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La taberna Casa Máquina cumple 100 años

el 17 oct 2009 / 17:12 h.

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Ana Fernández continúa tras de la barra con la herencia familiar.

Cuatro generaciones de pileños y de una misma familia han logrado crear en el centro mismo de Pilas un lugar único, familiar, con solera, con el regusto de lo antiguo, de lo clásico, de todos. Este rincón es Casa Máquina, la taberna que ahora regentan Ana Fernández -bisnieta del fundador José Vázquez Moreno- y su marido, José Suárez.

"Mi bisabuelo abrió el negocio a principios de siglo, tras independizarse de su hermano que tenía una destilería, y entonces venían sobre todo los hombres que trabajaban en el campo, muy temprano por la mañana para tomar el aguardiente y también cuando volvían a casa del trabajo era su lugar de encuentro", relata Ana que con su memoria y con la de sus antepasados ha logrado impulsar toda una serie de actos para conmemorar la efeméride.

Entonces no era Casa Máquina, "el nombre lo toma de su yerno, Miguel Fernández -Miguel el de Venancio- que en los años 20 cogió la representación de las máquinas de coser Singer, de las que servía a Pilas y a las poblaciones limítrofes, y puso un expositor en una parte de la casa. La gente comenzó a llamarle Miguel las Máquinas y así se quedó el nombre hasta hoy".

Al entrar en la cervecería -"siempre Cruzcampo y de barril desde que lo pusieron"- el siglo, o al menos los más de 50 años desde que se hizo la obra se deja notar en el suelo, en sus muros, en la nevera de la pared y el gran mostrador en el que a diario se sirven cerveza, vino, vermut del Condado, refrescos y tapas frías: "aceituna, que es lo más típico de esta zona, altramuces, caballa, anchoas, mojama y chacina".

La obra y la transformación la hicieron el padre y el tío de Ana en los años 50, todavía con el abuelo Miguel, cuando tanta o más importancia que el bar tenía la bodega. "Mi abuelo compraba las uvas y hacía su propio vino, pero en los 50 todo cambia, con la llegada del frío industrial y de la cerveza de barril".

Ana, que estudió Magisterio, nunca pensó en encargarse de la taberna "mis hermanos sí ayudaban a mi padre José tras la barra, pero yo sólo entraba para coger alguna Coca-Cola", afirma, sin embargo cuando a principio de los 90 su padre estaba a punto de jubilarse, su marido la animó para que ambos se hicieran cargo del negocio familiar, "quién me lo iba a decir".

A lo largo de todos estos años la vida ha cambiado en el pueblo y en la taberna que ya no abre al amanecer para los hombres de campo, sino a la una de la tarde para ofrecerles una cerveza bien fría o una copa de vino a clientes y amigos de todas las edades, "cada vez más jóvenes", afirma Ana, aunque esto no significa que hayan dejado de ir los lugareños que lo llevan haciendo desde hace años. "Tenemos unos clientes tan fieles que si alguno falla sabemos que le ha pasado algo, además vienen siempre a la misma hora", destaca.

Y es que Casa Máquina presume de haber sido y ser un lugar de encuentro, con un clima bueno y agradable "y siempre manteniendo el respeto", afirma. Desde comienzos de año ha celebrado numerosos actos para lo que "agradezco la colaboración del Ayuntamiento y sobre todo del técnico de Cultura, Francisco Barragán", recalca Ana. Entre las actividades, una verbena y un libro realizado con la ayuda de clientes y amigos. Y un azulejo en la fachada que recuerda, y lo va a seguir haciendo, que Casa Máquina tiene 100 años "y esperamos celebrar 100 más".

 

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