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Hepatitis C: la enfermedad silenciosa

Cientos de sevillanos requieren atención urgente para un mal que se conoce desde hace solo 25 años y para el que ya hay posibilidad de cura; lo que no hay es dinero para dar el tratamiento a los afectados

el 19 ene 2015 / 22:44 h.

Es la primera causa de cáncer de hígado, de trasplante de este órgano y de cirrosis. Afecta a entre el 1 y el 2 por ciento de la población española. Hay miles de personas que desconocen que están infectadas por ella pues suele dar la cara a los 30 o 40 años de su contagio y cuando lo hace habitualmente está en un estadio muy avanzado, cuando ya ha causado problemas graves de salud. Hablamos de la hepatitis C. Unas 600 personas están pendientes en Sevilla de una atención con urgencia para esta enfermedad, calcula aproximadamente el especialista en Aparato Digestivo del Hospital de Valme Manuel Romero, a falta de los datos oficiales de la Consejería de Salud, que aún no están a disposición del público. "En Valme, que atiende a 400.000 personas, tenemos unos 200 o 250 pacientes que tratar con urgencia, sí o sí", asegura. "A partir de ahí en Sevilla, haciendo una extrapolación, habrá unos 500 o 600 enfermos en esta situación entre el Virgen del Rocío y el Macarena". Manuel Romero es especialista en aparato digestivo en el Hospital de Valme. / José Luis Montero Manuel Romero es especialista en aparato digestivo en el Hospital de Valme. / José Luis Montero Para Romero, estamos frente a un "momento histórico, una oportunidad". "Un virus que no se conocía en el 89 y en 25 años tenemos la posibilidad de curarlo es una cosa muy rara", asegura. "Nuestra obligación es trabajar para erradicar la enfermedad". Para este especialista, es normal las protestas y reclamaciones que están llevando a cabo los afectados por este virus por todo el país. "Si uno va al hospital y le dicen que tiene cura pero que no hay dinero para darte el medicamento, lo comprensible es que se rebelen". Si bien, Romero recuerda que Sovaldi "no es una pastilla mágica, hay que usarla en quienes hay que hacerlo" y considera que "la gente necesita más información y más confianza en el sistema sanitario público". "Nosotros hemos trabajado para que cuando estuviera el fármaco se pudiera dispensar lo antes y mejor posible". Romero recuerda que este no es el único tratamiento que existe para la enfermedad. Hasta el momento se trabajaba con otros grupos de medicamentos como el interferón, "que cura a la mitad de los pacientes pero que realmente tiene muchos efectos secundarios". La cuestión es que "Sovaldi da respuesta sobre todo a los enfermos para los que antes no la había", como aquellos con cirrosis descompensada, en lista de espera para un trasplante y los postrasplantes. "Este es el valor añadido de estos fármacos, aunque es beneficioso para todos", asegura. Sovaldi, que necesita combinarse con otros productos, tiene otra ventaja: se puede aplicar en todos los tipos de hepatitis C. Hasta ahora, "los medicamentos que había eran genotipo dependientes", es decir, valían para unos tipos de virus C pero para otros no. (Hay seis tipos, del 1 al 6, aunque el 98 por ciento de los pacientes en España tienen el 1, el 3 y el 4). Y es que, comenta este especialista, es fundamental el momento en el que se aplican los tratamientos, es decir, el grado de daño que tiene el hígado. "Es distinto si el paciente tiene poco o muy afectado el órgano. Los tratamientos son capaces de eliminar el virus, pero en los pacientes que no tienen cirrosis, la eliminación de la hepatitis significa curación. El hígado vuelve a ser normal", relata. "En los que ya hay, eliminamos el virus y la enfermedad hepática puede mejorar y el pronóstico del paciente también". Incluso en el caso de que sea necesario un trasplante no es lo mismo que se haga sin virus en la sangre. Por ello, "es muy importante el punto en lo que lo hayamos curado". Así, para Romero se produce una paradoja pues "el problema es que no podemos llegar a todos, ahora mismo hay que tratar a los que les hace falta ya. Pero es verdad que si tratamos a un paciente en fases iniciales está claro que nunca llegará a necesitar un trasplante". Por ello, para este médico del Valme, la idea es "tratar a los que están peor, pero al resto también hay que hacerlo de manera ordenada". Otra de las características de la hepatitis C es que hay mucha gente que aún desconoce que la tiene porque la enfermedad no da la cara en el momento en el que se contrae. Por eso, para Romero, "es positivo hacer un cribado poblacional". Es decir, detectar la población real que está afectada por la hepatitis C. Esta es una de las cosas que en opinión de este especialista debe de establecer el plan nacional que se está elaborando. La prueba consiste en un sencillo análisis de sangre. La bolsa de afectados está conformada por todos los nacidos entre 1960 y 1980 pues durante ese periodo "una de cada diez personas tenían probabilidad de contraerla". "Hay que poner en marcha un mecanismo para detectarlo pues la gente cuando llega a urgencias ya tiene un cáncer de hígado cuando igual hace 10 años se podría haber evitado". "El problema", asegura este médico, "es que la gente está en su casa, la enfermedad no da señales y cuando llegan están en una fase irreversible". Y es que esta enfermedad, que produce una inflamación del hígado y como virus que es básicamente se transmite por la sangre, se propagó durante muchos años con las transfusiones de sangre, con la gente que compartía jeringuillas al drogarse y en pacientes que tienen grandes tatuajes. Pero también existe un tercio de la bolsa de enfermos que hay en la actualidad, que desconocen el modo en el que se contagiaron. "La gente que no tiene ningún factor de riesgo es probable que lo hayan contraído cuando no se usaban las jeringuillas desechables. Pudo ser incluso con una vacuna"

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