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Cultura

El valor de la sangre

Adela y Rafael Campallo presentaron 'Sangre', una obra vistosa con la que han querido dejar claro su compromiso con la familia y el flamenco. El otro hermano, Juan Campallo, es un buen guitarrista.

el 03 oct 2014 / 00:20 h.

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Bienal A estas alturas de la Bienal, con más de veinte espectáculos vistos y oídos, cuesta centrarse en lo que hay en el escenario. Cuando al principio del festival hablábamos de gazpacho era precisamente por esto, por una programación enmarañada, sin sentido a veces, donde un día te meten una obra de danza contemporánea teñida de flamenco y al siguiente, algo totalmente distinto. Tras la lección el pasado miércoles de los adorables veteranos de lo jondo, anoche tocó sangre nueva, la de los Campallo de Sevilla, los bailaores Adela y Rafael Campallo. Sin olvidarnos de Juan, el hermano guitarrista. Desde su origen, el flamenco es un arte de familias andaluzas. En Triana, sin ir más lejos, en el siglo XIX solo había dos o tres familias flamencas, las de los Cagancho, los Pelao y los Fillo, aunque esta era oriunda de San Fernando. Eran gitanos. Y en Sevilla, en la zona de la Alameda y el Barrio de la Feria, la familia gaché del Maestro Pérez, guitarrista y padre de un guitarrista y de dos artistas del baile, Manolito y Lola Pérez, esta última esposa del Perote de Álora. Más de un siglo después, las familias flamencas siguen existiendo. Una de ellas es la de los Campallo, que anoche presentó en la Bienal la obra Sangre, que va precisamente de eso, de cómo una mujer que canta pare a tres hijos artistas, y buenos artistas. Adela y Rafael son famosos en el baile y, a pesar de que son jóvenes, tienen ya una trayectoria importante. Esa experiencia la han puesto al servicio de un espectáculo vistoso, sin grandes alardes escenográficos, con alguna coreografía interesante, como por ejemplo la de la farruca (A espejo), lo mejor de esta obra, en la que actúa el gran bailarín José Antonio. Maestro y alumno en una pieza de fuerza dramática y también cómica, de ahí su rareza y hermosura. Hubo otras cosas de interés, aunque no abundaron, esa es la verdad. Adela nos llevó a Los Gallos y recreó un verdadero tablao sevillano, el más antiguo de Sevilla, de los actuales. Al cante, el onubense Jesús Corbacho y el jerezano El Londro. Y Adela encandilando al público con unos caracoles muy acelerados, de esos que se bailaban en los tablaos de los años de las arriadas. La bailaora sevillana es puro nervio, un torbellino, pero a veces se planta, se coloca bien y baila más despacio. Por ejemplo, en la seguiriya, donde le cantó un portentoso Enrique el Extremeño. El baile femenino, al menos en Sevilla, es más de lentitud de natural taurino que de carrerilla. Y es más de brazos que de pies. El baile de hombre, en cambio, es más vigoroso, salvo excepciones mente de todos. Rafael Campallo es muy sevillano cuando baila, pero cada vez levanta menos los brazos. No es un reproche, sino una observación. Combina bien fuerza y gracia, como demostró en los fandangos y, sobre todo, en los tangos que sonaron en la radio de lámparas, de las de antaño. Hizo un poquito solo, pero en esos segundos nos llevó a la Cava de los Gitanos, de Triana, para recordarnos cómo bailaban El Titi o El Pati. Luego, en las alegrías, con un estilo más contemporáneo, desplegó todas sus cualidades, con paseos encantadores, una manera de marcar muy personal y su característico malabarismo de pies, con el que siempre homenajea a uno de sus maestros, el inolvidable Manolo Soler. El baile no es solo la sangre, sino algo más. En definitiva, Sangre es una obra flamenca quizás un poco desordenada escénicamente -en el programa de mano no se entera uno de casi nada-, a veces sin la coherencia necesaria, pero con momentos muy flamencos y, sobre todo, con una entrega total por parte de los artistas protagonistas y de invitados como Carmen Ledesma, que se subió al escenario y bailó de maravilla, como suele hacerlo siempre. Incluso sonó un fandango cantado por la propia madre de Rafael y Adela, aunque grabado, en cuya letra dejaba claro lo orgullosa que está de haber parido a los tres. Tres artistas jóvenes, sevillanos, que están luchando desde niños para vivir por y para este hermoso arte.

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