domingo, 16 diciembre 2018
17:37
, última actualización
Economía

"Hay que pasar de Europa y volver a nuestras raíces o nos hará trizas"

El secretario general de COAG aboga por potenciar la agricultura, por un modelo social para las ayudas y por “echar la vista atrás”.

el 18 dic 2011 / 19:58 h.

Miguel López Sierra (Barca de la Florida, Cádiz, 1960) acaba de ser reelegido, una vez más, al frente de la Secretaría General de COAG Andalucía , cargo que compatibiliza con el nacional. Agricultor sobre todo de algodón, también de cereal y girasol y ganadero de pollos camperos, asegura que ni COAG es él ni él es COAG. Eso sí, siempre se prestará a liderarla.

-Dice Cayetano de Alba, conde de Salvatierra, que los jóvenes de la agricultura andaluza no quieren trabajar...

-Este hombre no está bien de la cabeza. ¿Qué se puede esperar de un conde que le gustaría vivir en la Edad Media y resolver los conflictos con la espada? No hay que hacerle caso a este cantamañanas, el campo tiene otros muchos problemas y eso lo sabemos quienes sí lo trabajamos. Él miraba hacia arriba, hacia las comunidades del norte. ¿Miramos hacia los pueblos abandonados de Castilla y León, hacia los de Aragón? La mitad de la población andaluza está en el medio rural, y aquí los pueblos no se están abandonando, gracias a la agricultura y la agroindustria hay vertebración.

-Pero ustedes se quejan del escaso relevo generacional entre los agricultores...

-No existe relevo generacional porque hay mucha incertidumbre en la agricultura debido a que Europa hace reformas [de ayudas y sectores] cada dos años, no hay estabilidad y, por tanto, los jóvenes huyen con pavor. Para colmo, nuestras pensiones tienen un importe escaso, que hacen difícil la jubilación porque, en muchísimos casos, la cónyuge no ha cotizado. Y eso lo ven los jóvenes en sus padres, en sus abuelos. Por ello, durante la época de la economía especulativa, y viendo que el campo no era un negocio, los jóvenes se iban a la construcción, donde incluso un peón ganaba más que un perito. No hay expectativas de futuro en la agricultura porque Europa nos hace trizas al obligarnos a servir productos de calidad y seguros con costes europeos a precios de países del tercer mundo, donde no son tan estrictas las exigencias medioambientales. Así no se puede competir. Hay que volver a nuestras raíces y valores culturales y pasar de Europa.

-¿Qué es pasar de Europa?

-Echar la mirada atrás, poner las cosas en su sitio y, como se dice entre los agricultores, hacerles un monumento a las papas de agosto. España no puede ser solamente un país de servicios, el geriátrico de Europa. Nadie cuestiona la capacidad industrial y tecnológica de Alemania, pues que en Europa no cuestionen nuestra capacidad en las producciones agrícolas mediterráneas, en especial las frutas y hortalizas, sometiéndonos a políticas de intercambio con terceros países sin marcar un principio de preferencia del campo europeo ni ordenar la cadena agroalimentaria para evitar abusos.

-Dice también el conde de Salvatierra que el patrimonio agrario no genera riqueza porque se encuentra inmovilizado. Y eso a pesar de recibir 3 millones anuales en ayudas agrarias europeas...

-Que nos deje ese patrimonio, muchos estaríamos interesados en gestionarlo mejor. Cayetano vive en Madrid, no en Andalucía, y ese dinero que recibe de Bruselas no se queda aquí, no se invierte aquí, se va a Madrid. Pero, cuidado, no nos fijemos sólo en las ayudas agrarias, porque ayudas públicas reciben las compañías, las industrias, los bancos. En un contexto como el actual, es inmoral que no haya topes a las ayudas.

-¿Qué modelo de ayudas habría que establecer, ahora que se está negociando la reforma de la Política Agraria Común?

-Un modelo social, que es el que fija la población y el empleo al ámbito rural, un modelo que ayude a mantener la economía agraria y facilite la diversificación económica y la actividad de los pueblos y que tenga en su base a los agricultores profesionales.

-¿La guerra entre agricultores y distribución comercial se da ya por perdida?

-No, en esta cuestión no se da nada por perdido. De hecho, hace apenas unos años, cuando los precios de los alimentos subían, el consumidor criticaba al agricultor y las subvenciones que cobraba. Hoy, en cambio, el trabajo de información que hemos hecho ha permitido que apunten a la distribución (cadenas de hipermercados y supermercados). Se están dando pasos. Hasta ahora, la Comisión Nacional de la Competencia, que depende del Ministerio de Economía y Hacienda, era insensible a las peticiones del campo, porque su intención era el control del IPC sin tener en cuenta a costa de quiénes, de nosotros. Y en la Comisión Europea se están dando cuenta, son conscientes ya, del poder de la distribución, aunque en la reforma de la PAC no se contempla aún ningún mecanismo para corregirlo. Y, por último, está el proyecto de ley alimentaria, que está tramitándose en el Congreso, que establecerá límites al dominio y el abuso. Eso de que los olivareros andaluces lleven perdidos 800 millones de euros que van a la distribución, eso se va a terminar...

-¿Y todas las cadenas de distribución entran en el mismo saco o cabe diferenciar?

-El ritmo está marcado por las cadenas europeas Aldi, Carrefour y Lidl, que aplican con nosotros políticas diferentes a la de Mercadona, una cadena con la que se puede hablar.

-¿De qué?

-De costes de producción y de que el agricultor no puede ser una mano de obra barata ni se le debe imponer una venta de su cosecha por debajo del dinero que le cuesta. Pocos operadores controlan en la actualidad nuestros productos desde el campo mismo, eso es un dominio. Necesitamos contratos donde cada parte, agricultor y distribuidor, tenga su margen de beneficio y darle transparencia, contratos legales y no de usura.

-Para eso están las organizaciones interprofesionales, ¿no? ¿El cisma en Hortyfruta, con dos asociaciones agrarias que se largan, es reflejo de que no funcionan?

-Sí, porque Hortyfruta no sirve para nada, sólo para sacarle el dinero a los productores de las frutas y hortalizas. Deberían cumplir un papel estratégico las interprofesionales y no lo cumplen. Es otro fracaso de Europa, puesto que no pueden hablar de los precios ni regular el mercado, ¡o si no viene la Santa Inquisición de Competencia! Lo que Europa quiere es abrir mercados a los productos baratos mientras que se especula con los alimentos. Ocho de cada diez operaciones en el mercado de cereales de Chicago son especulativas y no para alimentar. ¿No va a haber 1.200 millones de personas pasando hambre en el mundo?

  • 1