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Cofradías

Ilusiones rotas en Carlos Cañal

Una intensa llovizna obliga a suspender la salida procesional del Cristo de la Salvación.

el 12 mar 2011 / 20:35 h.

No pudo ser. El Cristo de la Salvación tendrá que seguir aguardando una mejor ocasión -esperemos que no pasen otros setenta y cinco años- para que los primeros rayos de luz besen su cuerpo desplomado. Una intensa llovizna cuando el cortejo de hermanos y representaciones se encontraba ya desplegado en la calle Carlos Cañal dio al traste con las ilusiones de contemplar al Crucificado de San Buenaventura procesionando por vez primera sobre un paso. Al hermano mayor de la Soledad hasta se le quebró la voz a la hora de anunciar desde el púlpito del convento la triste noticia a sus hermanos.

"Vista la situación actual de meteorología y a la previsión para las próximas horas, muy a pesar nuestro vamos a suspender el viacrucis. Yo lo siento muchísimo...". Y el cálido aplauso de una iglesia repleta rompió el silencio de un afectado hermano mayor, al que se le hizo un nudo en la garganta. "En otro momento será si Él quiere y nosotros podemos estar presentes y poderlo vivir".

Sobre un túmulo caoba, iluminado por cuatro hachones de cera tiniebla, enterrado hasta las rodillas en un frondoso monte de lirios, el Cristo que entregara Manuel Cerquera a la hermandad de San Buenaventura en vísperas del estallido de la Guerra Civil ni siquiera llegó a cruzar el dintel conventual.

Las puertas del templo de la calle Carlos Cañal se habían abierto a las seis de la tarde para que comenzara a discurrir el silente cortejo de trajes oscuros y cera tiniebla. Con la Cruz de Guía a punto de embocar la calle Zaragoza, los goterones de lluvia arreciaron y, tras unos instantes de confusión, las representaciones de las distintas hermandades y los hermanos de acompañamiento regresaban sobre sus pasos.

Acostumbrados como están a la incertidumbre meteorológica de cada Viernes Santo, los hermanos de la Soledad de San Buenaventura no desesperaron. Era un día muy significado en la historia de la hermandad como para que la lluvia aguara una celebración largamente esperada. Y después de una mañana plomiza y de cielos amenazantes, había fundadas esperanzas de que la tarde abriera y hasta el sol pudiera ser testigo de esta histórica salida.

Mientras hermanos y representaciones aguardaban noticias en el claustro del convento, en la sacristía de la iglesia se reunían la junta de gobierno de la Soledad y también la de la hermandad del Cristo del Amor de San Juan de Aznalfarache, que había cedido sus andas procesionales para tan excepcional ocasión. Poco después de las siete se desvanecieron todas las esperanzas.

Las generaciones de hermanos soleanos que tanto soñaron con contemplar a su Cristo en la calle sobre un paso tendrán que seguir esperando. Mientras en otras iglesias, comienzan a montarse los pasos, el Cristo de la Salvación volverá a su rincón habitual del convento esperando quizás una nueva ocasión.

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