Indiana Jones en la Cabalgata, ha montado un belén en su colegio. Le pide a Dios un milagro: volver a ver, aunque en su desgracia ha hallado otra felicidad: el amor incondicional de los suyos y el apoyo de la Once.

el 21 dic 2009 / 21:23 h.

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Jesús Gómez, a la derecha, junto a su belén.

Si el próximo día cinco de enero, el día de la cabalgata, ve a Indiana Jones sobre una carroza con las manos repletas de caramelos, 50 kilos nada menos, grite bien alto Jesús Gómez, su nombre real los 364 días restantes del año, que seguro que encantado dirigirá la lluvia de golosinas en su dirección. Aunque el joven Jones no vea, porque Jesús es ciego, su sentido del oído está tan desarrollado que nada le impedirá vivir la magia de un día tan especial y salir en la cabalgata, su "sueño de toda la vida". Como tampoco no ver le ha impedido crear un Belén con sus propias manos, de principio a fin.

"Lo más difícil fue cortar con el cúter las columnas del pesebre, pero pegar las figuritas fue divertidísimo", cuenta un Jesús de 12 años lleno de energía. En principio fue tarea de la asignatura de plástica en su colegio, María Madre de la Iglesia, pero al final se ha convertido "en una labor de superación personal donde se han puesto en práctica técnicas de manipulación para ciegos", cuenta su profesora Amelia Estévez. Meli, como él la llama, ha estado presente en todo el proceso y lo ha guiado y ayudado como si fuera sus propios ojos. ¿El resultado? Un ocho en la calificación final de la asignatura, y la exposición del nacimiento en el mismo centro.

De los 2.000 ciegos que hay en Sevilla capital, el de Jesús es un caso especial. Su nombre no es lo único que lo vincula a la Navidad, y su vida está llena de unas coincidencias no siempre agradables: perdió la vista hace dos años, en Navidad, a causa de una enfermedad hereditaria. Dejar de ver así, de un día para otro y con diez años, es uno de los golpes más duros que se puedan encajar en la vida, y sus palabras temblorosas y el tono de voz apagado que se ha adueñado de él, lo confirman: "Al principio lloraba todos los días, no quería salir de casa nunca". Pero si hay algo que caracteriza a Jesús según "la persona que mejor lo conoce del mundo", su madre (quién si no), es su optimismo y vitalidad. "Es un niño lleno de energía y con mucha autoestima. Lo han sometido al grado máximo de superación, y eso le ha hecho madurar rápido", reconoce Reyes.

Para ella tampoco han sido dos años fáciles, "Las desgracias que a veces vienen por partida doble", comenta irónica y resignada esta madre coraje. Su hijo Pepe, de 16 años, sufre la misma enfermedad que el menor, y el pasado marzo perdió completamente la vista. Y ahí no acaba la cosa: Manolo, Guille, Mari Carmen, y Joaquín, de 13 años, tienen dos cosas en común con los hermanos Gómez, son ciegos y primos.

Lo que a primera vista puede parecer todo un dramón familiar, se convierte, no sin mucho esfuerzo y tesón, en algo positivo para los más pequeños de la familia que padecen la enfermedad hereditaria: "Mis primos mayores son un ejemplo para mí", dice Jesús, "me han demostrado que se puede llegar alto pese a ser ciego, todos tienen cargos importantes en sus trabajos, dos son psicólogos, una profesora... y eso me hace venirme arriba cuando me pongo triste". "Y tú, ¿qué quieres ser cuándo seas mayor?", y Jesús contesta rápido: "Quería ser fisioterapeuta, pero se me han quitado las ganas porque me han dicho que hay que estudiar mucho", responde entre risas.

Su condición de niño puede con él, y es normal, a los 12 lo que apetece es jugar y correr detrás de un balón, y los libros, en la mayoría de los casos, aún están en segundo plano.  

Bendita juventud... que dirían algunos adultos cansados del estrés diario y nostálgicos de los días en que meter un gol en propia puerta era la desgracia mayor de todas. Y ésa, paradójicamente, es la mayor de Jesús. Quien fuera el pichichi de su clase hace unos años, cuando aún veía, no se deja vencer por la ceguera y continúa jugando: "Al fútbol o a lo que sea". Se está aficionando tanto al atletismo (un deporte más apropiado para los invidentes según los expertos) que ya tiene seis medallas en su haber. Compite con otros niños de la Once, asociación a la que está afiliado desde que se quedó ciego. Lo más duro fue, según Jesús, dejar su colegio de toda la vida e irse al de la Once. Pero era necesario, allí le enseñaron la escritura braille y a desenvolverse en un mundo que de repente se había vuelto oscuro. "Al final me alegré, y cuando llegó el día de volver al mío de siempre casi me da algo".

Jesús es el pequeño de la familia, su madre, Reyes, lo cuida; su padre, Jesús, todo un manitas, acondiciona la casa para que "tanto Pepe como él estén lo más cómodos posible", y su hermana Carmen, de 18, lo ayuda intentando perder la paciencia cada vez menos. Una familia que bien podría asemejarse a la que con mucho trabajo ha representado el más pequeño en el Belén: "Una familia que rebosa amor", afirma Jesús. ¿Y el ángel de la guarda? "Meli, mi profesora, es una de las personas más buenas, y sin ella no hubiera hecho nada".

Pese a ser un buen cristiano, e ir religiosamente a catequesis tres veces a la semana, el niño Jesús a veces tiene, como todo mortal, momentos de flaqueza: "¿Por qué Jesús no obra el milagro de devolverme la vista a mi también? Pero entiendo que mis ojos son suyos, aunque yo no vea".

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