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La experiencia del policía veterano

La Jefatura unifica por primera vez el acto de bienvenida a los nuevos agentes que llegan en prácticas y la entrega de diplomas a los jubilados el año pasado

el 07 ene 2010 / 20:51 h.

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"Lleváis toda una vida dedicada al servicio al ciudadano, especialmente a los más débiles, y hemos querido hacer coincidir esta de diplomas con la bienvenida a los nuevos alumnos, para que vean en vosotros el ejemplo a seguir", dijo el jefe de la Policía a la veintena de veteranos, de los casi 40 jubilados el año pasado, que se sentaron ante los 80 alumnos recién incorporados a sus primeras prácticas en Sevilla y Dos Hermanas. Es la primera vez que la Jefatura organiza de forma conjunta la despedida y la bienvenida de dos generaciones de policías.

Los que acudieron a recoger el diploma, todos hombres, llenaban dos filas. Tras ellos, hileras de jóvenes, muchas de ellas chicas, que ni siquiera vestirán el mismo uniforme de camisa blanca, corbata azul y placa metálica, sino modernos pantalones con bolsillos laterales y polos con la placa estampada, la nueva vestimenta que Interior ha empezado a distribuir este mes en Sevilla.

Además de ser puestos como ejemplo por el jefe superior y el delegado del Gobierno, más de un veterano se acercó a hablar con la nueva promoción: "Yo les he dicho a dos chicas que esta profesión es difícil y sacrificada, pero que esto es un cuerpo en el que si cumples no vas a tener problemas; sólo si no haces lo que debes. También les he dicho que hay que ser honesto". Andrés León ingresó en la Policía con 21 años y ayer dejó atrás 42 años en el cuerpo, la mayoría en el departamento de transmisiones, con un agradecimiento, un diploma y el mismo "sentimiento de pertenencia" al que el jefe superior aludió en su discurso.

Aunque tuvo suerte y pudo desarrollar toda su carrera en Sevilla, salvo cortas etapas en Madrid y Lérida, Andrés vivió "una época mucho más dura en la Policía, cuando era casi un cuerpo militar" y la disciplina era muy rígida. "Desde la Academia de Canillas, que era excesivamente rígida, no tenía sentido", recuerda. Era la época en la que, en Semana Santa, se trabajaban 24 horas, y en las siguientes que en teoría eran de libranza tenían que escoltar a las procesiones, para luego volver a trabajar 24 horas seguidas. "En una semana descansabas cuatro o cinco horas en días alternos". Andrés lamenta especialmente las horas que no dedicó a sus dos hijas por trabajar en días festivos, pero no se queja: "Es lo que elegí".

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