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Las plumas vienen de Sudáfrica

China, Chile y Argentina surten también a la legión macarena para lucirse en la Madrugá tras el Señor de la Sentencia.

el 09 mar 2012 / 21:05 h.

Eustaquio Almansa, de la tienda Pamelas y tocados de Sanlúcar la Mayor, muestra las plumas para los armaos.
La lluvia en Sevilla es una maravilla siempre y cuando no fastidie toda una Semana Santa y se cargue las plumas de los armaos. Aunque Fernando Vaz, el flamante capitán de esta centuria le quita importancia -"Nos cayó sólo un chaparrón y se secaron rápido"-, muchos de sus soldados han decidido renovar el plumaje de los cascos para que luzcan "como debe ser", afirma Pepe Hidalgo, director de la Centuria, la banda de cornetas y tambores.

Aún no ha abierto la caja donde las guarda. No lo hará hasta el fin de semana del pregón, pero Hidalgo sabe que, si no le convencen, Lagares -por Manuel Lagares, armao y propietario de las tiendas Pampa en Sevilla-, se las traerá de Valencia en cuestión de días.
"Si se cuidan bien, las plumas pueden durar hasta siete u ocho años", explica el capitán. Esto depende de cada armao, pues "cada uno guarda las suyas". Y después de una mojada como la de la tarde del Jueves Santo, "basta con no tocarlas, dejarlas secarse al viento" para que recuperen su prestancia, aunque, eso sí, "pueden perder el tratamiento que se les aplica".

En la remodelación que Juan Manuel Rodríguez Ojeda le dio a la vestimenta de los armaos no estableció una medida exacta para estas plumas de avestruz que, en función del rango, lleva en distinto número cada armao: 21 el capitán, 19 el teniente, 17 el alférez, 11 los cabos y siete los soldados rasos. Así, "depende de la estética, el gusto y la estatura" del legionario, apunta el capitán. Oscila entre los 60 y los 80 centímetros. "Las plumas altas embellecen a la banda y a los armaos", reivindica el director de la Centuria.

Remesas del mundo. Tampoco hay un lugar establecido para comprarlas. "Antes las traía un nazareno suramericano. Traía por lo menos 500", pero ya han cambiado de surtidor. La mayoría acude a una tienda de Sanlúcar la Mayor especializada en tratar este producto para sus conocidos tocados y pamelas. Su propietario, Eustaquio Almansa, ha pedido ya 1.000 plumas para atender la demanda de los armaos, varias hermandades que llevan a romanos sobre sus pasos, y corporaciones del resto de España y Andalucía este año.

Estas plumas llegan desde Sudáfrica, China, Argentina o Chile, "depende del mercado, la calidad y la producción", explica el especialista. Y es que hasta la gripe aviar ha intervenido en esto: "Obligó a sacrificar muchas avestruces y ahora resulta más complicado conseguir las plumas". Pero de las mil plumas que recibe, ya tratadas, sólo son aprovechables el 20%, "unas 200 plumas como mucho", y, tras esta selección, "de las extras [que miden 75 centímetros] pueden salir 30 o 35. Éstas se pagan más caras".

Y de Valencia. Hidalgo y otros armaos y miembros de la Centuria recurren a Lagares que, a través de sus tiendas, las compra al por mayor a una empresa de Alicante dedicada a los vestuarios de espectáculos, de los moros y cristianos y, ahora, a las plumas de los armaos.

Manuel Lagares ya ha pedido este año 10 juegos. "El año pasado fueron 15, pero seguramente este año sean más". Aunque es para armaos rasos, cada juego es de 14 plumas, "para que se vean más esponjosas y bonitas". El truco está en que la propia empresa alicantina une las plumas a pares por el nervio, para que sean siete en total, pero abultan más. La pluma simple de unos 70 centímetros cuesta 12 euros; la doble, 25 euros.

También Eustaquio Almansa une las plumas: "Muchos las quieren más espesas. Y es verdad que se ven más bonitas. El efecto es diferente". Pero, además, al unir dos se le puede dar más altura y así las de 65 o 70 pueden llegar a los 75 centímetros. En Pamelas y Tocados, la pluma doble cuesta 10,5 euros.

Las plumas valencianas llevan un tratamiento previo que, básicamente, se trata de una pintura blanca. "Las plumas son naturales, de avestruz, pero las avestruces tienen las plumas más oscuras, y para que se vean tan blancas, las tiñen", detalla Lagares. Precisamente por este motivo, los armaos suelen renovarlas con más frecuencia, porque "pierden el color y es difícil recuperarlo". Las claves para conservarlas son: guardarlas en una caja plana, con poca luz y en papel secante. "Así pueden durar blancas blancas tres años. Después van perdiendo el color y se ponen amarillentas".

Las plumas que vende Eustaquio en lugar de teñidas están decoloradas, así corrigen "las vetas o manchas que puedan tener" y el blanco es más natural. También a él le llamaba la atención que los armaos renovaran con tanta frecuencia sus plumas cuando podrían conservarlas en perfecto estado varios años. Ya conoce el motivo: "Muchos las regalan o las entregan a la hermandad para sorteos o recuerdos".

Entre las exigencias de los armaos está también la caída de la pluma: "Pedimos tres que doblen hacia la derecha, otras tres a la izquierda y una recta, que es la que cae hacia atrás", confiesa Lagares. Otra cuestión es colocarlas: "Se han probado distintos mecanismos, pero al final lo que funciona es el palillo de dientes de toda la vida para lograr que encajen en el casquillo y que no se muevan". Así se prepara para una nueva Madrugá.

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