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El tiempo de la política

Las andaluzas ponen fin a la campaña electoral más larga de la historia. Ahora toca gobernar.

el 02 abr 2012 / 12:29 h.

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El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, saluda a la presidenta de su mesa electoral el pasado 25 de marzo.

Los comicios del pasado 25-M pusieron fin a la campaña electoral más larga de los últimos tiempos (por no decir de la democracia española). Esta batalla por el poder comenzó en mayo de 2011, con la celebración de las elecciones municipales y autonómicas; continuó hasta las generales del pasado noviembre y parece concluir con el asalto de las andaluzas de hace ocho días (al menos hasta 2015 con una nueva convocatoria de comicios locales).

Ahora y después de diez meses de pelea política toca gobernar. ¿Pero bajo qué consigna? Hay dos opciones: desde la lealtad institucional o desde la confrontación. Los resultados del 25-M han cambiado el escenario donde iba a desarrollarse esta gran obra de teatro los próximos tres años: Arenas ganó; sin embargo y salvo sorpresa de última hora, no pisará San Telmo. Griñán volverá a ser presidente del Ejecutivo andaluz merced a la indispensable colaboración de IU. Zoido no tendrá un aliado al frente de la Casa Rosa, lo que no significa que su próximo inquilino tenga que ser forzosamente un enemigo. Si Ayuntamiento y Junta optan (otra vez) por el enfrentamiento, los sevillanos serán los principales perdedores. Ya les aviso.

Hasta el momento Griñán y Zoido, Zoido y Griñán, han preferido rivalizar que alcanzar acuerdos. Han peleado por el Metro, la Ciudad de la Justicia, la final de la Copa Davis, la reforma del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), los planes de formación de empleo, el uso de la Fábrica de Artillería e incluso por la ubicación de la estatua de Juan Pablo II (aunque en este tema hubo finalmente consenso). Cualquier asunto ha servido como arma arrojadiza para atacar a un debilitado Gobierno regional asediado por el paro y el escándalo de los ERE o para debilitar el llamado efecto Zoido. En este caso el fin parecía justificar los medios: convertir al candidato de turno en presidente andaluz. El 25-M ya es historia pero la mayor crisis económica conocida desde el crack de 1929 continúa sin darnos tregua.

Espero que no se me malinterprete. Es obvio que el objetivo prioritario de cualquier partido que se presenta a unas elecciones (ya sea desde el gobierno o la oposición) es ganar. Un fin legítimo. Lo contrario sería absurdo e inverosímil. Pero en esa carrera electoral, ¿no hay límites? ¿No existen líneas rojas que no se deban sobrepasar? Para mí, sí. El interés general frente a la guerra partidista. De lo contrario corremos el riesgo de que se produzca una fractura entre votantes y electos. Si se extiende la idea de que da igual a quién se elija porque todos son iguales, ¡Houston tenemos un problema! En este país hace mucho tiempo que la moderación no está invitada a los debates en el Congreso o en los diferente parlamentos. Aquí se ha impuesto la bronca política, seguramente la estrategia que más daño haga a la democracia. Y que tiene una rápida traducción: la abstención. En las elecciones andaluzas un 40% de los ciudadanos se quedó en casa. No es la primera vez, la alta abstención se está convirtiendo en tendencia. De todos depende que el distanciamiento con la clase política no se vuelva permanente. Y la mejor manera de empezar a lograrlo es dejar de ser parte del problema.

España (y por extensión Andalucía y Sevilla) vive al borde del abismo desde que comenzó la crisis. Un hecho que no ha propiciado ni un solo pacto entre los dos partidos mayoritarios del país (PP-PSOE). Nada de nada. Por ello no es de extrañar que desde hace tres años los españoles sitúen a sus políticos entre sus principales preocupaciones, sólo por detrás del paro y la situación económica. Unos datos que hubieran merecido un amplio debate y un cambio de actitud, pero no ha sido así. Hemos dejado que se dispare la preocupación. Y no llegan tiempos mejores. Estado, autonomías y ayuntamientos van a tener que hacer frente a severos recortes. Qué mejor oportunidad para abandonar los extremismos, tomar conciencia de la extrema situación y jugárselo todo por el bien general.

En Sevilla el terreno y las reglas del juego son distintas tras los sorprendes resultados del 25-m. Uno de los alcaldes más votado en la historia de Sevilla ha visto debilitarse su poder en apenas diez meses. Mientras la oposición (PSOE-IU) siente que recupera un poco del espacio perdido en mayo pasado. Si los resultados de las elecciones autonómicas se extrapolaran a las hipotéticas municipales de 2015, el PP habría perdido cuatro concejales (16) y, por tanto, la mayoría absoluta. En cambio, PSOE e IU lograrían entre los dos 17 ediles. O sea podrían reeditar los pactos de gobierno de la era Monteseirín. Es obvio que se trata de un ejercicio irreal e inexacto. Sin embargo, este mero calculo aritmético advierte de que Zoido no tiene un cheque en blanco y, además, da alas a la oposición de perfil bajo que venían ejerciendo tanto Espadas como Torrijos. Un papel complicado teniendo en cuenta el respaldo masivo que el alcalde cosechó en las urnas. En los próximos días veremos cómo gestiona cada uno las cartas que le han tocado en este nuevo reparto. Y aún mejor a qué apuestan: al acuerdo o la confrontación. Al interés general de todos los sevillanos o a la bronca partidista.

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