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La campaña electoral del # y la @

Los partidos han afilado su estrategia en las redes sociales de cara a ampliar su popularidad.

el 12 mar 2015 / 11:00 h.

  Hasta los clicks han parodiado la campaña electoral andaluza.   Termina en Spotify uno de los temas del disco Tomora del intérprete de kora de Malí Ballake Sissoko y de repente: «Hola, soy Juanma Moreno, candidato del PP a la presidencia de la Junta de Andalucía, y te pido el voto para el próximo 22 de marzo...». La campaña electoral andaluza se ha colado también en una de las aplicaciones musicales más conocidas. Los partidos políticos han encontrado en las redes sociales un filón y un territorio de posibilidades infinitas por explorar y explotar. Los departamentos de comunicación cuentan con gente dedicada especialmente a gestionar la información y a dosificar estratégicamente los mensajes del partido para el que trabajan. La jornada no tiene fin; siempre hay alguien con un ojo abierto a la hora más extraña que puede ser susceptible de engancharse a uno de los lemas del líder de turno. Las redes sociales no tienen hora de cierre, ni de fin de emisión; es una autopista hacia el infinito y más cuando hay unas elecciones a la vista. Desde primera hora de la mañana comienza la infatigable jornada de uno de estos encargados de gestionar lo que un partido lanza en twitter o facebook. Es la campaña del # y de la @. Pero no sólo se trata de dar cancha al mensaje del jefe; también buscarle la cosquillas al contrario. Se entrecomillan las declaraciones más destacadas en los mítines y se replican las que consideran menos acertadas del rival. También se elaboran vídeos en los que se venden las conquistas propias y se reprochan los incumplimientos del rival. Para muestra, el montaje del PP extremeño sobre Andalucía o el que lanzó el PP-A a cuenta del caso ERE. A través de las redes sociales se difunden a la velocidad de la luz y alcanzan una difusión viral. Cualquiera de estos instrumentos tiene un alcance y una influencia infinitamente mayor que cualquier cartel que cuelgue de la farola de una avenida. El político y sus mensajes están sobreexpuestos. Ya han quedado atrás los tiempos en los que uno sólo veía los anuncios de campaña que se programaban en televisión a horas intempestivas de la madrugada y en los que aparecían partidos de los que casi nadie tenía conocimiento de su existencia. Este empacho tiene su lectura sociológica. Investigadores de la Universidad Carlos III publicaron el estudio Los efectos de las redes ciudadanas en la campaña electoral, en el que mantenían la tesis de que las nuevas tecnologías hacen que la ciudadanía se involucre más en la vida política: “Concretamente en la web social está revolucionando no sólo los medios sino también aquellos campos en los cuales la opinión pública ejerce un papel destacado, creando un entorno de debate en la Esfera Pública”, afirman. Otra de las lecturas que se puede hacer de este fenómeno es «que los gabinetes de campaña de los partidos políticos han tomado conciencia de un nuevo canal para poder mediar en un público poco ávido de las actividades políticas como son los jóvenes. Se trata de un perfil de ciudadano, difícil de movilizar con el sistema electoral tradicional, pero que sin embargo puede ejercer un papel decisivo en los resultados de las campañas electorales», recoge el estudio. Hasta aquí la vertiente profesional, pero más allá queda todo un mundo abierto a la imaginación y la creatividad del ciudadano de a pie. Su campaña electoral se basa en memes; montajes y caricaturas de quienes muestran una imagen desenfadada y cómica de los principales candidatos. Cualquier tropiezo o mala respuesta de uno de ellos es susceptible de ser caricaturizada. Las más populares también se convierten en fenómenos de masas en las redes sociales

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